«El fútbol infantil y juvenil, empezó a matar parte de la esencia del juego»

Porque el fútbol infantil y juvenil moderno, muchas veces sin darse cuenta, empezó a matar parte de la esencia del juego Es el Director Técnico de las categorías juveniles de Ferro Carril. El segundo año consecutivo de un ciclo que no se empantana. Pero FRANCO JUNIOR ALIBERTI no se limita a ese tiempo de la práctica, porque es un sembrador de conceptos. Libre pensador, con la pelota en movimiento. Es cuestión de seguirle desde EL PUEBLO, la interpretación de los hechos. Y compartirlos.
«Cada vez escucho más seguido que ya no salen jugadores como antes. Que el futbolista sudamericano perdió técnica. Que ya no aparecen talentos diferentes. Y sinceramente creo que el problema muchas veces se analiza mal. Porque enseguida aparecen discusiones sobre metodologías, sistemas tácticos, preparaciones físicas, tecnología, GPS, análisis de video o estructuras de entrenamiento. Y yo no digo que nada de eso no sirva. El fútbol evolucionó muchísimo y sería muy necio negarlo. Pero creo que hay algo mucho más profundo que cambió.
Los niños dejaron de jugar. Y cuando digo jugar, hablo de jugar de verdad. No de entrenar. Yo tengo una imagen muy clara de mi infancia. A los cinco años mi padre me hizo un arco chiquito en el fondo de casa. No tendría más de 60 centímetros de alto y un metro de ancho. Era una pavada para cualquiera que lo mirara de afuera. Pero para mí era el Estadio Centenario, Wembley y el Maracaná todo junto.
Pasaba horas ahí. Le ponía redes. Armaba partidos imaginarios. Rebotaba la pelota contra una pared. Jugaba con pelotas de tenis, de goma, más grandes, más chicas. Controlaba, perfilaba y remataba una y otra vez sin darme cuenta de que estaba entrenando. Nadie me decía cómo perfilarme. Nadie me corregía la técnica de carrera. Nadie me armaba estaciones con conos.Solo jugaba… Y hoy estoy convencido de que gran parte de mi formación técnica nació ahí. En esa acumulación invisible de horas. Hay algo de la teoría de las 10 mil horas en eso. Esa teoría que, explicada de manera simple, plantea que cuando alguien acumula miles de horas en una tarea repetitiva termina desarrollando un dominio casi natural sobre ella. Claro, después íbamos al club dos o tres veces por semana. Pero además jugábamos en la calle, en el campito, en la escuela, en el patio de casa, en cualquier rincón donde entrara una pelota. Jugábamos solos muchas veces. Y eso era fundamental. El niño que juega solo desarrolla algo muy difícil de enseñar después. Desarrolla imaginación. Aprende a resolver problemas. Aprende a improvisar. Y repite naturalmente gestos técnicos miles de veces sin sentir que está trabajando. Y sobre todo desarrolla una relación afectiva con la pelota. Hoy veo muchos niños entrenados. Muy entrenados. Pero no siempre veo niños enamorados del juego. Y eso para mí es una diferencia enorme. Porque el fútbol infantil y juvenil moderno, muchas veces sin darse cuenta, empezó a matar parte de la esencia del juego queriendo profesionalizar todo demasiado temprano. Hoy hay niños de ocho o nueve años haciendo entrenamientos que parecen sesiones de futbolistas profesionales. Mucha pausa. Mucha explicación. Mucha corrección. Mucho ejercicio guiado. Mucho adulto interviniendo permanentemente. Y capaz que ejecutan perfecto un circuito técnico. Pero después les falta amor futbolístico. Les falta esa creatividad medio salvaje que aparecía cuando un niño pasaba cuatro horas resolviendo situaciones solo contra una pared. Les falta calle futbolística. Y no digo esto desde la nostalgia vacía de “antes era mejor”. Porque no lo era en todo. Ni cerca. La realidad cambió muchísimo. Hoy hay inseguridad. Hay menos espacios. Hay menos tiempo libre. Los niños viven hiperestimulados por las pantallas. Van a la escuela, tienen actividades y viven mucho más estructurados.
«El mundo digital compite de manera brutal contra la pelota»

Franco Junior Aliberti no cobija dudas. Más bien que la asevera, cuando expone que «el mundo digital compite de manera brutal contra la pelota». Al DT no le faltan puntualizaciones en esa dirección «Entonces el problema no es que el niño actual sea peor.
El problema es que llega con muchas menos horas de contacto real con el balón.
Y eso el fútbol todavía no lo terminó de entender. Muchas veces queremos fabricar en entrenamientos de 60 o 90 minutos lo que antes el niño acumulaba naturalmente durante años de juego libre. Hay cosas que simplemente no se pueden fabricar igual. Porque la técnica no es solamente un gesto mecánico. La técnica también tiene sensibilidad, intuición y creatividad. Y eso nace mucho mejor en el juego espontáneo.
Por eso cada vez aparecen menos jugadores distintos. Cada vez hay más futbolistas correctos. Más ordenados. Más físicos. Más preparados tácticamente. Pero menos imprevisibles.
Menos jugadores con esa naturalidad para resolver.
Menos futbolistas de esos que parecen haber crecido con una pelota pegada al cuerpo.
Y capaz que el desafío más grande del fútbol formativo en las etapas más tempranas, sobre todo entre los 6 y los 13 años, no sea agregar más información. Capaz que sea devolverle tiempo de juego al niño.
Dejarlo jugar más, interrumpir menos, dirigir menos. Corregir menos. Entender que un niño también aprende cuando parece que solamente se está divirtiendo.
Porque muchas veces, mientras un adulto piensa que un niño está “perdiendo el tiempo” en realidad está construyendo algo enorme. Está construyendo fútbol. Y a veces pienso algo más.
Quizás mi viejo, cuando me hizo aquel arco chiquito en el fondo de casa, nunca imaginó que estaba haciendo mucho más que un arco. Capaz que sin saberlo me estaba ayudando a construir una parte de mi futuro.
Divisional «B»: ¿Por qué ninguna recompensa para quien gana primera rueda?

-El azote de una interrogante que tiene validez, cuando la Divisional «B» bajó bandera de la primera rueda, con el primer puesto a manos de Hindú, mientras que ahora se viene la segunda rueda dividida en series. Al cabo de la misma (16 fechas en total), surgirá el primer ascenso. El campeón del Acumulado tiene ese derecho. Pero un hecho en la «B» no tendría que pasar de largo: al ganador de la primera rueda, no se le adjudica ninguna recompensa. Ningún premio a manera de puntaje en lo inmediato. Por ejemplo, que ingrese a la segunda rueda con uno, dos, o tres puntos. ¿De futuro no es posible? De lo que no hay dudas: ¡es campeón de rueda! Para ese campeón de rueda, ninguna valoración de hecho. Ninguna ventaja. Algunos delegados van apuntando en esa dirección en materia de futuro, variando el actual sistema de puntuación. Porque además implicaría una motivación real. Sería no solo ganar la primera rueda, sino incrementar la distancia de cara a la segunda rueda de la vital decisión. Hasta se trataría de una cuestión de estricta justicia. Premiar a quien propone más.






