Un nuevo taller participativo reunió a los beneficiarios del plan de relocalización en Salto, marcando el camino hacia una transformación profunda en sus condiciones de vida.



En la tarde del pasado jueves, el local escolar del barrio La Amarilla se transformó en un espacio de profunda emotividad, diálogo y proyección a futuro. En este lugar se llevó a cabo un nuevo taller participativo que convocó al grupo de 82 familias que se encuentran en pleno proceso de realojo hacia viviendas dignas, una instancia clave orientada a compartir experiencias, volcar expectativas y procesar colectivamente el impacto emocional de este trascendental cambio sociohabitacional.
Durante el desarrollo de la jornada, los testimonios de las participantes coincidieron de manera unánime en un sentimiento generalizado: la esperanza y la tranquilidad que infunde el dejar atrás largos años de arraigo en condiciones de extrema precariedad. El acceso a una infraestructura habitacional formal no solo representa el cumplimiento de un derecho básico, sino la apertura hacia un nuevo panorama de estabilidad y desarrollo familiar.
Historias de resiliencia y nuevos horizontes
Para muchas de las familias beneficiarias, este proyecto habitacional adquiere un valor que trasciende lo estrictamente material, vinculándose de forma directa con la salud y el bienestar integral de sus hijos. Es el caso de Ana Laura Vietro, de 41 años y madre de tres hijos, quien compartió visiblemente conmovida lo que este logro representa para su entorno más cercano.
Estoy muy contenta. Es una sorpresa enorme. La verdad que estoy muy feliz por mis hijos; es un logro que nunca en la vida se me cruzó por la mente. Es algo increíble, hermoso, un sueño en realidad. Hoy vivimos en un rancho precario y esto va a cambiar todo. Mi hijo va a tener su cuarto. Tengo un hijo autista y otro hijo con problemas de salud, y todos vamos a poder vivir mejor. Estamos muy contentos, es algo que no tiene explicación.
— Ana Laura Vietro (41 años)
El cambio de entorno físico impactará directamente en la cotidianidad diaria, eliminando barreras de accesibilidad y salubridad que dificultan el desarrollo óptimo de niños con requerimientos médicos especiales o neurodivergencias.
Infraestructura urbana y fin de la precariedad
Por otro lado, las nuevas viviendas suponen una solución definitiva a las severas deficiencias estructurales que caracterizan al asentamiento actual. Pamela Rosa, de 20 años, puso especial énfasis en los obstáculos logísticos y ambientales con los que conviven diariamente los vecinos de la zona y la expectativa que genera el inminente traslado.
Va a cambiar muchísimo. Acá tenemos complicaciones con los terrenos, las calles y los olores del saneamiento. Vamos a tener un buen terreno, en una buena zona, y las viviendas son hermosas. Las esperamos con ansias porque hace mucho tiempo venimos esperando esta oportunidad. Lo vivimos con una sonrisa, entendiendo que para muchas personas acceder a una vivienda es algo muy difícil de alcanzar”.
— Pamela Rosa (20 años)
El nuevo fraccionamiento no solo otorgará edificaciones seguras y estéticamente cuidadas, sino que además brindará acceso regular a servicios básicos esenciales, calles acondicionadas y un entorno ambientalmente sostenible, revirtiendo la histórica exclusión del territorio.
Acompañamiento institucional y redistribución de oportunidades
El impacto económico del realojo es otro pilar fundamental. Al consolidar la estabilidad habitacional, las familias logran liberar recursos económicos, temporales y emocionales que antes debían destinarse a mitigar la precariedad de la emergencia. Zulma Monzón, de 36 años, precisó que esta vivienda les otorgará el margen necesario para priorizar el soporte médico de su hijo, Nacho.
Esta nueva oportunidad no solo nos permite tener una casa propia, sino también poder afrontar terapias, viajes y asistencia para Nacho. Tener la casa es esencial para nosotros y sabemos lo difícil que es llegar a la vivienda propia, incluso trabajando muchísimo. Desde que presentamos nuestra situación, el equipo de Vivienda y Hábitat siempre estuvo preocupado y buscando alternativas para nosotros. Hoy estamos llegando a este momento tan esperado.
— Zulma Monzón (36 años)
El Proyecto en Cifras y Enfoque Social
El plan de realojo del asentamiento La Amarilla abarca a un total de 82 familias. Lejos de limitarse a una simple entrega de llaves, el programa implementado por el Gobierno de Salto destaca por su matriz de acompañamiento social continuo, utilizando talleres e instancias colectivas como herramientas de empoderamiento, convivencia ciudadana y adaptación para garantizar un entorno comunitario digno y equitativo.
A través de este abordaje integral y participativo, el proceso avanza firmemente hacia su etapa de concreción, demostrando que las políticas de vivienda resultan verdaderamente eficaces cuando sitúan en el centro a las personas, sus historias de vida y su dignidad.






