—¿Me da un surtido de humor? —preguntó un lector esta mañana, mientras compraba el diario.
La vendedora, sin levantar demasiado la vista, respondió con una sonrisa cómplice:
—Le recomiendo la contratapa. Si viene con ganas de reírse un poco, ahí siempre encontrará algo.
Y tenía razón.

El humor ha sido —y es— una de las maneras de decir verdades sin necesidad de levantar la voz. La risa, al fin y al cabo, no es un escape de la realidad, sino una manera elegante de sobrevivir a ella.
Dribleando como Lamine Yamal por la punta, esquivando como Mbappé, a la carrera, gambeteando como Messi y con la de golpes y porrazos del cine mudo que tan bien le salió a Muslera en el Mundial, proponemos un pequeño recreo para el espíritu. No pretende cambiar el mundo, pero sí despertar unas sonrisas.
“LOS DEL FUTURO QUE CUENTEN COMO FUE”
La máquina del tiempo funciona a las mil maravillas. De repente, sin mucho esfuerzo, nos encontramos unos cuantos millones de años más adelante. Y, con los cambios sociales, se producen cambios en la forma de la Tierra, por ejemplo, que un supercontinente se tragó al mar Caribe.
Al parecer, dicen los que saben, que los de la Universidad de Yale previnieron que América y Eurasia se chocarían en el Polo Norte 50 o 200 millones de años más adelante, y se tortearon nomás.
Chapa y pintura para el mundo, y ya que el globo terráqueo estaba en el taller, al parecer le pusieron el tornillo que le faltaba. Los científicos también dijeron que África y Australia se unirían, con lo cual se juntarían todos los continentes en uno, que han llamado Pangea, por primera vez en 300 millones de años, y se juntaron nomás.
Con lo cual se hizo más que engorrosa la cosa para todo, porque Mercosur, OEA, Europa y los continentes ya no servían, ni la OTAN, ni la ESTÁN, ni nada, porque estábamos pegados, todo lo que se dice tierra, juntos, y todo lo que se dice mar, igual.
Lo que fue organizar la serie de los mundiales, las eliminatorias. Diga que nosotros seguimos estando al lado de Argentina y Brasil, para traer cosas del otro lado cuando ellos devalúan, pero en fútbol nos siguen ganando. También se dice que desapareció el río Uruguay, y el Río de la Plata es apenas un sangrador.
Nosotros, por esas raras cosas de la tecnología, por el camino de las proyecciones, de las teorías y los cablecitos de diferentes colores que cumplen funciones, decíamos que las cosas se iban a dar de esta manera; fue dicho antes y comprobado, hoy, con el diario de El Lunes…
Se cumplió lo que Mujica decía hace cincuenta millones de años: que vamos a estar más unidos con los argentinos. Ya a esa altura por lo menos diez mundiales organizamos juntos, los campeonatos se hacen de AFA-AUF, y somos una sola selección: la mitad de la camiseta albiceleste, la otra mitad solo celeste. La garra charrúa será rioplatense y los descendientes de Forlán jugarán en el mismo equipo que los descendientes de Messi, facilitando las críticas, ahora, de la prensa en general, quejándose de que los Messi nunca cantan la cumparsita, es decir, el Himno del Río de la Plata, y los Forlanes tampoco.
El Partido Independiente, por dos milenios consecutivos, gobernó a nuestro país y abundan los datos sobre el prócer Pablo Mieres.
Los concursos de murgas dejaron de hacerse en el Teatro de Verano de Montevideo, que solo se usa para la Prueba de Admisión; la primera ronda se hace en la cancha de River en Buenos Aires, la segunda ronda en el Estadio Nacional de Chile y la liguilla que da el título se hace en el Maracaná de Río de Janeiro.
El candombe se escucha en todo el mundo y se baila en todo el sistema planetario. La yerba que se usa en las mateadas es sintética, con esencia de carne se hacen los asados, que en lugar de leña se encienden con tronquitos de rayos láser.
La Quiniela y el 5 de Oro mantienen su antigua modalidad de juego y el Tannat se transformó en el licor de los dioses.
Como cada milenio, los blancos se pelean entre sí, los frentistas otro tanto y los colorados peregrinan a la vieja casa del partido, Santuario de San Guinetti.
Peñarol y Nacional siguen discutiendo por el decanato y Ferro Carril dejó de jugar cinco milenios para ver si algún club en Salto lo alcanzaba en los títulos. No, les sigue llevando como cien copas al que está más cerca.
En el Bagashopping, ahora se venden cosas traídas de Plutón y también de Ganímedes. Los atardeceres de Salto siguen siendo los mejores y los lugareños se van a la costanera norte del Arapey a tomar mate y a ver los autillos voladores que pasan…
UNA COSITA DE NADA…
Para qué les voy a mentir, me pasó una cosita de nada. Claro que, unidas con otras… da una cosa de algo, ¿me entiende?
Vino una chica que me preguntó para una encuesta que estaba haciendo con quién iba a fumar mi primer cigarrillo en carnaval. Como ya tenía uno encendido, y la encuestadora era hermosa, anatómicamente hablando, le dije:
—Si no se ofende, mientras hablo con usted…
—Perdone, pero yo no fumo en horas de trabajo…
Y se marchó.
Ni tiempo a preguntarle en dónde salía la encuesta.
La vi irse, movilizándose como en una scola do samba, entrecerré los ojos, me imaginé cosas y así, en ese ensueño, me dormí. Cuando me desperté, ardía el pasto de la plaza, los bancos de madera y hasta los cubos que rodeaban la fuente. Como quien no quiere la cosa, chiflando con disimulo, me alejé; pasé entre los bomberos que llegaban presurosos al lugar…
—¿El incendio? Me parece que es por allá —le dije al bombero que me preguntó—. ¡Siga el resplandor, ya va a encontrar el calorcito…!
—¡Qué barbaridad, cómo está la gente de imprudente hoy en día! —agregué, mientras pasaba a mi lado el último de los soldados del fuego.
Por mirar a los bomberos correr, caminar hacia atrás y avanzar de espaldas, al darme vuelta me topé con un gran cuadro de un pintor paisajista. Tiré pintura, caballete, aplasté pomos y me embarré las manos con el lodo del arroyito, con tanta mala suerte que, al intentar pararme, apoyé mis manos en la tela de aquel artista, que para nada agradeció mi aporte a su obra.
Fuera de sí, como un reactor nuclear contaminando el aire con tantas malas palabras en una gran fusión radioactiva, me mandó saludos para mamá, la abuela y mi tatarabuela, con un énfasis pocas veces escuchado.
De rabia, ante la situación creada, en la vereda de la plaza “pateé” una piedra con toda mi fuerza, con una potencia que ni Suárez, Haaland y Hakimi juntos. Yo no sé si fue un golazo o no; lo que sí puedo decir es que estalló en el medio de una vidriera inmensa de una tienda, y de la manera en que salieron los empleados y los dueños, tomándose la cabeza, me di cuenta de que era inatajable para cualquier arquero…
Pero no todos son comprensivos en este mundo, porque dependientes y patrones salieron detrás de mí con ganas, no solo de anularme el gol, sino con ganas de pegarme sin pelota. Por suerte siempre piqué bien y, a fuerza de velocidad y empuje, me fui calle arriba, llegando a la transitada esquina de la avenida. Como un verdadero daltónico, porque no vi el semáforo en rojo ni los autos que pasaban acelerados en esos momentos, crucé y, por desviarse para no atropellarme, entre frenadas y esquives se ensartaron entre sí, y el pobre semáforo quedó hecho un ocho, y ocho también fueron los autos que alcancé a contar que se hicieron chante y cope…
Yo sé que a veces pienso que la gente no tolera muchas cosas por estos días. Cansado, me apoyé en la escalera de un limpia-ventana, y el tipo se cayó desde el segundo piso. Lo fui a levantar y, al querer parar la escalera, se me cayó encima de un gordo que estaba comiendo un pancho en la esquina. De la sorpresa, el pobre gordo se tragó el pancho y quedó con los bigotes amarillos de mostaza.
Paso frente a la casa de la vecina y veo al pobre Chichoncito, el pibe de año y medio que la madre acostaba y el nene soñaba y se caía de la cama; como diez veces se había caído ya ese día y, en días anteriores, otro tanto. En el barrio lo conocíamos como “Chichoncito”, al Santiago. La doña me salió corriendo con un paraguas diciendo que yo lo había ojeado; tanta mala suerte tuvo mi perseguidora que se cayó en una cuneta. El marido la fue a rescatar y un perro, que le tenía rabia, le salió al cruce y le mordió una nalga.
Me fui para mi casa, a mirar televisión. Yo no sé, la gente se calienta siempre conmigo por una cosita de nada, ¿no?…






