El patrimonio no puede seguir esperando

En Salto hay buenas noticias que conviene reconocer. La recuperación de espacios culturales comienza a mostrar resultados y existe voluntad de volver a colocar el patrimonio en la agenda pública.

El director de Cultura, Pablo Bonet, ha planteado recuperar infraestructuras después de períodos de abandono y vincular esa tarea con el turismo. Al reabrirse el Ateneo dejó una definición que debería convertirse en política de Estado: “No es una obra de una administración o de otra; es una obra de Salto”.

Esa es, precisamente, la cuestión.

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Salto posee uno de los conjuntos patrimoniales más importantes del interior: teatros, palacios, áreas portuarias y ferroviarias, obras de Eladio Dieste y el extraordinario Cementerio Central.

No son solamente patrimonio de Salto. Son patrimonio del Uruguay.

Entre esos bienes está el Palacio de Oficinas Públicas, obra de Juan Veltroni y Monumento Histórico Nacional. Desde hace años necesita importantes refacciones. Hay diagnósticos y preocupación. Lo que no aparece es el dinero.

La Rendición de Cuentas 2025 plantea una contradicción difícil de ignorar.

La Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación contó con 81,7 millones de pesos y ejecutó 55,8 millones. Dejó sin utilizar casi 26 millones: uno de cada tres pesos disponibles.

A la vez, el crédito para restauración de monumentos, previsto inicialmente en más de 6 millones, terminó reducido a 2,87 millones.

Esto no significa que esos 26 millones pudieran trasladarse automáticamente al Palacio de Oficinas Públicas. Los presupuestos tienen destinos específicos. Pero la fotografía es difícil de defender: el organismo nacional encargado de proteger nuestro patrimonio ejecutó apenas el 68 % de su presupuesto, mientras edificios de importancia nacional siguen esperando.

Mientras tanto, en Salto se intenta hacer. Se recupera el Ateneo, se interviene el Museo Edmundo Prati y se reactivan espacios postergados. Ese camino debe ser acompañado.

Pero una Intendencia no puede cargar sola con la conservación del patrimonio nacional.

Declarar un Monumento Histórico Nacional debería significar algo más que colocar una placa y establecer restricciones. Debería implicar una responsabilidad efectiva del Estado para conservarlo.

Porque el patrimonio rara vez desaparece de golpe. Se pierde lentamente: una filtración, una cornisa, una abertura, una obra que se posterga. Después pasa otro invierno. Y otro.

La pregunta ya no es cuánto patrimonio tenemos. La pregunta es cuánto estamos dispuestos a perder mientras esperamos.

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