
La reedición de Los últimos geranios, de Nidia di Giorgio, devuelve a las librerías una obra clave de la narrativa del litoral y reabre, al mismo tiempo, una conversación largamente postergada: la de una autora cuya voz, íntima y persistente, supo construirse más allá de cualquier linaje literario. Publicado originalmente en 1990 y ahora recuperado por Estuario Editora, el libro vuelve a circular como una pieza necesaria para comprender no solo una sensibilidad, sino también una forma de mirar el mundo.
La literatura del norte uruguayo celebra así un regreso que es, en rigor, un acto de justicia cultural. Durante años, Los últimos geranios tuvo una circulación limitada, casi secreta, como si dialogara en voz baja con sus lectores. Hoy, su reaparición permite redescubrir una escritura que trabaja con los materiales más frágiles —la memoria, la infancia, los objetos cotidianos— para convertirlos en una experiencia de revelación.
POR ESAS RAMAS DEL ARTE
Nacida en Salto en 1937, Nidia di Giorgio ha desarrollado una trayectoria tan diversa como silenciosa: profesora de italiano, actriz de teatro independiente formando parte de compañias en Salto y Montevideo. Integró elencos locales como “Decir”, “Pigmalión” y “Ciudad de Salto”. En Montevideo “Teatro Uno”, 3Teatro 13” y “Teatro Hoy”. Hizo radioteatro en Salto, en Radio Cultural, con Arturo Fontalba y en Montevideo junto a la actriz Renee Azar en radio Centenario.
La GUARDIANA Y LA CREADORA

Fue durante décadas, una figura clave en la preservación y difusión de la obra de su hermana, Marosa di Giorgio.
Sin embargo, reducir su escritura a ese vínculo sería un error de lectura. Si algo distingue a Nidia es, precisamente, su capacidad de sostener una poética propia, donde la evocación no es nostalgia sino una forma de conocimiento.
En Los últimos geranios, esa poética se despliega a través de relatos breves que reconstruyen escenas mínimas: patios, conversaciones, gestos familiares, instantes suspendidos en una temporalidad difusa. No hay en ellos un afán de espectacularidad, sino una atención delicada a lo que suele pasar desapercibido. Como si cada objeto —una planta, una mesa, una sombra al caer la tarde— guardara una memoria secreta que solo la escritura puede despertar.
En este sentido, la obra de Nidia se ubica en una zona singular del imaginario salteño. Si en la literatura de Marosa lo natural se desborda hacia lo mítico y lo sagrado, en Nidia la naturaleza se repliega en la intimidad de la experiencia. No hay aquí epifanías deslumbrantes, sino una penumbra doméstica, una luz de lámpara que acompaña al lector mientras la noche —esa noche tan presente en libros como Josephine la nuit— empieza a poblarse de presencias familiares.
Esa diferencia no implica ruptura, sino más bien un diálogo silencioso entre dos formas de entender la literatura. Ambas comparten un mismo origen —el jardín, la infancia, la devoción por la belleza—, pero divergen en su modo de habitarlo. Donde una expande, la otra concentra; donde una irrumpe, la otra susurra.
LO BREVE Y LO PROFUNDO
Nidia se revela así como una orfebre de lo sutil, una escritora que encuentra en la brevedad y en la depuración una vía hacia lo profundo.
Su universo narrativo podría pensarse a partir de tres ejes persistentes: la casa como territorio íntimo, donde los objetos adquieren una densidad afectiva; la noche como espacio de reflexión y de diálogo con los fantasmas del pasado; y una prosa contenida, casi minimalista, que confía en el poder del silencio tanto como en el de la palabra. Su escritura propone una ética de la atención.
LAS VOCES QUE SE DEBEN OÍR
La reedición impulsada por Estuario Editora se inscribe, además, en un movimiento más amplio de recuperación de autoras fundamentales de la literatura uruguaya que, por diversas razones, quedaron relegadas del circuito editorial contemporáneo. En ese marco, el regreso de Los últimos geranios no es solo un acontecimiento literario, sino también un gesto político en el campo cultural: volver a leer para volver a situar.
A lo largo de los años, Nidia ha consolidado una obra coherente y persistente, con títulos como Aquella margarita que escribió mi nombre (2012), Una fina lengua de olvido (2017) o El nido de los abuelos (2022), donde continúa explorando esa zona de intersección entre memoria y lenguaje. Sin estridencias, su escritura ha sabido construir una identidad que rehúye tanto del ruido como del olvido.

UN GERANIO QUE MIRA AL HORIZONTE
Leer hoy Los últimos geranios es, en definitiva, entrar en una forma de percepción. En un presente atravesado por la velocidad y la saturación, la literatura de Nidia di Giorgio propone una pausa, una respiración distinta. Allí donde parece no haber nada —un jardín, una tarde cualquiera, una flor que resiste— aparece una intensidad secreta.
Tal vez por eso su obra perdura. Porque no busca deslumbrar, sino permanecer. Porque entiende que lo extraordinario no siempre irrumpe, sino que a veces se esconde en lo más cercano. Y porque, como los geranios que dan nombre al libro, su escritura florece en lo cotidiano, discreta pero firme, sosteniendo en silencio el misterio del mundo.
FRAGMENTO DE UN POEMA
“Sueño”
“Sueño que estoy en un jardín,
las flores me hablan en voz baja,
y el viento trae nombres olvidados.
Todo parece tan cercano,
como si la memoria fuera un río
que nunca deja de pasar.”
Este breve texto condensa varios rasgos de su escritura: El jardín como espacio simbólico, donde lo natural se convierte en interlocutor. La memoria como río, metáfora que une lo íntimo con lo universal. El tono onírico, que acerca su obra a lo críptico y lo contemplativo.
Nidia Di Giorgio se mueve en esa frontera entre lo cotidiano y lo misterioso, con un lirismo que dialoga con la tradición uruguaya y con la impronta de su hermana Marosa, pero con una voz propia, más recogida y meditativa.
Y Volvemos a decir como al comienzo, lo bueno que resulta la reedición de un libro como Los últimos geranios, que nos permite abrevar el mundo de Nidia, también de brindarle la oportunidad a las nuevas generaciones de lectores y creadores que pueden leer a alguien que no ha sido tan difundida en su momento, pero, su obra, de gran valor, queda al alcance de la mano para disfrutarla como se merece.




