
Dr. Enzo Molina Franchini
Presidente
Junta Departamental de Salto(CORE)
No es la primera vez que planteamos las dificultades que enfrenta el norte del país en materia de descentralización. Y seguramente no será la última. Pero insistir no es repetir por repetir: es asumir una responsabilidad frente a una situación que sigue presente y que se siente todos los días en el territorio.
Quienes vivimos y trabajamos en el norte sabemos que la descentralización no es un eslogan. Es una necesidad concreta. Las distancias, la menor densidad poblacional, economías regionales más inestables y una infraestructura que arrastra años de postergación no son datos teóricos: son parte de la realidad con la que convive nuestra gente. Por eso hablar de políticas diferenciadas no es pedir privilegios. Es hablar de justicia territorial. Cuando las decisiones nacionales ignoran estas diferencias, lo que se consolida no es igualdad, sino desigualdad territorial.
Y esto no lo decimos desde un escritorio. Lo vemos en cada gestión, en cada reclamo, en cada trámite que se vuelve más difícil de lo que debería ser simplemente por la ubicación geográfica. La descentralización no puede limitarse a mover oficinas o delegar funciones administrativas. Tiene que ver con oportunidades reales, inversión sostenida y capacidad efectiva de decisión en los territorios. Sin eso, el interior sigue dependiendo de centros donde muchas veces no se dimensiona lo que ocurre fuera de la capital.
Los gobiernos departamentales somos la primera puerta a la que golpea la ciudadanía. Somos quienes recibimos demandas que exceden nuestras competencias, pero que no podemos ignorar. Esa cercanía con la realidad obliga a insistir. No por confrontar, sino porque la experiencia diaria demuestra que la justicia territorial todavía es una meta pendiente.
El norte tiene capacidad productiva, talento humano y voluntad de crecer. Lo que falta es un marco nacional que entienda que tratar igual a territorios desiguales no corrige brechas: las profundiza. Descentralizar no debilita al país. Lo fortalece.
Insistir en este planteo es, en definitiva, una forma de proyectar futuro. Un país más equilibrado territorialmente es un país más justo y más sólido.








