Columnas De Opinión
Dr. Ignacio Supparo
Dr. Ignacio Supparo
Ignacio Supparo Teixeira nace en Salto, URUGUAY, en 1979. Se graduó en la carrera de Ciencias Sociales y Derecho (abogado) en el año 2005 en la Universidad de la República. Sus experiencias personales y profesionales han influido profundamente en su obra, y esto se refleja en el análisis crítico de las cuestiones diarias, con un enfoque particular en el Estado y en el sistema político en general, como forma de tener una mejor sociedad.

El Estado como destructor de la familia

Columna de opinión sobre el rol del Estado y su impacto en la familia, con una mirada crítica sobre políticas públicas, educación, impuestos y valores sociales.

No existe tal cosa como la sociedad. Hay hombres y mujeres individuales, y hay familias.” 

Margaret Thatcher

La Constitución establece con claridad que la familia es la base de la sociedad y que el Estado debe protegerla y garantizar su estabilidad. Sin embargo, entre ese mandato y la realidad cotidiana existe una brecha cada vez más evidente.

En los hechos, numerosas leyes y políticas públicas van en sentido contrario: lejos de fortalecer a la familia, terminan debilitándola, sustituyéndola o erosionando sus funciones esenciales.

Esto plantea la siguiente pregunta: ¿se ha convertido el Estado en un factor de disolución de la familia?

La respuesta es, sin duda, afirmativa. A medida que el Estado crece y expande su ámbito de acción, las familias pierden espacio, autonomía y protagonismo. Esta relación no es casual: distintos indicadores muestran una preocupante disminución en la conformación y estabilidad de los núcleos familiares, al mismo tiempo que se registra un incremento sostenido de estructuras burocráticas. Así, mientras la familia se debilita como institución central de la sociedad, el aparato estatal avanza ocupando funciones que antes le eran propias. El nuevo sentido de familia parece estar ligado a oficinas burocráticas.

El Estado es el principal enemigo de la familia natural, y aquí te ofrezco diez ejemplos que ilustran con claridad cómo determinadas políticas y enfoques estatales impactan —directa o indirectamente— en la estructura, la estabilidad y el sentido de la familia.

PRIMERO: Eliminando a sus miembros y elevando ese acto a la categoría de “derecho” y “salud”: antes del nacimiento, a través del aborto; y en etapas posteriores de la vida, mediante la eutanasia, lo que implica una profunda controversia sobre el valor y la protección de la vida humana en el seno de la sociedad.

SEGUNDO: Haciéndole perder toda referencia cuando el Estado impone a todas las familias una ideología de género, relativista y hedonista, completamente contraria a la naturaleza humana, sin respaldo en la ciencia y en contra de la biología. De esta forma el Estado hace perder a las familias toda identidad y, de paso, destruye la inocencia de nuestros hijos.

TERCERO: Diluyendo la institución familiar al equiparar todo tipo de uniones —sean pasajeras o estables— bajo un mismo concepto, sosteniendo que todas son equivalentes y lo mismo. Y recientemente aprobando una ley en la que los apellidos se pueden intercambiar, lo que no solo hace perder identidad sino que puede derivar en conflictos familiares. Igualar lo desigual es hacerle perder valor a la única institución de la sociedad que entrega lo más preciado y lo más valioso para la sobrevivencia de una sociedad: los hijos. Esto implica desdibujar el valor específico de la familia basada en la complementariedad de padre y madre, orientada a la procreación y crianza de los hijos, generando así una percepción de devaluación de ese modelo.

CUARTO: Convirtiendo al Estado en proveedor casi exclusivo y desplazando funciones que históricamente corresponden a la familia, supliendo el rol de la familia por una creciente burocracia que asume áreas como la seguridad social, las pensiones o la salud. Esto debilita los lazos de solidaridad intergeneracional y genera una pregunta inquietante: si el sustento en la vejez queda garantizado por el sistema, ¿qué lugar ocupa entonces el rol de los hijos dentro del proyecto familiar?

QUINTO: Generando un elevado costo de vida, fruto del peso y diseño del Estado de bienestar, que impacta directamente en las decisiones familiares. En este contexto, no son pocos quienes postergan o renuncian a tener hijos ante la percepción de no poder afrontar los costos materiales que implica su crianza.

SEXTO: Promoviendo desde el Estado organizaciones de feministas radicales del género que son enemigas de la familia y promueven una visión confrontativa entre el hombre y la mujer, mostrando la maternidad y el matrimonio como sinónimo de opresión patriarcal, y donde gestar un hijo es un síntoma de esclavitud. Organizaciones cuyo fin es destruir al hombre, dedicadas a construir relatos de abusos y violencia, que luego concretan en denuncias falsas, que destruyen la vida de uno de los miembros de la familia y, de paso, deja hijos huérfanos de padre.

SEPTIMO: Se promueve la cultura de la dependencia en la que se enfatizan los derechos por sobre los deberes, debilitando valores como el mérito, la responsabilidad individual y la cultura del esfuerzo, pilares fundamentales para el desarrollo autónomo de las personas y la solidez de las familias.

OCTAVO: Empobreciendo a las familias a través de una elevada carga impositiva y un alto costo del Estado que reduce significativamente el fruto de su trabajo. Cuando los ingresos del hogar se ven limitados, disminuyen también las posibilidades de proyectar, crecer y sostener una familia. Así, el Estado no solo restringe la autonomía económica, sino que además intenta reemplazar, con esos mismos recursos, funciones que originalmente pertenecen al ámbito familiar.

NOVENO: Debilitando la autoridad de los padres cuando el Estado asume un rol predominante en la formación de los hijos dentro del ámbito educativo. Un adoctrinamiento que se traduce en una intromisión en contenidos y valores que tradicionalmente correspondían al hogar, lo que desplaza a la familia como principal referente educativo y formativo.

DECIMO: Facilitando la disolución del vínculo matrimonial mediante mecanismos cada vez más ágiles, como los divorcios exprés o unilaterales sin causa. Hoy es más simple disolver una unión primordial de la sociedad, que abarca hijos y todo un entramado sustancial, que terminar y rescindir un contrato de alquiler. Claramente, eso transmite la idea de que el compromiso matrimonial tiene poco valor institucional.

Estas son solo algunas de las múltiples formas en que un Estado sobredimensionado destruye la estructura familiar.

La familia es una institución que produce terror entre los poderosos. Es difícil de corromper, ofrece más seguridad que el estado, otorga una identidad y algo que nos trasciende, pero también nos puede dar un mayor grado de autonomía.

La identidad, las vivencias, las raíces y los recuerdos de un ser humano no proviene del Estado ni de los burócratas, sino de las familia fuertes y constituidas. Por eso la familia es la institución más importante que nos blinda del poder, y es por ese mismo motivo que el poder la quiere destruir.

Para resumir, si queremos hacer frente a un Estado cada vez más creciente, invasivo y opresor, nuestra principal arma son nuestras familias.

Hoy en día defender la familia, el matrimonio y la maternidad es un acto de rebelión, es defender la base misma de una sociedad sana, próspera y verdaderamente libre.

Sin familia no hay futuro.

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