«El ciclismo uruguayo era el ciclismo de Salto»

Julio Gómez. Las dos ruedas en el alma y la ingratitud en la vereda

Hay hombres que llevan el deporte en la sangre no como un pasatiempo, sino como un destino. Julio Gómez es uno de ellos. Ciclista de mil batallas en las Vueltas del Uruguay y Rutas de América, director técnico de pizarrón y asfalto, y por sobre todas las cosas, un pasional de las dos ruedas. Hoy, con la perspectiva que dan los años y la experiencia acumulada tanto en rutas nacionales como internacionales, Julio alza la voz para mirar un presente que le duele y para desnudar las carencias de un ciclismo salteño que parece haber extraviado la brújula y la memoria.


LA ERA DE LA JERARQUÍA PERDIDA
Para Gómez, el diagnóstico actual del ciclismo local es severo pero incuestionable: la ausencia de corredores de élite en los últimos años es el síntoma de un vacío profundo.
«El ciclismo uruguayo era el ciclismo de Salto», evoca con justa nostalgia.
No es una exageración del recuerdo; es un dato de la historia. Hubo un tiempo en que este suelo cobijaba a un pelotón de «16 corredores salteños de primera línea. Cualquiera de ellos, sin distinción, tenía el nivel y la jerarquía para alcanzar resonancia tanto a nivel nacional como en fronteras extranjeras. Salto era sinónimo de potencia, de estrategia y de podio. Hoy, ese eco se ha ido apagando».

A este panorama deportivo debilitado se le suman lógicas actuales que Julio no duda en calificar como absurdas. El aspecto económico se ha vuelto una barrera infranqueable para el desarrollo del pedal.

EL COSTO DE CORRER
Con EL PUEBLO para escuchar, Julio para hilvanar conceptos. Sabe de qué se trata lo que trata. «Resulta inadmisible que a los ciclistas se les cobre para participar de una competencia. Inscripciones que alcanzan los $5.000 por carrera transforman a la disciplina en un circuito elitista y caro, asfixiando tanto a los atletas como a los clubes de barrio que históricamente han sido el semillero de este deporte».
La infraestructura es otra de las grandes deudas pendientes que desvelan al exdirector técnico. La necesidad de una pista de ciclismo en Salto sigue siendo una utopía postergada.
El lugar geográfico ideal está marcado desde hace tiempo: la zona del Parque Harriague, bien al costado de la cancha de Almagro. Allí, casi como un monumento a la desidia, descansa una piedra fundamental que alguna vez pretendió ser el punto de partida de la obra. «Vaya a saber por qué razón nunca se concretó», reflexiona Julio, desalentado ante un presente que no ofrece respuestas ni espacios de contención para las nuevas generaciones.
Pero el dolor de Julio no solo pasa por el cemento que falta o las ruedas que no giran; pasa por el factor humano. 

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Con una trayectoria internacional que lo avala y un conocimiento que bien podría moldear el futuro de los jóvenes, la llamada nunca llegó:
«En todo este tiempo, nunca nadie me vino a invitar para dar una charla a jóvenes ciclistas. Todos me conocen, saben de mi trayectoria y lo que le he aportado al ciclismo, pero a ese nivel he sido un olvidado».


El corazón, la soledad y la desmemoria de Lazareto

El presente también le plantea a Julio una batalla en el plano personal. Los últimos meses han sido complejos para su salud; el corazón lo tuvo a mal traer y el quebranto físico se asocia al presente. Es su pelea en el día a día. Frente a esto, y a una soledad que no oculta pero que enfrenta con hidalguía, intenta responder con la mejor disposición anímica posible.

La resistencia, después de todo, se aprende en la ruta.
En esa línea de balances y vivencias, emerge el recuerdo de su paso como dirigente por Lazareto Fútbol Club. Julio fue uno de los visionarios que impulsó un cambio profundo en la imagen deportiva e institucional de la entidad. Sin embargo, la historia de los clubes a veces se escribe con la tinta de la ingratitud.


Recuerda que «tiempo atrás, la institución homenajeó a 30 personalidades vinculadas a su historia. En esa extensa lista, el nombre de Julio Gómez no apareció. Es allí donde se hace necesario marcar la dualidad de las dirigencias actuales. Así como existen directivos válidos y comprometidos, también aquellos que comulgan con la desmemoria, olvidando rescatar e integrar a quienes entregaron su tiempo y su esfuerzo en favor del crecimiento de los clubes».
Julio Gómez sigue estando ahí, con el corazón golpeado pero el espíritu intacto, custodiando un legado que Salto no debería permitirse olvidar. Porque para saber hacia dónde va el ciclismo, primero hay que escuchar a quienes supieron llevarlo a lo más alto. En aquel tiempo, Julio tuvo demasiado que ver. Demasiado.


Otro tiempo, aquel tiempo….

Cuando JULIO GÓMEZ evoca algunas décadas atrás (no tantas), en que el ciclismo salteño impactaba por el fenómeno que era capaz de producir. Todo lo que implicó el CODECAM (Consejo de Categorías Menores) y el sostenimiento de una generación lujosa. Tan solo entre otros, Federico Moreira, Pedro Paíz, Waldemar Dominguez, Jorge Acosta, José Huvatt, Elbio «Ruso» Cincunegui, Jorge Soto, Mariano De Fino, Agustín y Mauricio Moreira (más aquí en el tiempo), Miguel Direna, Gerardo Romero…tan solo a manera de rescates. Ese ayer se quedó en el ayer. Y no ha vuelto.

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