Columnas De Opinión

El arte de leer con el cuerpo y habitar los libros:

Malia Ferrer propone leer con el cuerpo y el asombro, uniendo literatura, naturaleza y compromiso desde una editorial que celebra la vida.


Hoy les voy a presentar a una GRAN mujer, (las mayúsculas son necesarias) esta columna me quedo corta y me fue difícil seleccionar lo que aquí les cuento.

Ella Malia Ferrer —escritora, editora y fundadora de Libros que aman la vida.—

En la conversación me hizo , entender que la literatura no es un objeto de consumo, sino un pulso vital. Su historia comenzó antes de los cuatro años, merendando frente a una botella de agua Salus, mientras su hermana le enseñaba la «alquimia de las letras». En su hogar, bajo el ala de un padre que leía a Juana de Ibarbourou y celebraba sus primeros poemas infantiles, la lectura jamás fue una obligación: era el disfrute de correr a la biblioteca cuando la comida estaba pronta y saborear el libro junto al almuerzo calentito.

Esa complicidad con lo vivo es la que hoy la lleva a proponer una revolución: aprender a leer con el cuerpo. Frente a la prisa y la ansiedad digital que nos empuja a devorar páginas por pura productividad, Malia invita a una pausa carnal. A los niños, a través de la animación, los impulsa a tirarse en el pasto y mirar el cielo, comprendiendo que el paisaje también se lee. Para los adultos, el desafío es idéntico: despojarse de la urgencia de las redes para estar presentes. Como ella misma reflexiona: “A veces, una sola frase que encuentres en un libro tirado abajo de un árbol es suficiente para dejarte en estado de éxtasis todo el día, porque sentís que hubo algo que te habló directamente a vos”. No es cuánto leemos, es la capacidad de sostener el asombro.

Esa misma empatía con la existencia fue la que dio a luz a su editorial, un proyecto que brotó del dolor por el paisaje herido. Mientras militaba en Soriano, viendo de cerca los suelos agotados, las aguas afectadas y los peces muertos por el monocultivo de eucaliptos, la realidad la interpeló a través del comentario de un conocido: “Bueno, pero ese libro tuyo es en papel”. Sentir el peso de esa incoherencia la obligó a romperse la cabeza buscando soportes alternativos, ajenos a la industria celulósica tradicional. Lo que nació como una urgencia ética personal, se transformó en un refugio para otros creadores.

Hoy, la editorial cobija al Colectivo de autores y artistas recreando el planeta, una red humana que circula afecto y transforma el arte en resistencia comunitaria. Al final de la charla, evocando a Tagore, Malia me mira a los ojos y me regala una certeza que resume su andar: “El labrador que trabaja en la tierra y traza en ella un jardín, la belleza que libera así, es la belleza de su alma”.

Con los caracteres justos intente compartirles la sabiduría y dulzura de Malia, para poder continuar celebrando los libros y la literatura.

Deseo que el leer nos siga permitiendo ir de viaje a lugares de este mundo y a otros mas lejanos, porque un libro nos regala un recorrido por peculiares sensaciones.

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