El reconocido constitucionalista y exlegislador Eduardo Lust Hita visitó nuestra ciudad y mantuvo un extenso diálogo con EL PUEBLO para su ciclo de entrevistas «El Fondo de la Cuestión«. En una charla que recorrió desde su «casual» desembarco en la política hasta sus más férreas críticas a la creación de un Ministerio de Justicia, Lust se define como un hombre de principios que prefiere la soledad política antes que el abandono de su conciencia jurídica.
Eduardo Lust no es el típico político que responde con el manual de estrategia bajo el brazo. Su formación como catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de la República se impone en cada frase, dotando a su discurso de una estructura técnica que, sin embargo, no elude la pasión de quien cree ciegamente en lo que predica. El hombre que sorprendió a todos en 2019 al obtener una banca por Cabildo Abierto, para luego fundar el Partido Constitucionalista Ambientalista tras abandonar dicho sector, se siente cómodo en el rol de «polemista» que la opinión pública le ha asignado.
“Lo mío fue un hecho casual”, confiesa Lust al recordar cómo pasó de los talleres jurídicos a la militancia activa. Dejó la abogacía, pero nunca la docencia, esa que hoy lo trae nuevamente a Salto para dictar clases en la Facultad de Derecho. Durante la entrevista, Lust reflexionó sobre el costo de mantener la coherencia en un ámbito donde el pragmatismo suele ser la regla.
La conciencia por encima de la ley
Invocando a San Agustín, Lust explica su salida de Cabildo Abierto y su decisión de no integrarse a otros partidos tradicionales durante su mandato. “Si tengo que hacer algo que la ley me obligue pero la conciencia me impide, debo hacer lo que la conciencia me dicta y asumir las consecuencias”, afirma. Para él, la política tiene una jerarquía de valores similar a la que el constitucionalismo de 1930 imprimió en nuestra Carta Magna: primero la vida, luego el honor y mucho después la propiedad.
“Yo no soy diputado hoy por mantenerme en mis principios. Si me hubiera quedado en Cabildo, hoy sería diputado reelecto. Pero uno no se puede disfrazar”, sentencia. Tras obtener cerca de 12.000 votos con su nuevo lema, Lust reconoce que, aunque el resultado no alcanzó para la banca, la experiencia validó su perfil de defensor de la Constitución y el ambiente.
El «capricho» del Ministerio de Justicia
Uno de los temas que más preocupa al académico es el anuncio de la creación de un Ministerio de Justicia. Con una batería de argumentos que él mismo define como «políticos, económicos y jurídicos», Lust desmenuza lo que considera un error estratégico para el país.
“Uruguay no necesita un Ministerio de Justicia”, afirma tajante. Según el doctor, el proyecto busca centralizar servicios que hoy funcionan correctamente de forma descentralizada, como la Fiscalía o los Registros, lo que podría derivar en una injerencia directa del Poder Ejecutivo en la justicia. Pero su advertencia más severa va por el lado de la soberanía: “Hay una corriente que busca que las recomendaciones de organismos internacionales estén por encima de la Constitución uruguaya. Eso es gravísimo. A Chile le hicieron cambiar la Constitución por presión de la OEA. Crear este Ministerio facilitaría esa aplicación directa que vulnera nuestra independencia”.
Lust también criticó el costo burocrático de la iniciativa: “Hablamos de millones de dólares en ministros, edificios y autos, mientras al Poder Judicial, que tiene 600 jueces trabajando con el 1.2% del presupuesto nacional, solo le dan el 6% de lo que pide”.
Acceso a la justicia vs. Resultados
Ante el argumento de que el nuevo Ministerio mejoraría el acceso de los ciudadanos a la justicia, Lust es punzante: “La gente confunde tener acceso con ganar el juicio. En Uruguay todo el mundo tiene acceso; el que tiene plata paga un abogado y el que no va a la Defensoría Pública, que funciona muy bien. Las quejas que escuchamos en la televisión suelen ser sobre la jurisdicción penal, que hoy depende de la Fiscalía, no del Poder Judicial”.
Para el constitucionalista, el sistema actual, aunque perfectible, garantiza la atención de cualquier ciudadano en los juzgados de familia, civiles o de aduana, y advierte que crear una «defensoría paralela» bajo el mando del Ministerio solo generaría duplicidad y gasto innecesario.
El mandato de un papelito de seis renglones
Hacia el final de la charla, la entrevista abandona el frío terreno de los códigos y las leyes para entrar en el ámbito personal. Lust comparte una anécdota íntima que explica su rigidez ética: la carta que su esposa le dejó poco antes de fallecer, coincidiendo con su asunción como diputado.
“Era una carta breve, de seis renglones. Me decía que fuera como fuera, nunca abandonara lo que había predicado en la Facultad. Que no me desviara. Lo tomé como un mandato y lo cumplí, y esa fue una de las razones por las que me fui de donde estaba cuando sentí que me alejaba de mis principios”, relata con visible emoción.
Sobre su futuro político, el Dr. Lust no cierra puertas pero tampoco se apresura. Por ahora, sus lunes serán salteños, dedicados a la formación de nuevos abogados en la Regional Norte. “En el año 2028, cuando empiece la campaña de verdad, veré cómo estoy física y mentalmente para decidir qué hacer”. Mientras tanto, seguirá siendo ese guardián de la Constitución que prefiere perder un puesto antes que el honor, recordándonos que en la República, la ley y la conciencia deben caminar de la mano.
El dato
Lust señaló que en la historia uruguaya solo 41 diputados abandonaron el partido por el que fueron electos. De ellos, la gran mayoría se pasó a otro partido tradicional. Lust destaca como el único que, tras renunciar, fundó una nueva colectividad (el Partido Constitucionalista Ambientalista) sin buscar refugio en estructuras preexistentes.





