
El ámbito ambiental arrancó el año con los motores encendidos. Mientras en la franja costera del este uruguayo las olas trajeron reclamos contra la instalación de plataformas petroleras, aquí en el litoral norte, esos gritos resonaron con una fuerza particular. ACAS (Asociación Civil Ambientalistas de Salto), presidida por el maestro Héctor Mogliazza, confirmó su adhesión total a las movilizaciones que sucedieron en las playas de Rocha y Maldonado.
Pero el apoyo no fue casualidad ni mera empatía. Salto tiene memoria. La ciudad y su campaña vivieron en carne propia la «fiebre del oro negro» hace poco más de una década, una ilusión que se desvaneció entre rocas duras y el temor al fracking. Ahora, con el espejo retrovisor mirando a Pepe Núñez y Cerro de Chaga, los ambientalistas salteños volvieron a poner sobre la mesa la fragilidad de nuestros recursos naturales.

La memoria de la tierra: Pepe Núñez y Cerro de Chaga
Para entender por qué ACAS miró hacia el río en este inicio de 2026, hay que rebobinar la cinta. Corría el año 2012 cuando los camiones y taladros de empresas como YPF y luego Schuepbach Energy (Petrel) removieron la tranquilidad del campo salteño. En la zona de Pepe Núñez, se habló de la roca generadora. Hubo expectativas desmedidas, sueños de riqueza rápida y hasta políticos que ya contaban los barriles antes de extraerlos.
Sin embargo, la realidad geológica impuso su ley. Las exploraciones, que continuaron hasta 2017 en el pozo Cerro de Chaga, se toparon con fallas inesperadas y problemas de estabilidad. No hubo yacimientos comerciales, pero sí quedó sembrada la semilla de la conciencia ambiental. En aquel entonces, ACAS lideró junto a vecinos de Paysandú una férrea resistencia contra la fractura hidráulica (fracking), ante el pánico real de contaminar el Acuífero Guaraní. Aquella batalla ganada, que culminó con la retirada de las petroleras, explicó la postura actual de ACAS: la defensa del agua, sea dulce o salada, no negoció fronteras.
De la amenaza global a la basura local

Si bien el fantasma del petróleo ocupó los titulares nacionales, la realidad cotidiana de Salto mostró urgencias mucho más tangibles y olfativas. ACAS cerró el 2025 y abrió el 2026 con un comunicado que funcionó como un pliego de condiciones para las autoridades locales. El «No» a las petroleras se transformó en un «Sí» a la gestión responsable de los residuos.
El punto neurálgico del reclamo se centró en una herida abierta de la ciudad: el vertedero municipal a cielo abierto. La organización ambientalista cuestiona con dureza la demora en el plan de cierre definitivo. “¿Cuál es el plan de mitigación hasta que se realice el cierre definitivo?”, se pregunta la organización. La preocupación radica en los tiempos; la ley ambiental exige plazos que parecieron estirarse como chicle bajo el sol de enero. Mogliazza insiste en saber dónde se ubicará el nuevo predio para el relleno sanitario, una obra que requiere balanza, galpones y oficinas, y de la cual todavía se vieron pocas certezas.
El problema de esconder la basura
La gestión de lo que tiramos cada día también entró en la lupa. ACAS advirtió que no alcanza con mover la basura de lugar; se necesita cambiar la matriz de gestión. La clasificación en origen aparece como la única salida viable para no seguir enterrando recursos recuperables. “¿Qué plan de gestión se implementará? ¿En qué tiempo?”, interpelaron desde la asociación, exigiendo un cronograma claro a la Intendencia.
A esto se suma una interrogante que genera inquietud en los vecinos de la zona del Hipódromo: la futura planta de compostaje. El temor es que, en el afán de solucionar un problema, se genere otro foco de contaminación o malos olores cerca de zonas residenciales. Además, la organización recordó el peligro latente de los incendios en el actual vertedero, una bomba de tiempo que cada verano amenaza con prenderse y cubrir la ciudad de humo tóxico.
Lodos, agua y erosión: el combo invisible
Hay contaminantes que no se ven a simple vista hasta que es demasiado tarde. En su mensaje de fin de año, ACAS apuntó a un tema discutido: los lodos de la planta de tratamiento de OSE. La práctica de tirar estos residuos en el vertedero municipal es ampliamente cuestionada por su impacto ambiental acumulativo.
Pero la mirada de los ambientalistas también se dirige a nuestros cursos de agua. La contaminación de cañadas, arroyos y del propio río Uruguay, sumada a la erosión de la costa, configura un escenario de deterioro progresivo. Las barrancas, que ceden metro a metro cada año, y la calidad del agua, comprometida por agroquímicos y desagües, demandan acciones concretas más allá de los discursos de ocasión.
Un llamado a la gobernanza seria
Finalmente, el comunicado de ACAS no se queda solo en la queja; propone una reestructura en la forma de gobernar el ambiente. La propuesta central es la creación de una Comisión de seguimiento y contralor, donde la sociedad civil tenga voz y voto real, no solo una silla para escuchar.
Mogliazza y los miembros de la asociación consideran que el tema ambiental no debe ser un apéndice de otras áreas. “Se debería crear la Dirección de Medio Ambiente y no que funcione dentro de Salud y Ambiente, es minimizar la importancia que tiene”, sentencia el comunicado. Para ACAS, la jerarquización del área es el primer paso necesario para enfrentar los desafíos de un 2026 que, a juzgar por sus primeros ocho días, no vino para ser un año tranquilo.
“Nuestros gobernantes tienen la palabra y las acciones”, remata el texto.





