Guillermina Sirio plantea un nuevo enfoque sobre discapacidad en Salto: dejar la inclusión y apostar a la conexión, con accesibilidad, formación y cambio social.

“Para incluir, primero hay que conectar”: Guillermina Sirio sobre el nuevo horizonte de la discapacidad en Salto
Esta entrevista estructurada profundiza en la visión de Guillermina Sirio, quien llega desde INAU en pase en comisión para liderar un área clave en la actual administración de la Intendencia de Salto. Con un enfoque que trasciende la asistencia social, Sirio propone un cambio de paradigma: pasar de la «inclusión» a la «conexión».
Entre expedientes y reuniones de planificación, Guillermina Sirio se hace un espacio para desglosar lo que será la hoja de ruta de la Coordinación del Área de Discapacidad. Con una vasta experiencia previa en el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), asume este desafío en un momento bisagra: tras el paso del presupuesto por el Tribunal de Cuentas, el organigrama de trabajo está a punto de recibir la luz verde definitiva para comenzar a funcionar plenamente.
Guillermina, llegás a la Intendencia en un esquema de pase en comisión desde INAU. ¿Cómo ha sido este desembarco en un área que, en muchos aspectos, está en plena etapa de construcción institucional?
—Ha sido un proceso de mucha escucha y presentación. Al ser un área nueva dentro del organigrama, mi primera tarea ha sido acercarme a los distintos directores, presentarme y, sobre todo, plantear cuáles son nuestros objetivos estratégicos. He encontrado una apertura total. Estamos a la espera de la aprobación completa del presupuesto y el organigrama para este período, pero eso no nos impide trazar las líneas maestras. Mi planteo al director del área es claro: el trabajo debe centrarse en cuatro ejes que para mí son vitales: visibilizar, sensibilizar, informar y conectar.
Mencionás la visibilidad. A menudo se piensa en la discapacidad solo desde la rampa o el acceso físico. ¿Hacia dónde apunta tu gestión en ese sentido?
—Queremos que Salto no solo sea una ciudad atractiva por su naturaleza o sus termas, sino que crezca genuinamente en accesibilidad. Estamos apuntando fuertemente al turismo accesible. Pero hay algo importante: la accesibilidad no es solo para la persona con discapacidad. Pensemos en el cuidador, en el acompañante. Una ciudad inaccesible lo es para ambos. E incluso para cualquiera de nosotros que sufra una lesión momentánea, como un esguince. Queremos una ciudad que sea funcional para todos, desde alguien con una discapacidad severa hasta quien transita una limitación temporal. Para lograr esto, trabajamos en un equipo interdisciplinario junto a las áreas de Género y Generaciones, y Juventud.
Hablás de la «formación» como uno de los grandes pilares. ¿Por qué es tan necesaria en este ámbito?
—Porque la falta de información nos hace errar. A veces no es ignorancia malintencionada, es simplemente que no sabemos, y al opinar o comentar sin fundamentos terminamos lastimando o estigmatizando al otro. Uno es esclavo de sus palabras y lo que decimos siempre repercute en los demás. La base de todo cambio social es que la información se difunda correctamente. Esa es nuestra encomienda: queremos instalar en el futuro equipo de trabajo prácticas que prioricen la comunicación responsable y la formación constante.
Hay un término que utilizás y que rompe un poco con el discurso tradicional: preferís hablar de «conexión» antes que de «inclusión». ¿Por qué te genera ruido esa palabra?
—A veces la palabra inclusión me «rechina» un poco porque se ha vuelto un término automático. Yo prefiero llamarlo conexión. Creo firmemente que, si uno no conecta con el otro, no lo está incluyendo realmente. Para conectar hay que estar informado y sensibilizado. No son meras palabras; es lo que nos pasa cuando entramos a un lugar y nos sentimos bien, contenidos y bien tratados. Eso es conectar.
Esa conexión parece más sencilla con lo que vemos, pero ¿qué pasa con lo que es invisible a los ojos?
—Ese es el gran desafío. Es complejo entender la discapacidad si no hay un vínculo, especialmente con las neurodivergencias. Hay discapacidades motrices que son evidentes, pero existen muchísimas patologías y trastornos neurológicos que no se visualizan a simple vista. Hoy vemos que estas situaciones aparecen en personas cada vez más jóvenes. Por eso necesitamos ese «encuentro» con el otro. Nuestro mensaje debe llegar a toda la población para que la comunidad esté, finalmente, integrada.
¿Cuál es el mensaje final para el ciudadano de Salto que hoy mira este tema desde afuera?
—Que la discapacidad nos atraviesa a todos. No es un compartimento estanco. Al final del día, lo que buscamos es que Salto sea un espacio ameno donde la condición de cada uno no sea una barrera para habitar la ciudad. Si logramos que la gente racionalice estas situaciones que suceden a diario, habremos dado el paso más grande hacia esa conexión de la que hablo.





