Suba de combustibles y recorte del IMESI golpean al Norte: aumento cercano al 20% en Salto reaviva el debate por el centralismo y decisiones del gobierno.

Edil Dr. Enzo Molina
Presidente de la Junta Departamental de Salto
Periodo 2025-2026
Bancada CORE
Partido Nacional
En cuestión de días, el gobierno nacional tomó una decisión que en Montevideo puede parecer un ajuste más, pero que en el norte se siente como un verdadero revencazo: hoy, para un salteño, cargar combustible es casi un 20% más caro que hace apenas una semana.
No es relato ni interpretación. Es matemática pura. Subieron los combustibles alrededor de un 7% y, al mismo tiempo, recortaron el descuento de IMESI en frontera del 32% al 24%. El resultado combinado impacta directamente en el precio final. Y ese es el que importa: el que paga la gente.
En Salto, esto no es un dato técnico. Es un golpe directo a la economía cotidiana. Cada peso de más en el litro de nafta empuja a cruzar a Concordia, debilita a nuestras estaciones, enfría el comercio y termina afectando el trabajo local. Es un círculo conocido, pero agravado por decisiones que, una vez más, parecen tomadas sin mirar al interior.
Ese es precisamente el fondo del problema: el centralismo. Se gobierna como si el país fuera homogéneo, cuando en realidad hay dos Uruguay bien distintos. Uno que decide y otro que paga.
Y lo más preocupante no es solo la medida, sino la forma. Hace apenas unos días, el propio gobierno anunció un aumento de tarifas marítimas que en algunos casos llegaba al 83%. La reacción fue inmediata, el rechazo generalizado y la corrección tuvo que venir a las apuradas. Marcha atrás.
Ese episodio no es aislado. Es un síntoma claro. Muestra decisiones que salen sin suficiente análisis, sin medir consecuencias y que luego deben corregirse sobre la marcha. Eso no es conducción. Eso es improvisación.
Un gobierno que ajusta primero y piensa después, lo que genera no es orden: es incertidumbre. Y cuando además esas decisiones recaen sistemáticamente sobre los mismos —el interior productivo—, lo que se consolida es una forma de gobernar que castiga siempre al mismo lado.
Hoy el norte no solo enfrenta un aumento real del 20% en los combustibles. Enfrenta, sobre todo, la sensación de que no está siendo tenido en cuenta. De que no está en la ecuación.
Recién vamos un año, y la sensación real es como si hubiera pasado una década. Y todavía quedan cuatro años por delante. Un barco que navega a la deriva, sin capitán, sin rumbo claro, puede avanzar… pero nadie sabe realmente dónde va a terminar.








