
El rubro ovino atraviesa un momento que hacía años no se repetía. Con valores firmes tanto para la lana como para la carne, el negocio vuelve a mostrar señales claras de rentabilidad y entusiasmo productivo, especialmente para las lanas finas y superfinas.
“Hace tiempo ya que no se daba un año así; desde antes de la pandemia yo creo que no se veían estos valores para lo que es la lana, y vuelve el ánimo”, afirmó la ingeniera agrónoma Carolina Fillat, directora de cabaña La Empastada del departamento de Durazno.
Según explicó, pese a que el ovino “ha disminuido un montón en estos años” y “se ha dejado de lado bastante en lo que es el sur del país”, en el norte “siempre fue una muy buena opción y una necesidad productiva”. En ese contexto, remarcó la importancia de haber sostenido el trabajo genético incluso en los ciclos menos favorables.
“Años para atrás se siguió apostando al rubro, se siguió mejorando y se siguieron comprando buenos reproductores, afinando la lana y mejorando la calidad. Esas son todas cosas que van quedando para cuando pasan estas circunstancias de que los valores apremian” destacó la productora del centro del país.
Para Fillat, el mercado hoy envía una señal clara: “no nos olvidemos que el valor de la lana fina es la que está más valorizada, entonces hay que acordarse siempre de estar seleccionando con ese fin”.
Una selección de años
La Empastada ha construido su genética sobre dos pilares: Merino Dohne y Merino Australiano, con un trabajo sostenido en el tiempo.
“Estamos hablando de años de selección, pensando en animales grandes y calidad de lana. La calidad de lana es lo primero que le miramos a un carnero. Abrimos el vellón y vemos la lana, que sea blanca, protegida, que tenga toque, suavidad”.
Después de la calidad, llega la finura. “Siempre tendiendo a afinar y afinar, hemos usado en la cabaña carneros del CRILU y nunca se paró de pensar en afinar”.
Ese trabajo se refleja en los datos objetivos, según detalló Fillat, los carneros que saldrán a venta en esta zafra presentan promedios de 16 micras en el Dohne y 15,9 micras en Merino, con mínimos que alcanzan 13,4 micras en borregos 2D, dentro del rango super fino y ultra fino.
Sin embargo, Carolina insiste en que el objetivo no es solo afinar: “Tenemos que seleccionar por kilo de vellón, pero también un animal más grande nos va a dar un vellón más grande y más kilos de carne. Y el peso corporal, además de darnos más kilos de carne, está muy correlacionado con la fertilidad y lo sanitario”.
En esa línea agregó: “Ovejas más grandes son más fértiles”, y además “seleccionando animales grandes uno también está seleccionando resistencia a parásitos”.
Por eso, resumió: “Hay que tender a calidad de lana, finura, pero nunca perder el tamaño corporal del animal”.





