Uruguay se ha construido sobre pilares que no son abstractos ni retóricos: la República, la democracia y la libertad. No son consignas heredadas sin costo, sino conquistas colectivas que se sostienen —o se erosionan— en los hechos concretos de cada día.
Por eso, cuando ocurre un episodio que genera inquietud institucional, no puede minimizarse ni exagerarse, ya que un periodista fue llevado a una comisaría de Montevideo para dar explicaciones sin intervención de Fiscalía, por ahora lo que sabemos. Debe explicarse. Debe aclararse. Y, sobre todo, debe ubicarse en su justa dimensión. Un hecho aislado no define una época, pero el silencio o la naturalización sí pueden abrir la puerta a un tiempo que no queremos.
La fortaleza de la democracia uruguaya radica precisamente en su capacidad de procesar tensiones sin quebrarse. En que los poderes del Estado actúen dentro de la ley. En que la prensa ejerza su función sin presiones indebidas. En que la ciudadanía confíe en que los errores se corrigen y los límites se respetan.
No se trata de sembrar sospechas permanentes ni de mirar la realidad con paranoia. Tampoco de aceptar sin preguntas aquello que incomoda. Defender la República implica exigir explicaciones claras, garantías institucionales y un compromiso explícito con las libertades públicas. Implica recordar que la libertad de expresión no es un privilegio sectorial, sino una condición básica de la democracia.
Uruguay no es —ni quiere ser— un país donde los hechos se vuelven precedentes por omisión. Nuestra historia demuestra que sabemos reaccionar a tiempo cuando algo desafina. Esa es una señal de madurez democrática, no de debilidad.
Cuidar la democracia no es un acto ocasional: es una tarea cotidiana. Y comienza por afirmar, sin ambigüedades, que cualquier desvío debe ser explicado para que quede claro que no es el inicio de un rumbo distinto, sino una excepción que la propia institucionalidad se encarga de corregir.
Porque la República se defiende ejerciéndola.
Y la libertad, usándola sin miedo y la prensa debe tener libertad para que el sistema funcione.




