Elda es una señora mayor, que sigue habitualmente nuestra labor periodística y a menudo nos aporta algún comentario. En el mes de la nostalgia, ya casi pisando el día en que muchos celebran La Noche de la Nostalgia, Elda nos transmitía algo de lo que en ella produce nostalgia. Y decía: «me preocupa y me entristece el bajo nivel de las discusiones entre políticos, la falta de información y razonamiento de nuestros políticos, el hecho de que estén horas hablando de temas insustanciales, cuando deberían estar analizando problemas verdaderamente serios y urgentes que aquejan a nuestro país. Yo tengo 81 años y añoro la época en que admirábamos la forma de tratar y resolver los diversos temas en el Parlamento».
Y la verdad, cuando se habla de política y de nostalgia, eso que plantea nuestra lectora es una de las cosas más recurrentes. No son pocos los que hablan de una «notoria decadencia en el nivel en la actividad política uruguaya», como calificaba un periodista capitalino hace unos días.
No somos de los que sostienen que toda época pasada fue mejor. Por supuesto que no, de ninguna manera. Hace unos años, a usted se le quedaba el auto en medio de una ruta desolada y tenía que caminar quién sabe cuántos quilómetros para encontrar una casa donde le prestaran un teléfono, o esperar horas a que pasara otro vehículo. Ahora existe el teléfono celular. Hace unos días se cumplieron cuatro años de la instalación del IMAE Cardiológico en Salto, y ya pasaron por allí unas 2.500 intervenciones quirúrgicas, antes quizás esos 2.500 pacientes hubieran muerto. ¿Cómo afirmar entonces que todo lo pasado fue mejor? Le digo algo más: ¿qué hubiera pasado con la educación si por una pandemia se hubieran tenido que suspender las clases y no hubiera –como felizmente ahora hay- mecanismos tecnológicos para seguir los procesos educativos, llámense zoom, whatsapp o lo que fuese?
Ahora bien, claro que siguiendo el razonamiento de Elda, coincidimos en que si se habla de política, se añoran muchas cosas. Recuerdo cuando de niño, veíamos hablar a un diputado o a un senador en la televisión, y eso era prácticamente un modelo de cómo debía hablarse. A eso se refiere Elda cuando dice que «admirábamos» aquello. Hoy, en general, ya no se puede.
Entiéndase que no entraremos en el terreno –eso sería otra amplia discusión- de si eso es o no el reflejo de una positiva apertura que poco a poco se ha ido dando a más gente en esos ámbitos. Simplemente decimos que actualmente, no se puede tomar a un legislador nacional –solo por decir un ejemplo entre los muchos altos cargos que tiene un Estado- como referencia en su decir… (¿Y en su accionar? ¿Y en su fidelidad a una determinada ideología?… Pero eso también ya serían temas aparte).
A propósito, Jorge Ciasullo, alguien que habitualmente escribe en medios capitalinos, en un reciente artículo comparaba la intervención en el Senado que hizo Mario Bergara hace pocos días (en la que empezó cantando una canción) con las palabras que dijo el Dr. Emilio Frugoni (primer diputado socialista que tuvo el Uruguay) al asumir en el Parlamento en febrero de 1911: «…yo he venido aquí a hacer escuela de decir agradable…». Lo que hace Ciasullo es sostener que la intervención del actual Senador está muy lejos de lo que proclamaba el socialista Frugoni; es más, considera lo que hizo Bergara como «ridículo».
No vemos que haya sido tan así, nada tan grave, no nos parece «ridículo» haberle dado ese toque pintoresco a la sesión al momento de homenajear un músico. Pero sí reconocemos, que si a esa intervención en la que un senador empieza cantando, le sumamos que una diputada se tienta de risa y por la risa no puede seguir hablando cuando de lo que hablaba era algo sumamente serio, o que actualmente Salto –para no ir a buscar ejemplos lejos- tiene algún diputado que no logra hilvanar tres oraciones seguidas sin caer en aberraciones en el uso del lenguaje y, a veces, en la carencia de la más elemental coherencia gramatical, pues entonces estamos armando un collar larguísimo que transforma al solemne ámbito llamado Parlamento Nacional en un escenario propio para la actuación de Cantinflas.
En eso sí coincidimos, qué lejos estamos de las palabras del gran socialista Emilio Frugoni. Y la nostalgia aflora. ¿Y si no nos apartamos de lo departamental? Entonces debemos decir –lo hemos dicho en realidad en varias ocasiones- que el nivel de discusión de nuestra Junta Departamental, al menos hasta hace un año y poco, había entrado en una decadencia incalificable. Bajísimo nivel, en cuanto a forma y a contenido. Felizmente, hay ahora, al parecer, un nivel un tanto mejor, al que contribuyen ediles de todas las bancadas, a los que se los ve muy preocupados por tener y mantener una buena imagen como lo que son, representantes del pueblo.
Más allá de estar en acuerdo o en descuerdo, o de compartir solo algunos pasajes y otros no, nos parece interesante, estimado lector, que lea usted mismo una parte de este artículo de Jorge Ciasullo al que hacemos referencia, y pueda sacar sus propias conclusiones. Coincidiendo o no, seguramente será bueno para reflexionar:
«El senador Mario Bergara, no tuvo mejor idea que iniciar un homenaje (merecido) a una voz icónica del carnaval como Julio Julián, recientemente fallecido, cantando estrofas de una canción de la autoría del homenajeado. Transformó, en nuestro concepto, un homenaje en un acto ridículo que generó bromas entre los parlamentarios, tanto fue así, que la presidenta del senado, Beatriz Argimón tuvo que llamar al orden.
Tal vez para quienes ya ni canas peinamos, esa actitud nos provoca tristeza y decepción. Tristeza porque recordamos parlamentarios, tuvimos un padre que lo fue, cuyas intervenciones despertaban interés. Tan era así que las barras de las cámaras con jóvenes y no tanto, acudían a ellas para escuchar a los oradores de los distintos partidos, intervenciones no exentas de pasión, pero respetuosas, y sobre todo argumentadas.
Decepción, porque tenemos enorme respeto por la institución en sí misma -el Parlamento- porque es la más importante del Estado, en cuanto representa la institucionalidad de la Nación, garantiza el Estado de derecho, controla al Poder Ejecutivo, en una palabra, garantiza la Democracia.
Respeto que se traslada a todos sus integrantes, en cuanto que, ahí están, en representación de miles de ciudadanos que en ellos confiaron. Creemos sí, que algunas actitudes, aisladas, por cierto, traicionan a quienes, para que ahí se encuentren, los votaron. ¿Acaso es admisible que un representante nacional concurra a una sesión con una camiseta con la inscripción: No a la LUC, o con imágenes que representan sistemas dictatoriales como la también camiseta con la imagen del Che Guevara?
Si está todo aceptado y permitido, ¿por qué no ir a las sesiones de short, camiseta y chancletas o ante el fallecimiento de un destacado jugador de fútbol en su homenaje se cante el himno de la institución a la que perteneció?».
En definitiva, así como Elda añora y siente nostalgia por cuestiones vinculadas a la política, cada uno tendrá las suyas.
«El médico conocía al dedillo a cada paciente y eso era buenísimo, y se extraña», hemos escuchado, o «se extraña el tiempo en que los maestros y profesores no faltaban jamás y era impensado que por un paro los comedores escolares no dieran la comida…».
Agosto…Mes de la Nostalgia…Cada uno tendrá la suya.
Contratapa por Jorge Pignataro




