Darío Flores: familia, trabajo y legado junto a sus hijos

Darío Flores repasa su historia como padre y comerciante, y el legado familiar que hoy construye junto a sus hijos en La Esquina del Tornillo.

Darío Flores: ser padre, sembrar presencia y trabajar junto a sus hijos

Una historia de familia, trabajo y presencia

En el marco del Especial Día del Padre, EL PUEBLO comparte una historia que une familia, trabajo, trayectoria comercial y, sobre todo, presencia. Darío Flores, referente de la tradicional firma conocida por muchos salteños como “La Esquina del Tornillo”, abrió las puertas de su historia personal para hablar de sus hijos, de su camino como padre y de una vida marcada por el esfuerzo, la fe y el vínculo con la gente.

Más de tres décadas de trayectoria comercial

Darío forma parte de una historia comercial de larga data en Salto. Sus comienzos se remontan a la recordada empresa Rebull Flores, nacida como una marca registrada en la ciudad. Él ingresó a trabajar en el año 1990 junto a Anelio Pereira y, tras el retiro de este en 1998, continuó al frente de la actividad. Desde entonces, han pasado más de tres décadas de trabajo sostenido, cambios, aprendizajes y permanencia.

- espacio publicitario -SOL - Calidez en compañía

Con el tiempo, la empresa fue atravesando nuevas etapas. En 2020, sus hijos Carolina y Juan Carlos comenzaron a tomar las riendas del emprendimiento familiar, impulsando también una renovación en el nombre y en la forma de trabajar. Darío, lejos de apartarse, continúa acompañando ese proceso desde la experiencia, compartiendo el día a día con ellos.

La esquina del tornillo y una nueva etapa

Hoy, el comercio funciona en una esquina muy conocida de la ciudad, en 19 de Abril y Córdoba, donde la actividad mantiene el espíritu de cercanía que siempre caracterizó a la firma. A la tradicional ferretería se sumó además el rubro de subastas, impulsado por Juan Carlos, quien se recibió como rematador y decidió anexar una nueva línea de trabajo familiar.

Para Darío, trabajar con sus hijos representa una satisfacción difícil de explicar con pocas palabras. Carolina, a quien define como una mujer de carácter fuerte, rebelde en el buen sentido y muy decidida, cumple un rol clave en la administración, la publicidad y el manejo de redes. Juan Carlos, por su parte, es para él una persona más dócil, aunque también firme cuando debe serlo. Ambos, según expresa con orgullo, se complementan muy bien.

Carolina y Juan Carlos, el orgullo de un padre

“Para trabajar juntos hay que tirar parejo”, resume Darío al hablar de esa dinámica familiar que, como toda convivencia laboral, tiene momentos de acuerdo y también diferencias. Sin embargo, lo central para él es que sus hijos eligieron estar allí. No lo hicieron por obligación, sino porque crecieron en ese ambiente, lo sienten propio y lo asumieron como parte de sus vidas.

La paternidad ocupa un lugar central en su historia. Darío recuerda con emoción que estuvo presente desde el nacimiento de sus hijos. Participó de los dos partos y conserva esa experiencia como uno de los momentos más importantes de su vida. También evoca la infancia de Carolina y Juan Carlos, especialmente aquellas noches en las que no se dormían hasta que él les leía un cuento.

Estar presente, el valor que más queda

Esa presencia cotidiana, asegura, es lo que realmente queda. Más allá del trabajo, de las obligaciones y de las horas largas, Darío entiende que los hijos recuerdan los momentos compartidos: estar en la escuela, acompañarlos en una obra de teatro, llevarlos a practicar deportes, apoyarlos en sus intereses y respetar sus elecciones.

En su caso, la relación con la figura paterna tiene una marca profunda. Darío perdió a su padre cuando tenía apenas 13 años, en una etapa clave de la vida. Esa ausencia le dejó preguntas, deseos inconclusos y una necesidad de transmitir a sus propios hijos aquello que pudo recibir en los años compartidos con él. Recuerda a su padre como alguien que enseñó orden, respeto, estudio y responsabilidad, sin caer en excesos.

La huella de su propio padre

Esa experiencia también lo ayudó a construir su propia forma de ser padre. Tal vez, dice, hizo con sus hijos muchas de las cosas que le hubiese gustado hacer con su propio padre. Por eso valora tanto la presencia, la cercanía y el acompañamiento.

La fe también aparece como un sostén fundamental en su vida. Darío la define como algo que lo mantiene en pie, especialmente en los momentos difíciles. Cree que la forma de relacionarse con los demás, la confianza, la solidaridad y el haber intentado siempre ser buena persona son valores que ayudan a superar las pruebas que aparecen en el camino.

La fe como sostén en los momentos difíciles

Cuando piensa en lo que su padre diría si pudiera verlo hoy, Darío imagina orgullo. Quizás, admite entre sonrisas, también algún reto por errores cometidos, pero sobre todo la satisfacción de ver el camino recorrido, la familia formada y los valores transmitidos.

En esa mirada aparece una frase que le quedó grabada de un tío: lo que se siembra bien desde abajo, si se cuida y se acompaña, difícilmente crezca mal. Para Darío, esa idea resume buena parte de su manera de entender la paternidad. Sembrar presencia, cuidar, orientar, acompañar y dejar que los hijos encuentren su propio camino.

Sembrar bien desde abajo

Hoy, al ver a Carolina y Juan Carlos trabajando a su lado, creciendo, aportando ideas nuevas y sosteniendo una historia familiar, Darío siente que buena parte de su esfuerzo tuvo sentido. Porque, como él mismo reconoce, los logros de los hijos se festejan incluso más que los propios.

En este Día del Padre, su historia representa a tantos padres salteños que construyen desde el trabajo silencioso, desde el ejemplo diario y desde la presencia constante. Padres que tal vez no siempre dicen demasiado, pero que están. Padres que acompañan, enseñan, se equivocan, vuelven a empezar y siguen sembrando.

Una huella que sigue creciendo

Darío Flores es parte de esa generación que hizo del trabajo una forma de vida y de la familia su mayor orgullo. Y en esa esquina de Salto, donde los tornillos, las herramientas, las subastas y las conversaciones cotidianas se mezclan con la historia de una familia, también se sostiene una verdad sencilla: ser padre es estar, acompañar y dejar una huella que los hijos puedan seguir haciendo crecer.

Enlace para compartir: https://elpueblodigital.uy/z3zq