Si falta el pan, el hambre nos tutela, si falta la canción la tristeza desvela y si falta el mostrador con su luna de vino en algún viejo club de los amores, todo es desolación, abrazo sin amor, jardín sin flores.
Por eso nada puede faltar en la fiesta de los trabajadores, ni la olla llena de poesía que al poderoso le pone la tapa, ni la humilde casa de tu barrio engalanando el romántico zaguán de nuestro mapa.
Nunca es bueno que al pueblo le falte el alimento, ni la sátira certera, ni la crítica escrita con la zurda. La única excepción está estampada en el tango de la vida que canta de madrugada un viejo curda; Falta La Papa es una bendición, únicamente, cuando es el nombre de una murga.
En la entrevista de hoy conversé con el histórico director de Falta la Papa, Darío Figueroa.
Falta la Papa se forma en 1986 y debuta en 1987 con un primer premio bajo la dirección escénica de Rubén Milán. ¿Qué rasgos de aquella matriz fundacional siguen vivos hoy en la murga?
En el 86 cuando nos juntamos por primera vez vimos que la murga era la herramienta para decir las cosas que no se habían podido decir. Salíamos de una dictadura militar muy cruda, de muchos años, los compañeros empezaron a frecuentar los lugares donde hacíamos canto popular y ellos también fueron nuestra inspiración para salir. El rasgo que mantenemos es ser consecuentes y cantar lo que pensamos.
Hablanos un poco de algunos de sus integrantes históricos
En aquel primer año logramos convocar a compañeros de gran prestigio, con voces excepcionales como la de Pololo Brunetti, a Ruben Milans con un carisma increíble, en realidad toda la murga se destacaba por sus voces.
En 2014 ganan el primer premio con 10 puntos de ventaja. ¿Cómo fue aquel carnaval?
El 2014 fue un carnaval distinto, más allá de nuestro primer premio, debuta Hacha y Tiza en el carnaval mayor y allí otro Figueroa, Joaquin. Entonces nos encontró entre tablados, presentaciones de trajes, desfiles, todos en familia. Con respecto al concurso, fue un año de la murga muy cooperativo, desde lo constructivo del repertorio, hasta lo interpretativo.
Bajo la letra de Paolo Sagradini ese año se largó a escribir y arreglar Germán alguna que otra cosa. Con las interpretaciones de Rodrigo Baladan, Martin Cespedes, Mauricio Sanchez y Joselo Cesarino, la murga rescató la risa y la reflexión. Destacado por Ignacio Alonso (jurado de texto) el momento dedicado a la transexulidad, quien expresó en su devolución ser el mejor momento que observó en el carnaval a nivel país ese año.
Estaba en discusión la ley Trans y se intentaban invisibilizar derechos indispensables para personas trans, la murga toma el tema, lo hace canción, y escénicamente fue un cuplé que quedará en el recuerdo.
El retorno 2026 se presenta bajo el marco simbólico de los 40 años. ¿Qué memoria se decide preservar y qué cosas se animaron a transformar?
El retorno del 2026 se enmarca dentro de la necesidad de hacer murga, de tener cosas para decir y de volver a tener la murga en la calle. Lo que se intenta preservar es la historia de Falta la Papa y su crítica consecuente. Pero han sido más las cosas que se han transformado, no hay recetas para hacer murga.
Este año tenemos una mezcla generacional donde lo artístico reúne a 3 o 4 generaciones. Donde las maneras y las formas de decir, expresar lo artístico y lo cotidiano se han tenido que amalgamar para construir el espectáculo. Y entiendo que ahí está la riqueza, en ese entrevero. Los tiempos son dinámicos, dialécticos y cambiantes, las expresiones artísticas no pueden ser ajenas a eso, por más que se haga,de manera constante, guiños al pasado y al estilo faltalapapero de siempre.
En varias crónicas se menciona la potencia coral como marca de Falta la Papa. Desde lo técnico, ¿qué buscás en afinación, timbre y empaste para que el coro tenga esa identidad reconocible?
En realidad el estilo y la sonoridad de la murga ha dependido del arreglador coral en ese momento. Han sido unos cuantos, en un principio arregle yo, después Mario Goldman, Mario Castro, Federico Benítez, Luis Benítez, German Figueroa, Paolo Sagradini, Sergio Dutra, Marcelo Catella y Baltasar Chiriff. Y cada uno con su librito le han dado la sonoridad a la murga. Que también depende mucho de los cantores que tengas cada año. Lo cual también va mutando y cambiando a lo largo de los diferentes procesos.
Con esto quiero decir que no hay una búsqueda planificada y previamente pensada de cómo se quiere “sonar”, sino que se confía en el arreglador y en los cantores de ese momento. Este año particularmente la cuerda de sobreprimas la integran Gabriela Costa y Antonella Ibarra. Anteriormente en 40 años la única mujer que había salido en Falta la Papa integrando el coro fue Rosario Sosa.
Este año la sonoridad de la murga está pensada y plasmada desde los arreglos para que recaiga en la espalda de estas dos gurisas que cantan increíble y el coro sigue siendo potente, consecuente y sobre todo manteniendo el estilo de la murga. Sigue sin haber recetas y rumbos únicos, aún más en el amateurismo que implica Salto.
La murga aparece históricamente en clubes, peñas y circuitos comunitarios. ¿Cómo influye ese vínculo barrial en la construcción del repertorio?
La murga pasó por diferentes clubes y barrios y en cuanto a las peñas también fueron muchísimos los lugares de actuación y esperemos que eso continúe. En cuanto al armado del espectáculo, la murga no puede estar por fuera de lo que pasa en el barrio, en el departamento o a la vuelta de la casa. Siempre se intentará construir desde lo vivencial, desde lo que nos atraviesa como sociedad, cómo ciudadanos, como vecinos, como padres, hermanos e hijos.
Siempre habrá una subjetividad teñida desde lo cotidiano al momento de escribir, diagramar, vestir la murga, etc. Dicho esto a veces es más fácil de plasmar y a veces más complicado.
Este año particular utilizamos La Calesita como excusa de encontrarnos, después de 5 años y, al cumplir 40, la murga lo festeja como niños en un parque de diversiones que al parecer está obsoleto con la llegada de internet y diferentes tipos de juegos nuevos, pero la murga, aún así, se sube a las atracciones y transita su repertorio.
Es vital para nosotros hablar de cosas que nos interpelan, sin la necesidad de darle todo masticado a la gente, pero tampoco desde un pedestal grandilocuente donde la murga se suba al escenario, reparte panfletariamente “lecciones de vida” y se baja. Nuestra idea es que la gente que nos escucha no tenga que hacer una maestría en filosofía para poder entender lo que la murga tiene para decir.
Si tuvieras que definir el legado de Falta la Papa dentro del carnaval salteño —sin hablar de premios—, ¿qué elemento estructural dejó instalado en la ciudad?
Siempre es difícil hablar de legado, sobre todo cuando la murga sigue andando. Pero es cierto que hay algo especial, yo creo que el principal legado es la consecuencia, es la resiliencia, es el estar, el resurgir. Por Falta la Papa han pasado innumerables murguistas y artistas que han pisado las tablas por primera vez en nuestra murga y luego se fueron moviendo por el carnaval salteño y montevideano como hasta ahora.
Creo que fuimos y somos el semillero de un montón de murgueros que hoy nos deleitan con diferentes espectáculos en agrupaciones compañeras. Después, otra cosa que hemos aprendido con el tiempo y que también forma parte del legado murguero y, en este caso, familiar, es que si no hay un grupo humano donde prime el compañerismo, lo familiar, donde puedan ir a ensayos nuestras hijas, hijos, nietas y nietos, se torna más complicado el sostener el proceso.
Otro aprendizaje valioso del legado es saber ponerlo en pausa, como estos años que hemos decidido frenar, ordenarnos, pensar, duelar a los compañeros que se fueron y tomar impulso para volver otra vez con una propuesta artística que sea digna y disfrutable para nosotros y nuestra hinchada. Aprendimos que el legado no es salir por salir a lo loco. Sino respetar las pausas y procesos. La espalda y el legado se transmite de generación en generación, tampoco hay recetas. Pero el pasaje por la familia de la Falta la Papa es algo que te atraviesa, que se vive con exigencia, con responsabilidad y, también, con tremendo disfrute.





