Cuando una pelota de fútbol, no deja de juntar

Inés Sosa, más de 200 goles para que la historia admita: ¡una crack!

-¡Y ahora que volviste a jugar!

«Lo que ocurre es que me invitaron y volví, en este caso a Rodó a nivel de veteranas. Me siento bien y sobre todo, me siento feliz. Claro, no estoy para jugar tantos minutos como antes. A los 60 años no podría. Pero ahí ando, en los 20 o 25 minutos. Estoy esperando que llegue el fin de  semana…»

-El fútbol sigue pegando en vos.

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«Como siempre. Jugarlo y verlo. Soy hincha de Ceibal….y el barrio es parte del fútbol. Un hermano mío, el «Racha» Sosa, tuvo que ver con la historia también y mi otro hermano, Miguel, también».

-Fuiste una goleadora temible. Ciento por ciento. Los recortes de diario están ahí. Las crónicas están ahí y 

las fotos que no faltan.

«Cuando empecé a jugar al fútbol femenino yo tenía 18 años y dejé más o menos con 38 años. Hay que hablar entonces de unos 20 años. ¿Un tiempo largo no?…..ahhh….pero lo disfruté. Adán Barboza, fue el primero que me empujó a jugarlo, hasta que llegaría el fútbol de salón con Universitario, después el Volcán, ese fue el equipo de tantos años, aunque pasé también por Independencia, Patulé y Aute, en este último caso con el «Chumbo» Tomás. Éramos un lote de gurisas que andábamos detrás de una pelota. El fútbol pasó a juntarnos».

-¿Tu familia qué decía? ¿Aprobación o rechazo?

«Nooooooooooo…..siempre conmigo en lo que me gustaba. Yo creo que era el jueves de cada semana y mi madre ya se estaba preparando para ir a la cancha el domingo. Ella siempre estaba conmigo. Nunca me falló. Lo que pasa es que el fútbol femenino comenzaba a despertar en aquellos primeros años de la década de los 80. Que nosotros jugásemos al fútbol no estaba mal visto. Era un deporte más».

-En vos….¡siempre el gol!

«Fueron unos cuántos, ¿no?»

-Si sacas la cuenta, ¿más de cuántos?

«Ahhhhhh…..más de 200 sin dudas. Y bueno, yo estaba ahí. Mi función pasaba por el gol. En la cercanía del arco rival. Creo que en todos los equipos en que jugué apareció esa condición. Cada puesto tiene su significado para el equipo, pero lo mío era eso….lo mío era el gol».

DESDE AQUELLA INÉS….

Ahora que volvió a jugar. Habla orgullosamente de sus 60 años y de esta invitación que aceptó, para ser una más. Inés Sosa, admitirá con EL PUEBLO, que debe graduar el esfuerzo. Ser parte de un equipo se transforma en recompensa que roza el latir de esa emoción bien entendida que pegó la vuelta. La historia nació en 1983 cuando se propuso jugar al fútbol, porque en aquellos tiempos estaba planteada una Liga de Fútbol Femenino. Una estructura a favor, con neutrales, con delegados, con reglamentos y con un nivel de difusión que no faltaba en ese tiempo. EL PUEBLO sumándose como uno más. El fútbol femenino fue descubriendo su espacio. Se lo había ganado con estricta legitimidad. En aquellos años, el nombre de Inés estaba asociado al gol. ¡Era la ejecutora de piolas rivales del momento! Su encendida vocación por el gol. Una vocación que el tiempo no archiva….


«De Rampla a la selección de Uruguay; eso que no se olvida»

No solo en esos años se jugaba a nivel de equipos, sino de selecciones. Salto tenía conformado un combinado que afrontaba partidos interligas. Llegaría el momento de la disputa en Fray Bentos. Allá fue Salto, con Inés Sosa como una más en el plantel. No es menos cierto que sus dotes de goleadora habían trascendido. La vieron jugar y la convocaron para la selección de Uruguay. «El hecho era que para poder jugar para la celeste, yo tenía que ser fichada por un equipo de Montevideo. Por lo tanto termino siendo jugadora de Rampla Juniors. Fuimos con Susana Barboza, pero ella se volvió a Salto y quedé yo. De Rampla a la selección de Uruguay. Eso que no se olvida, eso que me pasó. Fueron seis meses especiales. Después retorné a Salto. Mi vida estaba aquí» Inés fue líder de un tiempo, aunque ella de repente no se lo propuso. Pero quienes fueron parte activa de esos, sus 20 años jugando, saben que fue así. Que no se trata de regalarle un elogio ahora, cuando sintió la ocurrencia de volver porque la invitaron y aceptó. «Soy de las que no ha tenido problemas con el físico. Hay quienes dejan de practicar un deporte y los kilos aumentan. Conmigo eso nunca pasó. Así como me ven, así siempre. No dejo de sentirme feliz jugando al fútbol. Es mi felicidad


«En 1991, ¡explosión de 56 goles!

Lo escrito, escrito está. Los medios de prensa de la época, resaltaron el valor individual de INÉS SOSA. Entre la década de los 80 y los 90, la validez de su receta medida en goles. En tanto es como subrayar la ocurrencia de ese titular que EL PUEBLO rescata: «una «Maradona» con faldas». En el reportaje a que puede aludirse, surge el dato estadístico: en la temporada de 1991 jugando para EL VOLCÁN, el equipo de sus afectos, Inés llegó a los 56 goles. Nombres que además se relacionan a aquel tiempo, por ejemplo los de Gabriela Abarno y Zully Píriz. Incluir estos testimonios, se constituyen en síntesis de lo que implicó Inés para ese tiempo. Un tiempo no tan lejano. A la medida de una pasión. De una pasión, siempre…

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