Hoy domingo 14 de diciembre, a las 21 horas, se presenta en la Catedral Basílica San Juan Bautista de Salto el concierto Orgue(s) de Grandeur, en el marco del 39.º Festival Internacional de Órgano del Uruguay.
La propuesta reúne a la soprano Sofía Rauss, al organista Antonio García y al percusionista Pascal Viglino, en un momento particular para la vida cultural de la ciudad, marcado por la reciente inauguración del órgano de la Catedral.
En ese contexto, dialogué en exclusiva con Sofía Rauss para comprender desde su propia voz qué se pone en juego en esta presentación y cómo su trayectoria artística se cruza, una vez más, con Salto y con uno de sus espacios patrimoniales centrales.
Talento que viene de familia
Debemos decir, para contextualizar, que su madre es la organista, directora coral, docente e investigadora Cristina García Banegas, fundadora y directora artística del Festival Internacional de Órgano del Uruguay, que conduce desde 1987 y que ha consolidado una red estable de conciertos, formación y circulación de organistas en el país y en el exterior.
Su trayectoria como concertista y su labor pedagógica e investigativa resultan centrales para comprender la presencia de Orgue(s) de Grandeur en Salto y la inserción de la ciudad en el circuito organístico internacional.
Su padre es el director de orquesta Nicolás Rauss, de amplia trayectoria en el ámbito sinfónico y con una reciente etapa al frente del SODRE, contexto que ayuda a entender la solidez de la formación artística de Sofía.
Para empezar, ¿cómo te presentarías a vos misma desde lo biográfico y lo artístico?
Soy Sofía Rauss. Nací en Ginebra, en Suiza y a los 18 meses nos vinimos a Uruguay. Mi madre es uruguaya — está muy vinculada con la Catedral de Salto y con todo el proceso de inauguración del nuevo órgano— y mi padre es suizo.
Crecí en Uruguay, en Montevideo, y desde muy chica la música fue parte central de mi vida.

¿Cuál es tu vínculo con Salto?
Mi vínculo con Salto viene desde la infancia. Durante toda mi niñez viajábamos dos o tres veces por año, sobre todo por las termas. Es una relación sostenida en el tiempo, que hoy reaparece desde otro lugar, vinculada al trabajo artístico y al escenario.
¿Cómo fueron tus primeros pasos en la música?
Comencé a estudiar canto en Uruguay, integrando el coro dirigido por mi madre. Más adelante me fui a Suiza para continuar mis estudios. Después de completar mi primer máster en Suiza, regresé a Uruguay.
En ese regreso, tuviste una actividad importante en la región. ¿Cómo fue esa etapa?
En esa etapa no iba tanto a Salto, pero sí trabajé de forma muy activa en la región. Durante ese período desarrollé un proyecto en Paysandú llamado Omnes, dedicado a la música barroca.
Teníamos conciertos todos los meses, a veces dos o tres por mes, incluso fines de semana consecutivos. Durante varios meses estuve yendo y viniendo a Paysandú y también daba clases de canto barroco. Teníamos entre siete y diez alumnos que asistían cada dos semanas. Todo eso forma parte de mi vínculo con el litoral.

¿Cómo definís hoy tu perfil artístico?
Soy cantante lírica, soprano. En los últimos años me especialicé principalmente en repertorio barroco y de oratorio.
Actualmente residís en Suiza. ¿Cómo es tu trabajo allí?
Desde hace diez años estoy instalada en la región de Lausana, donde integro el coro de la Ópera de Lausanne. Allí realicé un segundo máster en el conservatorio y un segundo máster en pedagogía del canto.
Actualmente, participo como soprano solista en distintos proyectos de oratorio en la región y también interpreto roles en proyectos de ópera itinerante.
¿Cómo surge tu participación en el proyecto Orgue(s) de Grandeur?
Orgue(s) de Grandeur es un juego de palabras en francés que el organista Antonio García y el percusionista Pascal Viglino vienen desarrollando desde hace dos años. Es un proyecto que ya estaba en marcha en Europa y, a partir de ese trabajo previo, surgió la posibilidad de realizar una gira de conciertos en Uruguay, Argentina y Suiza, incorporándome como soprano.
Concebido por ellos, el proyecto propone una experiencia que se aparta de la disposición tradicional del concierto. La puesta trabaja con la distribución de los instrumentos en distintos puntos de la iglesia y con el desplazamiento de los intérpretes durante la obra, lo que modifica la forma de escuchar y también la forma de cantar.
Dentro de ese recorrido, Salto ocupa un lugar particular, por el gran momento que atraviesa la ciudad en relación con su patrimonio musical.
¿En qué consiste la gira actual?
Ya realizamos el primer concierto en Montevideo. El domingo será el concierto en Salto, el martes 16 en Paysandú y luego viajamos a Argentina, donde haremos dos conciertos más. La gira continúa en Suiza durante el mes de febrero.
¿Qué puede esperar el público de este espectáculo?
Más allá de la descripción formal del proyecto, lo que puedo agregar es una invitación a no perderse este espectáculo. Es una experiencia muy interesante tanto en lo sonoro como en lo visual.
Hay una puesta en escena importante, que no quiero adelantar para que sea una sorpresa, digamos que se genera un juego muy particular con la espacialidad del lugar.
¿Existe algo más bello que la popularización del arte?
Hoy, a las 21:00, los salteños tendremos la oportunidad de encontrarnos con una propuesta que cruza trayectorias internacionales y patrimonio local, desde la voz de una soprano que vuelve a dialogar con Salto desde el escenario de su Catedral.
La fiesta es para todas y todos, la ciudad ahora hace parte del circuito y la música vuelve a marcarnos la melodía. El patrimonio deja de ser un objeto distante y se convierte en experiencia entre personas, confirmando que el arte alcanza su sentido pleno cuando circula, se comparte y alimenta a la comunidad que lo sostiene.





