El lunes pasado inicié esta columna semanal compartiendo reflexiones sobre el bicentenario de nuestra patria y la importancia de conmemorar una fecha que nos une como pueblo. Hoy vuelvo a encontrarme con ustedes en este espacio que, poco a poco, será nuestro punto de encuentro, donde cada semana podamos pensar juntos sobre nuestra historia, nuestro presente y el futuro que queremos construir.
En nuestra primera entrega hablamos de lo que conlleva la celebración, en esta oportunidad me gustaría cuestionarnos lo que significa ser independientes en la actualidad, doscientos años después de aquel 25 de agosto de 1825. Intentar trasladarnos al pensamiento de quienes lucharon por nuestra independencia, pensando en las futuras generaciones y en que algún día podrían romper las cadenas políticas y afirmar la soberanía de una nación. Sin duda que verlo en pleno siglo XXI tiene cierta complejidad, sobre todo porque la independencia tiene nuevas dimensiones, que incluso se reflejan en la posibilidad de convivir con pensamientos y visiones opuestas.
En Salto sabemos que la independencia se expresa de muchas maneras, entre ellas con la posibilidad de acceder a un empleo digno que genere estabilidad, así como tener servicios básicos a precios justos, con calles limpias e iluminadas. También acceder a oportunidades educativas y laborales sin verse obligados a emigrar. Ser independientes es no depender de favores, sino de derechos que estén al alcance de todos.
Pero también debemos hablar de la independencia más íntima y personal, esa que no se ve pero que está. Como la de poder desarrollarnos sin sentirnos atados a la incertidumbre de lo que pueda pasar, sin que la desigualdad o la falta de oportunidades marquen un destino no deseado. Por eso, la independencia no puede ser entendida solo como un hecho histórico, sino como una obligación diaria de recordarnos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.
En el mundo globalizado y conectado de hoy las fronteras y distancias son cada vez menores, pero no por ello debemos resignarnos a perder nuestra identidad. Al contrario, significa tener las convicciones firmes y saber que nuestras decisiones serán pensadas en los intereses que nos beneficien como nación, como salteños y como parte de una comunidad que busca un rumbo claro.
Ser libres significa poder decidir nuestro futuro sin condicionamientos. Significa que los jóvenes tengan la chance de crecer en su propia tierra. Significa que las familias puedan vivir con tranquilidad y que los adultos mayores tengan la seguridad de que su esfuerzo de tantos años es valorado. La independencia no es un recuerdo guardado en los libros, es un desafío de todos los días.
Los invito a seguir acompañando cada semana en estas reflexiones. Hoy cerramos el 2° capítulo, convencido de que la independencia sigue siendo un desafío vigente. La próxima semana será momento de abrir el capítulo 3, porque la historia se escribe día a día, y nosotros lo haremos juntos desde este espacio.