El auge de monopatines y bicicletas eléctricas plantea desafíos de seguridad y convivencia. Claves para regularlos sin frenar la movilidad sostenible.

¿CÓMO LOS REGULAMOS Y POR QUÉ?
OTRO DESAFÍO PARA EL TRÁNSITO
La regulación de los Vehículos de Movilidad Personal (VMP), como monopatines y bicicletas eléctricas, ha pasado de ser un «vacío legal» a convertirse en una prioridad para las direcciones de tránsito en todo el mundo en este 2026. El principal conflicto surge porque la tecnología ha avanzado más rápido que la ley: hoy existen monopatines que alcanzan los 60 km/h o más, entrando en un terreno de velocidad similar al de las motocicletas pero sin sus controles de seguridad. Aquí detallo cómo está el panorama global y qué se está discutiendo para regular este fenómeno:
1. ¿Cómo es la regulación actual en el mundo?
La mayoría de los países han optado por clasificar estos vehículos según su potencia y velocidad máxima:
- Bicicletas eléctricas (Pedelecs): En la mayoría de los países (como España o Chile), están limitadas a 25 km/h. Si el motor asiste por encima de esa velocidad, dejan de considerarse «bicicletas» y pasan a ser legalmente «ciclomotores», exigiendo matrícula y seguro.
- Monopatines (VMP): La norma general en Europa y gran parte de Latinoamérica es el límite de 25 km/h. A partir de este 2026, países como España han hecho obligatorio el seguro de responsabilidad civil y un certificado de circulación (matrícula) para estos dispositivos.
- Speed Pedelecs: Son bicicletas que asisten hasta los 45 km/h. En países como Holanda o Bélgica, se regulan como motos pequeñas: requieren casco de moto, seguro y circular por la calzada, no por la ciclovía.
2. El problema de la «Velocidad de Auto»
El riesgo actual es que muchos usuarios compran vehículos «liberados» o los modifican para ir a 50 km/h en la acera o ciclovía. Esto genera una disparidad peligrosa con los peatones y otros ciclistas.
3. ¿Qué se debería regular (y se está empezando a hacer)?
Para equilibrar la balanza con autos y motos, los expertos en seguridad vial proponen los siguientes pilares:
- Categorización por Potencia: No se puede regular igual un monopatín de 250W que uno de 2000W. Los de alta potencia deberían requerir una licencia de conducir específica (aunque sea simplificada) que garantice que el usuario conoce las reglas de tránsito.
- Seguro Obligatorio: Al igual que un auto, un monopatín a 30 km/h puede causar daños costosos a terceros. El seguro ya es ley en varios países para 2026.
- Equipamiento de Seguridad Homologado: A velocidades superiores a 25 km/h, un casco de bicicleta común no es suficiente. Se está exigiendo el uso de cascos certificados para ciclomotores y elementos de iluminación activa (frenado y giro).
- Prohibición en Aceras: Este es un estándar global creciente. Todo vehículo con motor debe circular por ciclovías o, si su velocidad es suficiente (ej., más de 30 km/h), por el carril derecho de la calzada.
- Edad Mínima: Establecer un piso de 16 años para operar vehículos que superen los 25 km/h para asegurar una madurez mínima en la toma de decisiones viales.
Resumen de la tendencia 2026
| Categoría | Velocidad Máxima | Requerimientos sugeridos/actuales |
| Micro-VMP | < 25 km/h | Casco de bici, luces, sin licencia. |
| VMP de Alto Desempeño | 25 – 45 km/h | Matrícula, Seguro, Casco de moto, Licencia A1. |
| E-Bikes Pro | > 45 km/h | Equiparadas totalmente a motocicletas eléctricas. |
La clave del futuro está en la fiscalización electrónica: muchos municipios están empezando a usar dispositivos que miden la potencia real del motor en controles callejeros para multar a quienes circulan con vehículos modificados.
¿QUÉ HACEMOS CON ELLOS COMO SOCIEDAD?
¿CÓMO LOS REGULAMOS?
La irrupción de los Vehículos de Movilidad Personal (VMP) representa el cambio más profundo en el urbanismo del siglo XXI. No son solo «juguetes con motor»; son la respuesta tecnológica a ciudades colapsadas y a una crisis climática que exige alternativas al motor de combustión. Sin embargo, su integración nos ha tomado por sorpresa, generando un conflicto de convivencia que requiere una respuesta integral en tres niveles: técnico, legal y social.
¿Por qué regularlos?
La urgencia de la regulación nace de una asimetría física. Un monopatín eléctrico que viaja a 40 o 50 km/h posee una energía cinética capaz de causar lesiones fatales en un atropello a un peatón, pero carece de las protecciones estructurales de un automóvil para proteger a su propio conductor. Regular no es prohibir; es categorizar. El error inicial fue tratarlos a todos como «bicicletas». Hoy, la lógica dicta que la regulación debe basarse en la cinética: a mayor velocidad y peso, mayor debe ser la exigencia legal (seguros, licencias y elementos de protección). Sin reglas claras, el espacio público se convierte en una «ley de la selva» donde el peatón, el eslabón más débil, termina desplazado de la acera.
¿Cómo regularlos?
La regulación efectiva para este 2026 debe apoyarse en cuatro pilares:
- Homologación y Registro: Todo vehículo con motor debería poseer un número de serie y un certificado de fábrica que limite su velocidad máxima por software. La matriculación simplificada permite identificar responsables en caso de accidentes o infracciones.
- Seguro de Responsabilidad Civil: Si estos vehículos comparten la calzada con autos y motos, el riesgo de daño a terceros es real. Un seguro obligatorio nivela la cancha y profesionaliza el uso del VMP.
- Jerarquización Vial: Las aceras deben ser sagradas para el peatón. Los VMP deben circular obligatoriamente por ciclovías. Si el vehículo supera los 25 km/h, debe integrarse al flujo vehicular de la calzada, cumpliendo con las mismas normas que una motocicleta.
- Educación y Licencias: No se trata de exigir un examen complejo para una bicicleta, pero sí de validar que quien opera un vehículo a 40 km/h conoce las señales de tránsito y las prioridades de paso.
¿Qué hacemos con ellos como sociedad?
Más allá de las leyes, como sociedad debemos decidir qué tipo de ciudades queremos. Los VMP son una oportunidad de oro para democratizar el espacio. Un monopatín ocupa una fracción del espacio de un SUV y no emite gases contaminantes. Debemos dejar de ver al usuario de VMP como un «intruso» y empezar a verlo como un aliado en la descongestión urbana. Esto implica que las ciudades deben invertir en infraestructura segregada. No podemos exigir que un monopatín baje de la acera si la calle es una trampa mortal de baches y conductores agresivos. En conclusión, el desafío es la empatía vial. La regulación debe garantizar que la innovación no pase por encima de la seguridad del ciudadano, pero la sociedad debe abrazar estos vehículos como el camino hacia una movilidad más humana, silenciosa y eficiente. El futuro no es prohibir el motor eléctrico, sino aprender a compartir el asfalto con orden y respeto.
REGULAR BICICLETAS ELÉCTRICAS Y MONOPATINES: UN DESAFÍO SOCIAL QUE NO PODEMOS DEJAR DE VER COMO SOCIEDAD PARA PROTEGER A LOS USUARIOS Y TENER UN TRÁNSITO MÁS SEGURO
La integración de las bicicletas eléctricas y los monopatines en el tejido urbano no es solo un trámite administrativo o una actualización del código de tránsito; es, fundamentalmente, un desafío social de convivencia. Por primera vez en décadas, la hegemonía del automóvil se ve cuestionada por dispositivos ligeros, silenciosos y veloces que reclaman su lugar en la calle. Sin embargo, esta transición hacia la movilidad sostenible no puede ser caótica. Para proteger a los usuarios y garantizar un tránsito seguro, la sociedad debe abordar este fenómeno bajo una nueva ética de responsabilidad compartida.
El imperativo de la seguridad: proteger al vulnerable
El primer argumento para una regulación estricta es la protección de la vida. Muchos de estos vehículos, especialmente los monopatines de alta gama, alcanzan velocidades que superan los 45 km/h. A esa velocidad, el cuerpo humano es la propia carrocería. La regulación debe exigir el uso de cascos homologados y elementos de visibilidad, pero también debe establecer límites claros: un vehículo que alcanza velocidades de motocicleta no puede compartir el espacio con un peatón o un ciclista tradicional sin generar una disparidad de fuerzas peligrosa. Proteger al usuario también significa garantizarle una infraestructura digna. No podemos exigir que un monopatín abandone la acera si la calzada es un entorno hostil diseñado exclusivamente para camiones y autos. El desafío social implica que los gobiernos deben rediseñar las ciudades, creando «corredores de movilidad ligera» que segreguen físicamente a estos vehículos del tráfico pesado y de los peatones.
La regulación como herramienta de equidad
Regular es también una forma de otorgar derechos. Cuando un vehículo de movilidad personal (VMP) está debidamente registrado y cuenta con un seguro de responsabilidad civil, el conductor deja de ser un «fantasma» en el tránsito. Ante un siniestro, existe un respaldo legal y económico que protege tanto al usuario como a la víctima. Esto profesionaliza la movilidad y reduce la impunidad, fomentando un comportamiento más cívico y consciente. Además, la sociedad debe enfrentar el debate de la licencia de conducir. Si bien puede parecer una barrera, una formación básica en normas de tránsito para usuarios de VMP asegura que todos los actores del ecosistema vial hablen el mismo idioma. Saber quién tiene la prioridad en una rotonda o qué significa una señal de giro salva vidas.
Un pacto de convivencia urbana
Hacia el futuro, el éxito de estos vehículos depende de un cambio cultural. Como sociedad, debemos dejar de ver al usuario de bicicleta eléctrica como un obstáculo para el auto, y empezar a verlo como una persona que está liberando espacio, reduciendo el ruido y descontaminando el aire. En conclusión, regular los VMP es el camino para que la tecnología no se convierta en una amenaza. Una normativa inteligente, basada en la potencia del motor y la velocidad real, permitirá que estos dispositivos cumplan su promesa de revolucionar el transporte sin sacrificar la seguridad pública. El objetivo final es una ciudad donde el peatón recupere la acera y los vehículos ligeros conquisten la calle, bajo un marco de orden, respeto y protección legal para todos.
CONCLUSIÓN
El propósito no es cobrar patente, no es recaudar; no podemos recargar más el transporte con más tributos o cobros de patente. Es un medio de transporte barato donde las personas, sobre todo jóvenes, se mueven para realizar sus actividades o solamente para tener libertad de movimiento sin tener que depender de otro medio de transporte que sea costoso o familiar. Seamos diferentes y regulemos este medio de transporte sin caer en la recaudación; no lo veamos como algo que tiene que ser un medio de generar dinero para las arcas del gobierno, pero sí actuemos con responsabilidad dando garantías al usuario y al que utiliza el tránsito en nuestra ciudad.
Reglamentar no es prohibir, es vivir en sociedad; es cuidar del otro y estar presente con normas que nos garanticen movernos con seguridad dentro de una sociedad muy complicada a nivel de flujo de tránsito y con una pérdida de valores hacia las normas que vemos a diario. Reglamentar bajo estos principios es, en esencia, alfabetización cívica. Es recordarle al ciudadano que sus derechos terminan donde empiezan los del vecino, pero sin que el Estado le meta la mano en el bolsillo para enseñarle esa lección. Seamos diferentes, seamos un departamento enfocado en la gente y en cuidar de ella.
HUMANIZACION DEL TRANSITO
SI QUERÉS SABER CÓMO ES UNA SOCIEDAD, MIRÁ CÓMO CONDUCE.
Víctor Pacín Freire. Seguridad Vial. Estudio del comportamiento de la conducción.




