La columna destaca la importancia de apoyar el talento artístico juvenil con becas, formación y estímulos reales para su desarrollo.

Adoramos a nuestros hijos y cuando hacen cosas extraordinarias, como cantar de memoria una canción, bailar de forma estrafalaria, tocar un instrumento en etapa temprana o desfilar con desparpajo en una pasarela, nos convencemos que estamos viendo a los futuros artistas de la familia y a veces, del universo. Esa apreciación, motivada en gran medida por lo mucho que los queremos, no siempre tiene bases sólidas. Las habilidades que demuestran nuestros hijos en etapa temprana a veces se diluyen durante su crecimiento o no encuentran el sostén para desarrollarse.
Son muchas las madres y alguno que otro padre, que se acercan a mí para hablarme de las habilidades creativas de sus hijas o hijos y siempre me hago la misma pregunta ¿son de verdad los chicos o chicas tan talentosas o somos nosotros los padres, los que depositamos en ellos una alta expectativa?
Todo esto no elimina que las potencialidades artísticas existan y cuando los adultos en modalidad de padres, tutores y/o profesores lo descubrimos, más vale que tengamos un plan para saber qué hacer con ese talento en ciernes que bien cuidado, puede explotar.
Hace algunos años existió un programa en Uruguay llamado “Arte y Juventud”. Era un evento en formato de festival organizado por el gobierno nacional a través del MEC, que buscaba talento juvenil artístico por todo el país y con una infraestructura enorme, los reunía en una capital de algún departamento y los subía al escenario para que mostraran lo que sabían hacer. Era un semillero sensacional porque trataba a los jóvenes como artistas emergentes y les otorgaba estímulos para que continuaran con su formación y desarrollo. Recuerdo que en uno de esos eventos, pude ver a nuestros queridos y actuales campeones nacionales de Tango, Angelina Díaz y Gary Echegaray. Imagínense la importancia de los estímulos.

Al respecto quiero compartirles una experiencia que me ha volado la cabeza, El Instituto Autárquico Becario Provincial del gobierno de Entre Ríos, nuestro vecino argentino, tienen un programa de becas para jóvenes artistas que reciben una cantidad de plata para financiar la capacitación y el desarrollo de sus aptitudes artísticas.
El IABP organiza galas en diversas ciudades provinciales, a las que convoca niños y jóvenes para que se presenten en una muestra artística. Ahí mediante un jurado especializado, se eligen las mejores propuestas y se otorgan premios que oscilan entre los $20,000 y $10,000 pesos uruguayos. Además, existe una finalísima como ellos le llaman, en donde los ganadores pueden duplicar su premio económico.
¿Y para qué alcanzan $20,000 pesos? pues para mucho si los inviertes con cuidado. Podrías pagarte algunos meses de colegiatura en una academia de danza o de música. También lo puedes invertir en materiales, vestuario o algún instrumento o tal vez, pagarte un taller intensivo con algún referente de tu especialidad.
Este programa acaba de cumplir 10 años y más allá de lo esencial que resulta, se han dado casos notables en donde chicos o chicas, que fueron beneficiarios de la Beca Cultural, ahora son formadores o tutores de otros jóvenes talentos o forman parte del jurado que elige a los ganadores.
El viernes pasado, presencié una de las galas de “El Becario en Escena” y quedé sorprendido por la organización y el nivel de los niños y jóvenes que subieron al escenario para interpretar una canción, ejecutar una secuencia dancística o tocar un instrumento. Mientras veía sus performances, pensaba que ojalá hubiera programas públicos de este tipo en todos lados, porque no basta creer que nuestros hijos son artistas, hay que procurarles apoyo, cuidado y el patrocinio para que naveguen lejos y nadie les diga que como artistas se morirán de hambre. En todo caso, hay mucha más gente que ha muerto sin haber conocido el arte.






