ASDEMYA, un instrumento que los músicos salteños no saben tocar

El gran problema de nuestro sector es el peso de una expectativa que nace de la ceguera. Tenemos frente a nosotros un instrumento complejo, lleno de cuerdas y resonancias que, evidentemente, excede nuestra capacidad.

Existe una inadecuación en las expectativas que tenemos, ASDEMYA es una instancia política, de representatividad, es una herramienta de participación e incidencia en la agenda de prioridades del municipio. 

Sin embargo la expectativa de la mayoría de los músicos es resolver un problema individual, como la emisión de una factura a la hora de cobrar algún trabajo. El problema no es ASDEMYA, el problema es nuestra pequeña mente.

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El preludio de la confusión

ASDEMYA es un instrumento que los músicos todavía no sabemos tocar. Tal vez demasiado refinado para el bajo nivel técnico a la hora de controlar nuestro ego. Sí, querides artistes sin dinere: ASDEMYA es un refinado instrumento político y la política también es un Arte —el Arte de lo posible—, ergo el problema no es la política, sino lo malo que somos los artistas haciendo política. 

Antes de arrancar una melodía de conquistas, nos debemos el silencio del aprendizaje. El foco, infelizmente, se ha quedado en el ruido de lo que no funciona, olvidando que la partitura para que un gremio no desafine ni pierda el tempo requiere, ante todo, dominio técnico, oficio y método.

Primer acto: la construcción de la identidad

Para que el sonido sea limpio, primero hay que reconocer el cuerpo del instrumento. Necesitamos una etapa de diálogo profundo, una suerte de censo de almas y a cada una de ellas vincularla a un rostro, un contexto y un sueño.

Esta serie de entrevistas que le estoy realizando a los artistas de Salto, tiene también la intención de producir un mapa con nombres, barrios y apellidos. ¿Para qué? Para crear una conciencia de categoría de trabajadoras y trabajadores, una conciencia de sector productivo artístico. 

La representatividad no es un milagro, es una construcción. Hasta ahora, no hemos sabido tocar el instrumento Asdemya con maestría y precisión. Estamos perdidos, estridentes, fuera de ritmo, sin armonía, cada uno tocando en su propio compás.

El Arte es estudio, una de las pocas expectativas que adecuadamente se puede tener de un artista es que sea un estudioso de su arte. Necesitamos estudiar, alfabetizarnos políticamente para que la asociación deje de ser una entelequia y se convierta en nuestra voz.

Segundo acto: la máscara de la productora y el rostro de la política

Existe un equívoco que debemos desmontar con la precisión de un director de orquesta: Asdemya no es una productora de eventos. No es el escenario iluminado donde se va a brillar un sábado por la noche ni una agencia de colocación. Es, en esencia, un operador político, un agente de gestión de toda la categoría.

La antipolítica

Existe actualmente un prejuicio enorme contra la política, como si viviésemos en una sociedad casta y pura en la que únicamente los políticos manejan borrachos y le dicen gansadas a las niñas. Hemos perdido el sentido, la noción y la dimensión de lo político y nos hemos convertido en profetas de boliche, repitiendo una vieja teoría de la conspiración gastada mientras nos aplaude un público de borrachos.

ASDEMYA es el camino de lo político, lo colectivo. Lo plural demanda saber generar acuerdos, negociar, dialogar, trabajar en equipo, son muchos atributos. Administrar nuestros egos para alcanzar el bien común es una tarea compleja para una sociedad con poca oferta de arte.

Huir de la política es renunciar al diagnóstico, a la estadística y a la lectura de nuestra propia realidad. Entender cuántos somos en Salto, quiénes somos, dónde estamos,  evaluar nuestras condiciones y generar datos es la única forma de dejar de ser individuos aislados para convertirnos en un cuerpo social sólido.

El clímax: el Arte como bien público y el derecho ciudadano

Y en ese entrevero de puntos de vista —ese cambalache sin escalafón que es la discusión sobre producción de arte—, solemos olvidar una verdad fundamental: el principal beneficiario del arte es el ciudadano. 

Es necesario instalar un pensamiento claro: garantizar las condiciones para la producción y el acceso a bienes artístico culturales no es una obligación del artista, es una obligación del poder público.

Cuando hablamos de gremios y sindicatos, estamos hablando de la representación de la clase artística para incidir en la administración del «recurso arte» como un bien público. La función del gremio es corregir al poder público, recordarle todo el tiempo que son servidores y que su jefe directo es el pueblo soberano, a través de sus representantes.

El gremio es el instrumento para que una categoría dialogue con el poder público y el sector empresarial. El arte beneficia a toda la sociedad, no solo a los artistas.

Hagamos el paralelismo con la educación: quien garantiza que existan escuelas no es el docente, él es nada más que un trabajador de la pedagogía, es el Estado quien garantiza que el derecho a la educación se cumpla, porque es un beneficio para todos los ciudadanos.  

De la misma forma, la respuesta estructural y el financiamiento a la producción de arte deben ser garantizados por el poder público. 

ASDEMYA: somos lo que hacemos para cambiar lo que somos 

El papel de un gremio es, en última instancia, ser el que le pone el cascabel al gato. Es tener la fuerza para poner en agenda las necesidades específicas del sector productivo: músicos y afines. Su función no es sustituir la responsabilidad del Estado, sino vigilar que el poder público se ponga las pilas y asuma su rol. 

Para que nuestras necesidades comiencen a ser priorizadas, primero, los trabajadores del arte debemos ganar cuerpo, masa y volumen, esto es: tener representatividad. Únicamente la representatividad nos dará el poder de negociación que necesitamos para que el poder público nos perciba.

Abandone toda esperanza aquel que no crea en la política

Por eso les digo compañeras y compañeros artistas, el único camino posible es la política, la negación del ego, la comunión, el consenso, la discusión calificada y el estudio para tomar las riendas y la conducción de nuestro destino.

Individualmente, somos notas sueltas, fragmentos de un discurso que el poder puede anular con un simple gesto de indiferencia. Separados somos débiles; unidos somos los compositores de nuestra historia.

El gremio existe para equilibrar una balanza maula que nos quiere tener en desventaja. Cuando dejemos de improvisar expectativas erróneas y entendamos que la cooperación es nuestra más refinada tecnología de transformación, pasaremos de ser víctimas de las circunstancias a ser los protagonistas de nuestra propia dignidad artística.

¡Viva el Arte! ¡Salario digno para las y los Artistas!

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