La opinión de un ‘silbato’ que refleja la realidad

Un árbitro salteño que prefirió no identificarse. Por supuesto, entendemos su decisión, ya que en nuestro medio muchas veces opinar públicamente puede dejar expuesto a quien lo hace. Y si bien no existe una sanción directa, sí puede haber consecuencias solapadas, como la no designación en futuras competencias de la Liga Salteña de Fútbol.
En su carta, el colegiado deja en evidencia una realidad que, según expresa, comparten muchos árbitros que hoy optan por impartir justicia en otras ligas y no en la principal del fútbol salteño. La falta de empatía hacia quienes tienen la responsabilidad de dirigir los encuentros, así como el costo que implica mantenerse en condiciones físicas adecuadas y actualizarse tecnológicamente, son algunos de los factores que —según manifiesta— desalientan a formar parte del referato local.
La Liga Salteña de Fútbol, que debe organizar sus competencias tanto en mayores como en juveniles con los recursos humanos disponibles en el Colegio de Árbitros, atraviesa una situación que queda al descubierto a través de este testimonio.
La carta, expuesta por un hombre del referato, deja en claro lo que está ocurriendo en Salto y pone al desnudo la realidad de quienes intentan desempeñar su labor en la Liga Salteña de Fútbol, pero muchas veces se sienten desamparados por la propia institución que debería nuclear y respaldar a los mejores.
«Hoy la Liga Salteña vive una situación que preocupa: cada vez hay menos árbitros. Y no es casualidad.
La falta de motivación es clave. Arbitrar exige mucho: tiempo, preparación, responsabilidad y bancarse críticas constantes, muchas veces sin el respaldo ni el reconocimiento que debería haber.
A eso se le suma que hoy existen otras opciones laborales mejores y más tentadoras como otras ligas menores , con menos presión y más beneficios y menos exigencias. Entonces, para muchos, la LSF deja de ser una opción atractiva.
También pesan las exigencias para ingresar y mantenerse habilitado: certificados, trámites en SENADE, controles, cursos y gastos que salen del bolsillo del árbitro. Todo eso lleva tiempo y plata, y cuando no viene acompañado de apoyo o incentivos, termina alejando a quienes podrían sumarse.
Esta realidad debería hacernos pensar a todos. Sin árbitros no hay fútbol. Cuidarlos, valorarlos y generar mejores condiciones no es solo tarea de ellos, sino de todo el ambiente: ligas, clubes, dirigentes y público.
Si no se cambia algo, el problema va a seguir creciendo.
Además, es clave entender que no alcanza solo con exigir. Hay que trabajar con los árbitros: desde la capacitación permanente, la preparación física, el acompañamiento técnico, hasta la adaptación a los sistemas informáticos que hoy son parte del fútbol. Sin formación, sin apoyo y sin herramientas, es muy difícil crecer y sostener el arbitraje».





