29.1 C
Salto
lunes, febrero 16, 2026
Columnas De Opinión
Leonardo Silva Pinasco
Leonardo Silva Pinasco
Periodista en diario El Pueblo, Canal 4 de Flow, Radio Arapey.

APUNTES EN BORRADOR N° 952

Edición Año XVIII N° 952, lunes 15 de febrero de 2026

THERIANS. Uno no sabe si tomar este tema en serio o en broma, pero lo cierto es que está ya en nuestra sociedad, en nuestros jóvenes, y merece un somero análisis de lo que está pasando. Y en lugar de preguntar a nuestros jóvenes qué les pasa, debemos también tener una mirada hacia nuestro interior, porque ellos son también un producto de nosotros.

Lo cierto es que en los últimos años, el fenómeno de los therians —personas que se identifican espiritual, psicológica o simbólicamente con animales no humanos— comenzó a asomar tímidamente en el debate público de nuestro país. Aunque minoritario y muchas veces invisibilizado, el tema interpela a la sociedad desde preguntas profundas sobre identidad, pertenencia y los límites culturales de lo humano.

Desde una mirada sociológica, el surgimiento de estas expresiones identitarias puede leerse como parte de un proceso más amplio de fragmentación y diversificación de las subjetividades contemporáneas. En un contexto donde las instituciones tradicionales —familia, religión, trabajo— han perdido capacidad de ofrecer sentidos totalizantes, muchas personas buscan marcos alternativos para narrarse a sí mismas. El therianismo aparece así como un lenguaje identitario que permite explicar sensaciones de extrañamiento, disconformidad corporal o emocional, y la necesidad de conexión con algo percibido como más auténtico o primigenio.

La antropología, por su parte, aporta claves relevantes. Lejos de ser una “novedad extravagante”, la identificación con animales tiene raíces profundas en la historia humana: totemismos, chamanismos y mitologías de pueblos originarios han concebido desde siempre una frontera porosa entre lo humano y lo animal. La diferencia central es que hoy estas experiencias se expresan en sociedades urbanas, secularizadas y altamente medicalizadas, donde cualquier desvío de la norma tiende a ser patologizado o ridiculizado.

En Uruguay, que es un país de fuerte impronta racionalista y laica, estas identidades chocan con una cultura que privilegia la moderación y la homogeneidad. El desafío social no pasa necesariamente por comprender o compartir estas vivencias, sino por debatir cómo convivir con expresiones identitarias que incomodan los consensos culturales. Ignorarlas o estigmatizarlas solo refuerza el aislamiento.

El fenómeno therian obliga, en definitiva, a una pregunta más amplia, ¿cuánta diversidad simbólica está dispuesta a tolerar una sociedad que se piensa abierta, pero que aún teme lo que desborda sus categorías clásicas?

Además, el papel de las redes sociales resulta central para comprender la visibilidad creciente de los therians. Estas plataformas funcionan como espacios de legitimación simbólica, donde experiencias que antes quedaban en la intimidad encuentran comunidad, lenguaje y reconocimiento. Al mismo tiempo, amplifican reacciones de burla, rechazo o moralización, exponiendo tensiones propias de una sociedad que oscila entre la tolerancia discursiva y la incomodidad práctica frente a lo diferente. En ese cruce, el debate sobre los therians no habla solo de ellos, sino de una época marcada por la búsqueda de identidad en un mundo acelerado, hiperconectado y cada vez más incierto sobre qué significa hoy “ser humano”.

Hasta la semana que viene… y tilo pa’la barra!

Enlace para compartir: https://elpueblodigital.uy/8605