Edición Año XVIII N° 950, lunes 2 de febrero de 2026
FEBRERO. Finalmente cumplimos, sobrevivimos al primer mes del año, al que llegamos como aquel que se atreve a atravesar el desierto del Sahara sin agua ni comida, porque al final uno se siente así.
Haciendo los mandados del mediodía de ayer domingo, recorriendo la ciudad, pudimos apreciar al supermercado de avenida Barbieri que estaba desbordante de gente un primer día de mes, y la pregunta que se nos cayó era de cajón ¿quién cobró? Enseguida nos acordamos de los maestros y de los municipales. Son de esas cosas que ya forman parte del ingenio popular, en donde uno se pregunta y se contesta solo.
El símil del sobreviviente de este primer párrafo refiere básicamente a un sentimiento que pasa a formar parte de una especie de estado del alma, enero es considerado el mes más largo del año, pese a tener la misma cantidad de días de siete meses en doce del año. Sin embargo, por una cuestión casi de física cuántica, se nos ocurre que es el más largo. El problema debe ser parte de la relatividad de hacer pomada la plata del sueldo en la primera semana del mes con regalos de reyes y pagando cuentas de navidad y año nuevo, cosa que cuando cambiamos de mes, es como que emergemos de la profundidad del río que nos ahogábamos y enseguida aspiramos una gran bocanada de aire, como para insistir que estamos vivos y que hemos logrado sobrevivir a ese primer mes.
Lo bueno de febrero es que es un mes corto, de apenas 28 días (al menos este año que no es bisiesto), que además tenemos Rutas de América y un carnaval a tope, ya haciendo planes pensando en turismo que tenemos cada vez más cerca, con el anuncio del retorno a Salto de la Vuelta Ciclista luego de muchos años, y la discusión de por dónde ingresará a la ciudad, teniendo en cuenta que todas nuestras calles están destrozadas.
*
PENDIENTES. Una sugerencia adicional que espero sea tomada como crítica constructiva, en la recorrida de ayer haciendo los mandados domingueros de rigor, noté en veredas y calles la aparición de yuyos de un tamaño bastante visible que afean el paisaje cotidiano de la ciudad.
A esto debe sumarse una altura molesta del pasto en la Ciclovía camino a las termas, así como también en otros paseos públicos que ya la gente comenzó incluso a comentar en sus redes sociales con fotos que lo demuestran. Es una realidad que hay que atender.
*
ORFANDAD. Uno, como habitante del litoral oeste de nuestro país, con este gobierno sigue teniendo la misma sensación de orfandad que con el gobierno anterior. No hay medida del gobierno nacional que atienda la diferencia en materia de precios en ambas márgenes.
Es más, cuando el año pasado vino a Salto el Ministro de Economía invitado por nuestras cámaras empresariales, sacó la pelota del Centenario y la puso en el Dickinson, como diciendo que la responsabilidad de sacar adelante la economía local y regional era nuestra, haciendo la gran Poncio Pilato. Así, no hay chapulín que nos salve.
Hasta la semana que viene… y tilo pa’la barra!





