Edición Año XVIII N° 946, lunes 5 de enero de 2026
VÍSPERAS. En esta primera columna periodística del año de los días lunes, me permito el atrevimiento de escribir sobre un tema porque estoy seguro que las nuevas generaciones de niños no leen los diarios, aunque reivindico que antaño sí lo hicimos. Aún recuerdo las tiras caricaturescas de Tarzán de El Día, o de Olaf el vikingo en La Mañana o de Mafalda en El País, al menos a la gente menuda nos atrapaban por ahí, luego saltábamos a las páginas finales de cada diario donde se hablaba de los deportes y donde podíamos ver fotos de los colores de nuestra camiseta. Luego, lo demás, lo miraba por arriba sin entender.
Lo cierto es que hoy estamos en vísperas de la llegada de los Reyes Magos, donde en nuestra niñez la magia de darle de comer y beber a los camellos o dejar galletitas para los Reyes si también tenían hambre por tan larga jornada, era solo igualada por la llegada de los regalos. Por lo general, nunca coincidía la carta que había hecho con lo que recibía, y las clásicas excusas de mis padres tratando de justificar cierta negligencia monárquica.
Magia que comprendí cuando tuve que asumir el rol que tenían mis padres, preparando el escenario junto a mi pequeño hijo de comida para los camellos (pasto y agua), y una vez que se dormía, como siempre fui de acostarme tarde, me encargaba de desparramar el pasto y tirar algo de agua para dejar la sensación que alguien había estado comiendo y bebiendo lo que habíamos dejado. La magia del momento se veía en la carita de mi hijo cuando descubría que efectivamente habían estado los Reyes porque sus camellos habían comido lo que le habíamos dejado. Luego venía la carita del disfrute y emoción al abrir los regalos.
Esa emoción quedó en los lindos recuerdos vividos pues mi hijo con 20 años hace rato que supo la verdad, aunque siempre algo encuentra en su zapatito, como me pasaba con mi padre hasta que falleció. El legado se mantiene.
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CONTRADICCIONES. Y volviendo a nuestra realidad, la noticia de la semana con la que comenzamos el año y que seguramente dará bastante tela para cortar de aquí en más, fue la invasión armada de Estados Unidos a Venezuela para levantar a un par de pasajeros en un operativo relámpago de lo que seguramente pronto habrá una película.
Tengo claro que Nicolás Maduro es o era un dictador, con presos, perseguidos y asesinatos políticos, donde además los derechos individuales de los ciudadanos venezolanos no eran respetados, llegando al extremo de fraudes electorales para perpetuarse en el poder.
Nuestro país es un cúmulo de contradicciones en muchos temas, pero centrémoslo solo en lo ocurrido este fin de semana. Solo en este episodio se rompieron algunos principios fundamentales del derecho Internacional, como por ejemplo, la igualdad soberana entre los Estados, la no intervención en los asuntos internos, prohibición del uso de la fuerza, solución pacífica de controversias, autodeterminación de los pueblos e integridad territorial, por citar solo algunos. Todos quienes han hecho gárgara hasta este fin de semana del respeto al Derecho Internacional terminaron prefiriendo lo político a lo jurídico, algo que han criticado legítimamente en los últimos 21 años.
Pero parece que también es cierto que en algunas circunstancias los polos opuestos suelen coincidir, porque quienes nunca clamaron por paz y democracia durante la gestión de Maduro o el respeto a las normas jurídicas por sobre lo político, ahora lo reclaman. En fin.
Hasta la semana que viene… y tilo pa’la barra!






