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jueves, abril 3, 2025
Columnas De Opinión

Apuntes en borrador

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CONTINUACIÓN… seguimos delineando estos primeros apuntes que no son más que un borrador de una historia que venimos escribiendo cada lunes desde esta columna.


QUINCE. (Así terminábamos la semana pasada).

  • Báez, puede irse.
  • ¿Sabe quién soy?
  • Sí, claro.
  • Y si sabían, ¿por qué me hicieron pasar la noche en esta celda?
  • ¿En serio? ¿No lo sabe?

Unos minutos en el futuro…

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Algo que ladeaba la obviedad, los policías no quieren a los periodistas. Lo habían dejado toda la noche en la celda para que se enfriase y así darle unas horas para que reflexionase lo que estaba haciendo. Lo que no entendían quienes no hacían otra cosa que ponerle obstáculos, es que cada paso que lo hacían retroceder, Báez redoblaba sus ganas para desentrañar el misterio. Así es, Báez ya había catalogado como misterio la muerte de un matrimonio por efecto de una nueva cepa del COVID y que las autoridades se negaban a reconocer. Y cuando hay un misterio, alguien debe desentrañarlo.

Báez no era detective, y aunque era periodista, había adquirido algunas mañas de su detective favorito a la hora de hacer investigaciones para su diario. Se sentó una vez más en su sofá predilecto frente a una estufa apagada donde solo quedaban unas añejas cenizas, recuerdos de una vida pasada. Comenzó a pitar su pipa electrónica y a pensar. Solo tenía que observar y analizar las evidencias que tenía enfrente y tratar de encontrar la pista que lo pusiese en camino de la revelación.

El policía que lo detuvo en la casa del matrimonio que había fallecido por COVID había dicho que alguien más había estado antes en esa casa porque ya había denuncias anteriores de invasión de esa propiedad. ¿Coincidencia? Si alguien más estuviese interesado en hacer desaparecer pruebas sobre lo que le había pasado a ese matrimonio, ¿qué se llevarían?

Recordó entonces que la computadora y cualquier libreta de apuntes que pudiera haber tenido el escritor, que como el mismo Báez entiende, nunca se sabe cuándo puede surgir una idea para escribir luego, por lo que siempre se debe tener algo a mano para anotar. Nada había quedado en el escritorio de la víctima. ¿Qué podría saber este escritor que tuvieron que hacer desaparecer su computadora y sus apuntes? ¿En qué estaba trabajando?

Volvió a tomar su libreta con sus esquemas, cotejó algunas fechas. Saltó a su computadora para revisar la edición digital de su diario. Buscó algo extraordinario que hubiese pasado en los días previos a la internación del matrimonio. Las horas pasaron volando hasta que su instinto apuntó a un siniestro de tránsito donde había muerto un médico apenas una semana antes de la internación, a tan solo una cuadra de donde vivía el escritor.

Sus ojos brillaron.

(Hasta la semana que viene…).

Por: Leonardo Silva

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