Andrés Stabile repasó sus inicios musicales, el legado familiar y los 25 años de A Plena Samba, una historia marcada por pasión y gratitud.
«Andrés Stabile: una vida marcada por la música y el legado familiar»
La música ha sido el hilo conductor de la vida de Andrés Stabile desde que era apenas un niño. Criado en una familia donde las melodías formaban parte de la vida cotidiana, encontró en la guitarra y en el escenario mucho más que una pasión: descubrió una forma de expresarse, de compartir emociones y de construir una historia que ya lleva más de dos décadas acompañando a miles de personas en cada presentación. Detrás de cada show, de cada canción y de cada aplauso existe un recorrido marcado por el esfuerzo, el aprendizaje constante y, sobre todo, por el amor incondicional hacia la música.
Los recuerdos de su infancia ocupan un lugar muy especial en ese camino. Fue su abuelo quien, casi sin saberlo, sembró una semilla que con el paso de los años crecería hasta convertirse en una verdadera forma de vida. Aquellas tardes en las que lo llevaba a un pequeño boliche del barrio para cantar folclore, tango y milonga quedaron grabadas para siempre en su memoria. Mientras el abuelo pasaba la gorra entre los presentes y él regresaba corriendo a su casa, feliz por haber cantado y por haber ganado unas monedas, comenzaba a escribir las primeras páginas de una historia que hoy sigue vigente. También fueron sus padres quienes apostaron por ese sueño regalándole su primera guitarra, mientras que su abuelo le obsequió tiempo después su primera guitarra eléctrica, instrumentos que marcaron diferentes etapas de su crecimiento artístico.

Con apenas 12 años llegó la primera experiencia sobre un escenario, aunque para Andrés el verdadero escenario había comenzado mucho antes, entre reuniones de amigos, guitarreadas y esos pequeños momentos que terminaron formando al artista que es en la actualidad. Junto a su hermano Pablo compartió desde muy pequeño el gusto por la música, estudiando distintos instrumentos y creciendo en un ambiente donde el arte siempre estuvo presente.
Esa pasión encontró un nuevo capítulo en el año 2001 con el nacimiento de A Plena Samba, una banda que comenzó interpretando exclusivamente samba para animar fiestas y eventos sociales, pero que con el paso del tiempo supo reinventarse, incorporar nuevos ritmos y construir una identidad propia que la convirtió en una de las agrupaciones más reconocidas de la región. Cumbia, plena, candombe y otros géneros comenzaron a fusionarse en un repertorio que fue creciendo junto a las exigencias del público y a la evolución musical de sus integrantes.
A lo largo de estos 25 años de trayectoria junto a la banda, Andrés ha vivido innumerables anécdotas, kilómetros recorridos, escenarios compartidos y desafíos que lo fueron fortaleciendo tanto en lo profesional como en lo personal. Sin embargo, asegura que el compromiso sigue siendo exactamente el mismo que el primer día. No importa si delante del escenario hay diez personas o miles; cada presentación merece la misma entrega, el mismo ensayo y la misma responsabilidad. Para él, cuidar el espectáculo significa respetar al público que continúa confiando en la banda después de tantos años.
Pero detrás del músico también hay un hombre profundamente familiar y agradecido. Junto a su esposa Soledad y sus dos hijos, Luciano y Olivia, encuentra el motor que impulsa cada uno de sus proyectos. Al mismo tiempo, cada vez que sube al escenario, los recuerdos de sus padres, de sus abuelos y de toda esa historia que lo llevó hasta allí vuelven inevitablemente a su memoria, recordándole el enorme camino recorrido y el valor de cada sacrificio realizado.
En esta historia de vida, Andrés Stabile abre las puertas de sus recuerdos para compartir cómo nació su vínculo con la música, el papel fundamental que tuvo su familia en ese proceso, el crecimiento de A Plena Samba, las enseñanzas que le dejaron más de dos décadas sobre los escenarios y la emoción que todavía siente cada vez que comienza un nuevo show. Un recorrido cargado de nostalgia, gratitud y pasión por un oficio que, lejos de ser simplemente un trabajo, se ha transformado en una forma de vivir y de transmitir alegría a través de cada canción.
Por tal motivo, el protagonista de la historia de vida de hoy es Andrés Stabile.
¿Cómo está compuesta tu familia?
«Mi señora, Soledad, mis dos hijos: Luciano, que cumplió 3 años, y Olivia, que en septiembre cumple un añito.»
¿Cómo empieza esta linda locura del tema de la música?
«La música empezó desde muy chicos con mi hermano Pablo. A los 7 u 8 años, los padres nos regalaron una guitarra a mí y un órgano a Pablo, y ahí empezamos a estudiar música. Mi familia es muy de la música, muy divertida, y ahí comenzamos a aprender guitarra y órgano.»
¿La primera vez que te subiste a un escenario?
«A un escenario en sí fue cuando salí de la escuela, cuando tenía 12 años. Pero los primeros pasos siempre los cuento: cuando yo empecé a aprender guitarra, mi abuelo me llevaba a un boliche donde se reunía con todos los amigos, quedaba a una cuadra de casa, y yo iba a cantar temas de folclore, tango, milonga, de todo. El abuelo pasaba la gorra y los parroquianos y toda la gente daban plata. Ahí me daba la plata y yo me iba de ese boliche corriendo para casa porque era todo oscuro, todo baldío, feliz. Entonces le decía a mi profesor que, por favor, me enseñara más canciones. Fue una experiencia espectacular, muy linda. Ahí fueron mis comienzos.»
Qué increíbles las huellas que nos dejan los abuelos
«Sin duda. Mi primera guitarra eléctrica me la compró mi abuelo. La primera guitarra me la compraron mis padres y la primera guitarra eléctrica me la compró mi abuelo.»
¿Cómo comienza A Plena Samba?
«Nace el 5 de mayo del año 2001. Cuando formamos la barra ya veníamos de algunas orquestas. Ahí nos juntamos y formamos A Plena Samba por el tema del cotillón para las fiestas. Hacíamos solamente samba cantado. Yo tocaba el bajo, mi hermano tocaba el teclado, trompeta, paila, bombo, redoblante, todo eso. Hacíamos samba y, después, a medida que fuimos tocando, fuimos incorporando géneros musicales. Nosotros nos dábamos cuenta de que hacer solo samba como que cansaba también. Cuarenta minutos tocando samba al principio era buenazo porque la gente estaba bailando, pero después como que empieza a cansar. La misma gente y la exigencia nos fueron exigiendo que teníamos que ir incorporando nuevos géneros y, después, para poder tocar en otros lados también, salir un poco de las fiestas. Ahí empezamos, compramos las tumbadoras, guitarra y algunas cosas más, y empezamos con el tema de la cumbia, un poco de plena, candombe, a buscar todos los géneros y fusionar todo.»
¿Te acordás del primer tema que cantaron?
«El primer tema que grabamos, que lo contamos en todos lados, fue Mal Acostumbrado. Hasta el día de hoy es un clásico, un tema que nos marcó mucho a nosotros. Ese tema es el primero que yo grabé.»
Te divertís mucho en la pista y la conexión que tenés con el público. «Yo disfruto mucho, amo la música, me encanta la música. Consumimos música desde muy chiquitos. Nos levantábamos de mañana y el abuelo tenía escuchando tango, folclore, y después yo con mi familia, con mi señora, paseando, tomando un mate un domingo y hay música allá y yo paro. Disfruto mucho lo que hago. Pasan los años, pero yo, gracias a Dios, sigo con la misma energía. El día que no pueda más tendré que colgar los botines, como se dice, pero disfruto lo que hago. Como siempre digo en todos los shows, para mí son todos iguales: tocando para diez personas, quince, veinte, cien o mil, el compromiso es el mismo. Yo soy feliz cuando la gente nos contrata y sigue confiando. Esos 45 minutos que estoy en el escenario me olvido de todo y disfruto lo que hago, y la idea es que la gente disfrute lo que hacemos.»
25 años de la banda. «25 años de la banda y de música mucho más.»
Me imagino la cantidad de anécdotas
«Sin duda, experiencias, aprendizaje, y seguimos aprendiendo.»
¿Alguna vez te olvidaste de alguna letra?
«Sí, varias veces, un montón, y me sigue pasando. Ahí le metemos alguna letra que no es», (lo dice entre risas), «una palabra que no es, o hacemos cantar a la gente, la típica esa. Pero sí, es parte de… La música en vivo tiene esas cosas, equivocaciones y todo.»
Qué lindo debe ser cada ensayo, porque siguen ensayando. «Por supuesto. Es lo que siempre digo: cumplimos 25 años y la banda labura y todo. Nosotros seguimos con las mismas exigencias y compromiso del primer día. Tenemos que cuidar el producto que hacemos, y cuidar el producto requiere mucho trabajo, mucho ensayo. Las épocas van cambiando y los gurises van escuchando géneros nuevos, y nosotros tenemos que ir adaptándonos a los tiempos, siempre tratando de hacer el estilo de nosotros. De todo género que sale, reggaetón, lo que sea, siempre tratar de acomodarlo al género que nos gusta a nosotros, con trompeta. Pero tenés que ir actualizándote y eso requiere ensayo. Hay que ensayar, mucho trabajo, mucho compromiso para cuidar el producto y que la gente siga confiando en nosotros.»
¿Para Andrés qué es la música?
«Es una parte importante de mi vida. Está mi familia y la música.»
«Soy muy agradecido por lo que viví y lo que estoy viviendo con la música. Muy agradecido a mis viejos por inculcarnos la música. La verdad es que estamos sumamente felices.»
Cuando subís al escenario, ¿de quién te acordás primero?
«Yo soy muy sentimental, soy muy nostálgico. Me pasan cosas así. Me viene mi familia, mis abuelos, mis viejos, me vienen a la mente. Cuando vamos a un lugar, el año pasado fuimos al Prado de Montevideo, la experiencia de ir allá… Entonces vas viajando en el tiempo y decís: qué lindo lo que hemos logrado. Te valorás vos mismo, todo tu esfuerzo, el trabajo y la dedicación que le diste, y te está premiando de alguna forma.»
¿Y te acordás de aquel niño que iba con el abuelo a cantar folclore?
«Sí, me acuerdo, sí. Nunca lo dejé. Cada vez que toco la guitarra en una reunión familiar o en algún asado, me salen los temas del abuelo, los que cantábamos con el abuelo, y se te vienen a la mente todas esas vivencias que viviste.»






