La Asociación Cristiana de Jóvenes de Salto celebra 62 años promoviendo valores, inclusión y liderazgo juvenil.
En el marco de un nuevo aniversario de la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) de Salto, su director, Carlos Calisto, repasó la historia, los desafíos y el presente de una institución que, con 62 años de vida en la ciudad, continúa apostando a la formación de jóvenes y al fortalecimiento comunitario.

Fundada el 30 de abril de 1964 como filial de la ACJ de Montevideo, la sede salteña es la más joven dentro del movimiento en Uruguay, aunque su trayectoria la posiciona como un actor consolidado en el entramado social local. “Es curioso pensar que somos la más joven y ya tenemos más de seis décadas. Eso habla de continuidad, pero también de adaptación”, reflexionó Calisto.
El director explicó que la ACJ forma parte de un movimiento mundial con origen en Londres en 1844, cuando un grupo de jóvenes trabajadores impulsó espacios de encuentro y formación en plena revolución industrial. “Ese espíritu se mantiene: jóvenes que se reúnen, comparten valores y generan impacto en su entorno”, señaló.
Uno de los aspectos que Calisto destacó especialmente es el protagonismo juvenil dentro de la institución. “La ACJ es de jóvenes y para jóvenes. Aunque quienes estamos hoy tengamos más años, lo importante es que los espacios sigan siendo ocupados por nuevas generaciones”, afirmó. En ese sentido, subrayó la participación de jóvenes salteños en instancias internacionales de formación, como los programas de liderazgo de la región latinoamericana.
“Tenemos varios jóvenes que han participado en procesos formativos de alto nivel, incluso con representación en instancias mundiales. Eso, para una institución del interior, pequeña y con recursos limitados, es muy significativo”, remarcó.
Calisto también hizo referencia a las dificultades estructurales que enfrenta la organización. “Nos sostenemos con recursos propios. No hay financiamiento externo permanente, y eso implica un esfuerzo constante para generar actividades que permitan sostener el funcionamiento”, explicó. A pesar de ello, destacó logros importantes, como la recuperación y climatización de la piscina, un espacio central para las actividades deportivas y de inclusión.
“La piscina que hoy tenemos es fruto de décadas de trabajo. Hubo gente hace más de 40 años que la construyó con los medios que tenía, y nosotros continuamos ese camino con mejoras que permiten ampliar su uso”, relató. Actualmente, este espacio es utilizado tanto para actividades recreativas como para propuestas vinculadas a la salud y la rehabilitación.
Calisto destacó también la labor de Daniela Pintos, estudiante de Educación Física, en el desarrollo del programa de hidroginástica de la ACJ. “No se trata solo de una actividad recreativa para adultos mayores; Daniela ha ampliado el alcance para incluir a jóvenes y distintos grupos de la comunidad. La hidroginástica tiene múltiples beneficios: mejora la movilidad, fortalece músculos y articulaciones, y es especialmente recomendable para personas con problemas de rodillas o patologías cardíacas, ya que el agua reduce el impacto y soporta parte del peso corporal, haciendo que la actividad sea más segura y efectiva”, explicó.
En relación al rol social de la ACJ, Calisto enfatizó que la institución no solo busca brindar servicios, sino también formar ciudadanos comprometidos. “No se trata únicamente de actividades deportivas o recreativas. Hay una intención clara de generar valores, de promover la participación, la solidaridad y el pensamiento crítico”, sostuvo.
Consultado sobre los desafíos a futuro, el director mencionó la necesidad de fortalecer la estructura institucional y ampliar la base de participación. “El recambio generacional es clave. Formar jóvenes que no solo participen, sino que también asuman responsabilidades dentro de la organización es fundamental para la continuidad”, indicó.
Finalmente, en el marco del aniversario, Calisto valoró el camino recorrido y renovó el compromiso con la comunidad. “Llegar a los 62 años no es menor. Pero más importante que mirar atrás es proyectar hacia adelante, seguir siendo un espacio abierto, inclusivo y transformador para los jóvenes de Salto”.
La ACJ celebra así un nuevo aniversario reafirmando su misión: acompañar a las juventudes en su desarrollo integral, en diálogo con los desafíos de cada época.
En esa proyección hacia el futuro, Calisto también hizo hincapié en la importancia de sostener vínculos con otras organizaciones y con el entramado social de la ciudad. “La ACJ no puede pensarse aislada. Necesitamos articular con instituciones educativas, organismos públicos y otras organizaciones sociales para potenciar el impacto”, señaló. En ese sentido, destacó que muchas de las iniciativas que hoy funcionan en la sede local surgen precisamente del trabajo en red y del intercambio de experiencias.
Asimismo, remarcó el valor de la formación no formal como herramienta clave para el desarrollo personal. “A veces se subestima lo que pasa fuera de los espacios educativos tradicionales, pero acá se generan aprendizajes muy profundos: liderazgo, trabajo en equipo, compromiso social”, afirmó. Para Calisto, ese tipo de formación es la que permite que muchos jóvenes encuentren un rumbo y se conviertan en agentes de cambio dentro de sus comunidades.




