Oficina Regional Litoral Norte, División Suelos y Aguas.
El Día de la Conservación del Suelo, constituye una jornada de reflexión acerca de la importancia de este recurso y la necesidad de su conservación como elemento fundamental en la producción de alimentos y otros productos agropecuarios.
Con muy buen criterio se ha afirmado que los primeros 20 centímetros de la corteza terrestre, alimentan al mundo. Ocurre que es allí donde las raíces de nuestros cultivos de trigo, avena, cebada, maíz, arroz, soja, girasol, tomate, hortalizas y frutales en general, encuentran la mayor parte de los nutrientes que necesitan para su desarrollo. Es también allí donde las pasturas que alimentan al rodeo lechero nacional, al ganado de carne, al ovino, etc. desarrollan sus raíces y se nutren.
El suelo en esos primeros centímetros, es un formidable manto sobre la superficie terrestre del planeta que a lo largo de siglos y milenios, regido por ciclos naturales, ha venido formándose, desarrollándose y enriqueciéndose de elementos necesarios para el desarrollo de las plantas.
Se estima que hace unos 10.000 años el hombre descubrió y comenzó a utilizar concientemente el suelo como recurso. En ese momento pasó de ser recolector a un incipiente agricultor.
La necesidad de la conservación de su productividad, fue advertida desde hace siglos. Culturas milenarias consideraban la conservación del suelo una tarea fundamental para la supervivencia de sus pueblos.
Con el desarrollo de la mecanización en la agricultura y el olvido de los criterios conservacionistas, amplias áreas de la superficie agrícola mundial ha sufrido una pérdida de suelos como consecuencia de la erosión hídrica.
Nuestro país, lamentablemente no ha estado libre de ese fenómeno. Ello fue advertido ya hace mucho tiempo. Por ello en la década del 50 el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca crea la Central de Maquinaria y Conservación de Suelos, la cual fue dotada de un equipo de técnicos y maquinaria y apostó al uso de la terraza como herramienta para controlar los escurrimientos y encauzar los excedentes de aguas de las chacras a una velocidad controlada evitando la erosión.
Pasada la mitad de la década del 60 se crea dentro de la estructura de la Dirección General de Recursos Naturales (RENARE), la Dirección de Suelos y Fertilizantes a la cual se encarga la tarea de realizar el relevamiento de suelos de todo el país, lo que permitió en pocos años que el Uruguay contara con un mapa de suelos a nivel nacional y una información muy importante a nivel predial. Ello lo colocó a nuestro país a la vanguardia en el conocimiento de los suelos del país. Era la primera nación en toda América Latina en disponer de esa información.
Ese trabajo, permitió delimitar las áreas afectadas por erosión y estimar el grado de erosión. El estudio arrojó cifras alarmantes. El Uruguay tenía el 80 % de sus tierras agrícolas afectadas por algún grado de erosión. La agricultura extensiva era la responsable de aquella
Nuevas ideas acerca de la conservación de suelos surgían. La construcción de terrazas era costosa, la Central de Maquinaria y Conservación de Suelos había desaparecido y la utilización de las fajas empastadas a nivel y el laboreo siguiendo las curvas de nivel pasan a considerarse una alternativa interesante. El arrastre se podía disminuir hasta en un 75 %.
Con el conocimiento de los suelos comienza a pensarse en la intensidad del uso que cada suelo soportaría sin disminuir su capacidad productiva. Comienza a utilizase la Clasificación de Capacidad de Uso de las Tierras promovida por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos; una sencilla herramienta que permite determinar la intensidad del uso que debería darse a cada suelo.
Junto con ello, se pone énfasis en la rotación de cultivos con praderas de gramíneas y leguminosas, lo cual facilitará la recomposición de algunas propiedades del suelo que pueden verse afectadas por uno o más años de agricultura.
Poco tiempo después la Dirección de Suelos se fusiona con la Dirección de Aguas y pasa a denominarse División de Suelos y Aguas (DSA).
Por entonces, algunos sectores comienzan a impulsar el uso de la siembra directa como alternativa definitiva para el control de la erosión. Sin embargo al cabo de pocos años se pudo comprobar que la siembra directa por si sola no evitaba el riego de erosión.
Mientras tanto, desde la División de Suelos y Aguas se impulsó la aprobación de la Ley 15.239 que refiere al Uso y Conservación de los Suelos y de las Aguas.
En el marco de la aplicación de esta ley y sus decretos reglamentarios, la DSA ha venido realizando inspecciones, campañas, charlas, jornadas, etc. En ellas se promueve el no uso de las denominadas, malas prácticas agrícolas.
En las últimas dos décadas, en un acuerdo con la Dirección Nacional de Hidrografía (ahora DINASA), se ha desarrollado una notable experiencia conservacionista en las áreas de cultivos regados. En particular aquí en el norte de nuestro país, el desarrollo del cultivo del arroz ha sido acompañado de un creciente control sobre el uso del suelo y del agua. Se han creado las Juntas Regionales Asesoras de Riego del Río Cuareim, del Río Uruguay Norte y del Río Uruguay Centro. Estas juntas están integradas por representantes de DINASA, DSA y de productores. Ellas son las que en primera instancia dan su opinión sobre la conveniencia de cada proyecto de riego que se presenta.
Todo proyecto de cultivo regado, para su ejecución, requiere de la previa presentación y aprobación de un Plan de Uso y Manejo de Suelos y Aguas. El estudio lo realiza la DSA y la aprobación la hace efectiva al RENARE. Ello constituye una experiencia inédita que el MGAP hoy está estudiando llevarla a las áreas de cultivo en secano.
Téc. Rural Juan Carlos Palacios, Oficina Regional Litoral Norte, División Suelos y Aguas





