Dábamos cuenta en anteriores ediciones de la publicación de un nuevo libro del profesor y psicólogo Jesús Arbiza, ex sacerdote, oriundo de Bella Unión aunque nacido en Salto, donde reside. El libro se titula «Huellas – Miradas latinoamericanas- El ayer de nuestro mañana». Lo que sigue es parte del diálogo que mantuvo con EL PUEBLO:
-Un nuevo libro…¿Cuál ha sido el proceso para llegar a él?
A lo largo de muchos años de estudios diversos he intentado sistematizar distintos aspectos de disciplinas variadas, pero con un tronco común: las humanidades. Desde muy chico me asiste una inmensa curiosidad por el saber y la búsqueda del mismo. La Escuela Publica número 3 (María Orticochea) a la que asistí en mi Bella Unión querido acrecentó ese deseo, como así el liceo público de la misma ciudad en la que cursé mis estudios secundarios. Nunca fui un alumno destacado, del montón, un 8 o 9 diríamos hoy (risas). Compartía ese deseo con la pasión por el Fútbol. Hijo de una madre maestra y un padre comerciante que apenas terminó sexto de escuela, pero con un conocimiento de la Historia del Uruguay como pocos en este país, ganado en lecturas autodidactas. Me crié viendo a mi padre leer mucho, le gustaba saber sobre historia e historias. Como decía él: «de un buen conocimiento de la historia depende nuestra convivencia democrática y se desarrolla el pensamiento crítico». De mis padres y sus familias respectivas heredé la fe y el conocimiento de Jesús de Nazaret. El cristianismo me nutrió desde muy pequeño en una Iglesia comprometida con la causa del Pueblo y sobre todo con la opción preferencial por los más pobres. Yo conocí una Iglesia perseguida por la dictadura militar y el exilio de su Pastor fue el testimonio más certero de esa experiencia, y con él muchos perseguidos y calumniados injustamente. Algunos hasta hoy desaparecidos. Recuerdo con mucho cariño a veces aquellas jornadas de jóvenes de pastoral juvenil que reunían en un país en dictadura a más de diez mil jóvenes. Los scouts y sus campamentos como así los trabajos en los distintos barrios y pueblos de campaña. Toda esa riqueza humana y cristiana se cristaliza en mi formación para el sacerdocio (7 años en la Capital). Tres años de Filosofía (Humanidades) y cuatro de Teología en la Facultad de Montevideo (Mariano Soler). Recuerdo con mucho cariño esos años jóvenes de aprendizajes y búsquedas.

-¿Y después?
La actividad pastoral, cuatro años en Artigas que me dejaron mucho. Trabajo con la gente en los barrios y en la campaña. Trabajo con los jóvenes que fue mi gran desvelo desde siempre: ¿Qué les queda a los jóvenes? Dice el poema de Benedetti. De la formación de los jóvenes depende el futuro. Luego, Roma. Estudiar nuevamente. Una maestría en Teología en la Universidad Gregoriana. Vivir dos años en la ciudad más cosmopolita que conocí, diversa, rica en cultura occidental, aprender, conocer, escuchar esas piedras que hablaban de batallas, pueblos, luchas, miedos, etc. La Universidad me dio estructura académica, aprender a investigar, a estudiar, ¡a pensar…buena universidad la de los jesuitas! Luego, volver al trabajo pastoral en Paysandú, Quebracho, Salto y Bella Unión. Luego la ruptura, el enamoramiento, la familia. Estudié el profesorado de Filosofía semi libre en el IPA y me recibí de docente de Filosofía. Luego la Psicología, la Universidad nuevamente. Me recibo de psicólogo en el año 2018.
-¿Por qué un libro?
Si bien ya había escrito dos libros, entiendo que el mismo es un esfuerzo por sistematizar algo que hiciste. Este libro es el fruto de muchos años de aprendizajes, de lecturas, de búsquedas…Yo considero que esos textos, esas experiencias, esas vivencias y lecturas nos van formando, van construyendo nuestra estructura humana. Es ahí, cuando termino la carrera de psicología, que comienzo a juntar esos diversos «textos escritos» que fui elaborando a lo largo de los años y comienzo a pensar en la idea de juntarlos a todos para que hablen de una buena vez. Es así que surge la idea de armar un texto único que integre todos esos textos. Comienzo a pensar en dónde puede estar la unidad de esos textos…
-¿Y dónde está la unidad de esos textos?
En Latinoamérica. Leo un libro de una entrevista que un periodista argentino le hace al Papa y se me prende la lamparita. El libro es sobre Latinoamérica. Allí veo la importancia de esa unidad geo política y simbólica que representa América Latina. El Papa Francisco me invita a través de esa entrevista a pensar que las unidades de mis textos están allí, en Latinoamérica como pensamiento fermental y diverso. Veo que la mayoría de esos textos que fui escribiendo a lo largo de los años de estudio abrevaban en esas fuentes latinoamericanas. Es así que me decido a construir un texto único que permita recoger todos esos textos.
-¿Y el nombre?
Huellas…Surge intentando una palabra que uniera todo aquello. Y pregunto: ¿Qué son todos estos escritos? Huellas, me sale. Huellas de un pasado que está siendo en un futuro por venir. Por eso el ayer de nuestro mañana. Huellas de un ayer que nos proyectan a un mañana mejor. Soy un defensor del pensamiento utópico…yo tendría que haber nacido en el Renacimiento (risas).
-¿Por qué firma el libro como «Jesús Arbiza (el menor)»?
Larga historia….Todos saben que me llamo igual que mi Padre…Había un sacerdote amigo de casa que cuando llegaba a la misma a buscarme para ir a los pueblos de campaña le decía a mi madre: ¿Está el menor? Para distinguirme de mi Padre. A mí me gustaba mucho eso, porque siempre fui un gran amigo de mi viejo y lo tengo como un referente en todo. Era un orgullo para mí ser el menor de dicho nombre: Jesús Arbiza. Cuando fui a Italia visité Asís tres veces, la tierra de San Francisco, que le gustaba usar el nombre del menor como minoridad, como simplicidad en la búsqueda de la humildad y la pobreza radical. Siento que la vida de San Francisco y la revolución silenciosa que hizo en la Iglesia nos dice mucho. Ser el menor es andar por el camino de la pequeñez, de la sencillez. Es ser un cristiano «de a pie» a la intemperie y sin otro escudo que el Proyecto de Jesús. Dice Jesús en el Evangelio: «Te doy gracias, padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños» (Mateo 11, 25).
-Por último: ¿Cuatro disciplinas en un libro? Teología, Filosofía, Pedagogía y Psicología.
Sí. Son las disciplinas que estudié de forma académica y sistemática. Ahora estoy con la Pedagogía porque siempre fue mi norte. Mi abuela era maestra, mi madre también. Soy y me siento un educador, esa es mi vocación más genuina. Siento que debo comunicar algo, ayudar y acompañar a pensar críticamente a los jóvenes. Ese es el desafío que tengo actualmente. Siento que más allá de las disciplinas somos Educadores. En este mundo tan fragmentado y violento alguien tiene que decirle a los jóvenes que las palabras pesan más que las armas…no hay futuro sin palabras. Decía Aristóteles: «los animales tienen voz, el ser humano la Palabra». El grito, el golpe, las armas matan. Las palabras dan vida, crean, construyen.
Jesús Arbiza, ex sacerdote, publicó un nuevo libro convencido que «las palabras pesan más que las armas»
Enlace para compartir: https://elpueblodigital.uy/3oq4




