
Matías Presa ganador en la llegada Salto


Bajo un sol agobiante y en condiciones realmente exigentes, con temperaturas que superaron los 35 grados y una humedad sofocante, la ciudad de Salto volvió a vibrar con la llegada de la Vuelta Ciclista del Uruguay tras 15 años de ausencia. Y no fue un regreso más: fue una verdadera fiesta popular, de esas que quedan grabadas en la memoria colectiva.
La gente respondió como en las viejas épocas. Familias enteras se volcaron a las calles, ocupando cada tramo del recorrido, con banderas, camisetas y una pasión renovada. La postal también reflejó el paso del tiempo: ya no solo radios pegadas al oído, sino celulares siguiendo cada detalle de la carrera, conectando tradición con modernidad en una jornada cargada de emoción.
El ingreso de la caravana fue sencillamente espectacular. Las principales arterias de la ciudad se transformaron en un escenario vibrante, donde el ciclismo volvió a ocupar ese lugar especial que históricamente tuvo en el corazón de los salteños. Fue un reencuentro con una identidad deportiva que parecía dormida y que hoy despertó con una fuerza arrolladora.
En lo deportivo, la definición estuvo a la altura del contexto. Desde el cruce del puente de Aymán se desató una batalla intensa entre nueve ciclistas que se jugaron todo hasta el último metro. Y en ese final electrizante, fue Matías Presa, representante del Club Ciclista Cerro Largo, quien logró imponerse por escasos centímetros, desatando el festejo en una llegada apretadísima.
Intendente y la bajada de bandera
La bandera a cuadros, bajada por el intendente Carlos Albisu, selló una jornada que tuvo todos los condimentos: emoción, esfuerzo, historia y un profundo sentido de pertenencia.
Más allá del resultado, lo que quedó claro es que Salto sigue siendo tierra de ciclismo. Y que cuando la Vuelta vuelve, el pueblo responde. Porque no fue solo una etapa más: fue el regreso de una pasión.
La etapa; Nuevo Berlin – Salto 199 kmts.
La etapa que marcó el regreso de la Vuelta a Salto después de 15 años tuvo todos los condimentos de una jornada inolvidable: calor sofocante, desgaste extremo y una definición vibrante que terminó consagrando a Matías “El Piojo” Presa como el más fuerte del día.






Fotos Vicente Massarino
El hombre del Cerro Largo apareció en el momento justo, imponiéndose en el sprint de un selecto grupo de nueve fugados que rompieron la carrera y le dieron un marco espectacular a los últimos kilómetros. No fue una victoria cualquiera: fue de esas que se construyen con inteligencia, paciencia y piernas, sabiendo leer una etapa larga (casi 200 km) que exigía tanto en lo físico como en lo táctico.
Detrás suyo, el argentino Lucas Gaday volvió a demostrar una regularidad impresionante. No ganó la etapa, pero hizo exactamente lo que tenía que hacer: meterse adelante, bonificar y quedarse con el liderazgo de la general. Esa consistencia lo posiciona hoy como el hombre a vencer, más allá de que las diferencias siguen siendo mínimas y cualquier descuido puede costar caro.
También es para destacar lo de Ignacio Maldonado, siempre protagonista, y nombres como Quilci y Bonilla que siguen prendidos en la pelea grande. Justamente Bonilla, que venía de ser líder, ahora quedó a solo 4 segundos, lo que deja la clasificación totalmente abierta.
En la general, la carrera entra en una etapa de máxima tensión: Gaday líder, pero con Bonilla y Quilci respirándole en la nuca. Más atrás, Presa dio un salto importante tras su victoria, aunque todavía tiene terreno por descontar.
Y como si fuera poco, lo que viene no da respiro. La etapa Paysandú–Salto, más corta pero seguramente más intensa, puede ser explosiva. Con diferencias tan ajustadas, los ataques pueden aparecer en cualquier momento y los equipos van a empezar a jugar sus cartas más fuertes.
La Vuelta está más viva que nunca. Y Salto fue el escenario perfecto para confirmarlo.





