«Somos rivales deportivos no enemigos», «no más violencia en el deporte», «una vida vale más que una camiseta», decían algunas de las pancartas que portaban los organizadores del encuentro, entre los que se encontraban familiares del joven fallecido (Observador digital).
No más de sesenta personas- algunas con camisetas de Peñarol y de Nacional- se juntaron este domingo a la tarde en el kilómetro 21 de la ruta 8 para manifestarse ante la muerte del joven de 18 años que en la madrugada del jueves cayó baleado en un enfrentamiento entre hinchas de ambos cuadros. Horas antes, la jueza Julia Staricco procesó con prisión al asesino del hincha tricolor, aunque fueron varios los que participaron en el asesinato.
Puede que la representatividad de esta marcha sea escasa, pero ¡cuan importante es el mensaje!.
Que el deporte sea deporte y no cueva de asesinos violentos y barrabravas, es esencial. Uruguay no puede prestarse para estos hechos. Es más, quienes asisten a las barrabravas en el interior de las cárceles, quienes le hacen el “aguante” a uno de los suyos deberían de ser observados con lupa, vigilar sus movimientos, porque es allí donde surge la violencia inadmisible.
Esta actitud indica que se comparte y se profesan los mismos códigos, vale decir que no se detienen ante el homicidio con tal de “defender” (si es que así puede llamársele) su enseña.
Que alguien sea muerto por cometer el “pecado” de lucir la camiseta de su preferencia, no está dentro de los límites racionales de la defensa de una enseña deportiva. Esto es un crimen y debemos llamarle por su verdadero nombre.
Admito que soy partidario de la misma camiseta carbonera, pero jamás compartiré la violencia. Sentir simpatía por una enseña deportiva es defenderla y rendir el máximo posible dentro de los escenarios donde compite, nunca fuera de ellos.
Aceptar el deporte es saber ganar y saber perder en un ámbito de sana competencia y no en una guerra cruel donde puede llegarse a perder la vida.
Seamos honestos, si esto se da en nuestro país es porque hay mucha gente que mira para otro lado, que prefiere ignorar la gravedad de estos hechos, cuando no los apoya directamente facilitándoles las cosas, antes que involucrarse para suprimirlos.
¡Bienvenida la marcha de estos jóvenes!, porque nos mantiene la esperanza de volver a la razonabilidad. Porque nos dice que todavía es posible convivir pacíficamente, más allá de las ideas, de los emblemas y de las divisas. En una palabra como corresponde a una sociedad civilizada.
Alberto Rodríguez Díaz




