Los símbolos: ni lo uno ni lo otro

En ocasión del 25 de Agosto hemos visto replantear una temática que ha menudo notamos que se confunde. Vale decir, es la confusión que existe en mucha gente en referencia a la trascendencia e importancia de los símbolos patrios. Tanto el Pabellón Nacional, como el escudo y el Himno son símbolos patrios que merecen el mayor de los respetos, pero no deben confundirse en cuanto a que son símbolos, que representan la patria, pero no son la patria. Representan y simbolizan un sentimiento, el que se vislumbra con mayor nitidez cuando se está lejos de la patria y en alguna ocasión se escuchan las estrofas del himno o se ve la bandera en un balcón. Pero que quede muy claro, no es el respeto a los símbolos lo que nos da mayor o menor patriotismo, lo que nos hace mayores o mejores patriotas. Es más, nunca vimos tanta exigencia y tanto celo en materia de lo que se entiende por respeto a los símbolos patrios que durante la dictadura militar. Supimos y vimos adoptar incluso expulsiones de estudiantes de centros de estudios, por haber sido sorprendidos, riendo o bromeando – algo absolutamente usual entre adolescentes – durante la entonación del himno o el izamiento de la bandera nacional, por considerarla una conducta absolutamente irrepestuosa hacia la patria. Sin embargo durante este período, con los mismos militares responsables de la dictadura militar a la cabeza y los civiles que les acompañaron y que según ellos “fueron a golpear las puertas de los cuarteles”, para que se diera el golpe, los que cometieron las mayores tropelías, no sólo de los Derechos Humanos, sino también de delitos económicos, endeudamiento y demás a costilla del propio pueblo uruguayo, es decir contra la patria que decían defender. Esto marca precisamente la diferencia. La Patria se lleva en el corazón y ningún buen ciudadano compatriota sería capaz de robarla o atentar contra ella, porque se supone que es de todos, de nosotros, de nuestros padres, de nuestros hijos y nietos. Ser deshonesto con la patria, no es de un buen patriota precisamente. Por eso hay que tener claro que la falta de respeto a los símbolos patrios no es admisible, como tampoco lo es creer que basta esto para calificarnos de patriotas o de buenos ciudadanos. En lo personal somos respetuosos de todos los sentimientos del pueblo. Nos gusta conservar nuestra tradición cultural, nos gusta y nos emociona ver el país embanderado cuando juega la celeste, pero tenemos claro que esto no alcanza. La patria se lleva en el corazón y el mejor y mayor respeto que puede profesársele es demostrando honestidad, trabajo y esfuerzo para que cada día sea mejor, más solidaria y equitativa.

Alberto Rodríguez Díaz

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