Del interior a la capital: esa compleja inserción
“Pero el camino es muy largo: de los 13.000 niños que practican baby fútbol cada año, apenas el 10% se integra a algún club de la AUF. Y de todos ellos, apenas el uno y medio por mil alcanzan la elite. Una parte de los que quedan afuera de la AUF van a jugar a OFI y otras ligas, pero muchos abandonan la práctica. Como resultado de las transformaciones socioeconómicas, actualmente le resulta cada vez más complicado a un chico de clase baja mantenerse en la competencia del fútbol organizado, mucho más exigente que nunca. Los que llegan a destacarse de manera continua son de clase media, aunque sea la clase media baja”.
Este perfil responde a las conclusiones de Alejandro Garay, técnico de la Selección sub 17, que trabaja con juveniles desde hace años y observa desde adentro los procesos que conducen del campito o el baby a la primera división y, en muy contados casos, al gran profesionalismo internacional. La nota vio la luz en la sección Deportes de diario El País de Montevideo y trasluce una situación de hecho.
DEL ESTUDIO AL
DESARRAIGO
“Los chicos que vienen del interior con 13, 14 años, están en segundo o tercero del ciclo básico. Los traen a Montevideo, pero la inserción de esos chicos es difícil, les cuesta a nivel deportivo y social y se complica más el estudio. Es un nudo gordiano que cuesta desatar. Algunos siguen estudiando, otros dejan. Al final, siempre depende del apoyo de los padres”, explica Garay. El técnico recuerda el caso de un chico de Bella Unión, buen estudiante en su pueblo, en un liceo de 600 alumnos en tres turnos, lo que representaba un recreo con 120 chiquilines. Y pasó a un recreo de 1.500 alumnos en el liceo Bauzá y así era difícil que se adaptara. “Terminó dejando el liceo. Esos casos hay que cuidarlos”, dice.
UN EDUCADOR POR CLUB
También cuenta sobre otro chico que vino a jugar a la capital y después de varios meses nunca había ido al centro o al cine, solo a la playa o al shopping. “El desarraigo es algo muy difícil, porque se deja al entorno, la familia, el liceo, todo lo que le da seguridad”, comenta. Cuando en 2009 se inició el programa Gol al futuro, el 50% de los jugadores jóvenes estaba fuera del sistema educativo. Hoy el 96% asiste a un instituto, sea liceo, UTU o similar. La organización puso a un educador por club para realizar la coordinación de horarios y poder compaginar estudios y entrenamientos. Gol al futuro controla estas situaciones y a cambio compensa a los clubes con material deportivo.





