Uno de los diagnósticos cuyo nombre es temido no sólo por la persona que lo padece, si no por su entorno familiar.
De entre la patología ligada al proceso de envejecimiento, la enfermedad de Alzheimer se caracteriza por una perdida progresiva de las funciones cognitivas, lo cual genera una incapacidad tanto a nivel físico, como psicológico y social.
Se trata de una demencia que descubre una amplía variedad de síntomas, que afecta a las personas mayores pero no siendo una forma normal de envejecimiento.

Es definida como una enfermedad neurológica ( se produce una alteración cerebral que conlleva una muerte masiva de neuronas); progresiva(evoluciona a través de distintas fases); irreversible ( el día de hoy no tiene cura).
Síntomas habituales:
· Deterioro de la memoria: dificultad para aprender nueva información o recordar información aprendida previamente.
· Deterioro de la orientación ( tiempo, espacio, persona)
· Apraxia: deterioro de la capacidad para llevar a cabo actividades motoras, a pesar que la función motora está intacta.
· Afasia: alteración del lenguaje
· Agnosia: fallo en el reconocimiento o identificación de objetos a pesar de que su función sensorial está intacta.
· Perdida de iniciativa.
· Déficit cognitivo qué interfiere en la independencia, autonomía de la persona.
El enfermo de Alzheimer va a tender a la apatía y al aislamiento, lo que va a facilitar la progresión de su deterioro.
Por ello la intervención Psicológica aporta un importante valor tanto a nível neuropsicológica con el enfermo, tratando de establecer programas que rompan está dinámica, estimulando las facultades mejor conservadas. La estimulación cognitiva es importante por ejemplo armar rompecabezas, pintar, dibujar, hacer sopas de letras, entre otras actividades.
A su vez el apoyo y contención a los cuidadores, por la intensa carga física y emocional. La familia debe estar informada y recibir una guía para entender la situación y actuar de forma saludable y empática, y que los principales problemas a los que se enfrentan los familiares con el enfermo son la falta de compresión de los síntomas y la aceptación de la enfermedad.
Si bien el Alzheimer es una enfermedad qué no tiene cura, hay muchas terapias que coayudan a brindar al paciente y su familia una mejor calidad de vida.
Lic. Daniela Todoroff
Psicóloga.



