Durante mi vida estudiantil, ya recibido de Procurador, tuve el honor de conocer a una anciana muy especial en mi ciudad. De piel negra, usaba el cabello trenzado, aros bien grandes en sus orejas y muchos collares de varios colores. Se vestía de forma original y en la calle siempre anduvo portando algún libro.
Lo curioso es que no la conocí por mis cosas de estudiante, la conocí a través de mi otra faceta, la de lechero. Cada vez que venía a mis pagos me ponía a colaborar con mi padre en las tareas del tambo y lo ayudaba en el reparto diario en la ciudad. Un día casualmente conocí a la maestra Adelia Silva, quien se convirtió en una buena consumidora de la leche suelta de mi tambo familiar y a la vez en una amiga del hijo del lechero.
El primer día que llegué a su casa me llamó poderosamente la atención su biblioteca y su galería de fotos y cuadros que demostraban un alto nivel cultural. Sus libros eran de alto valor en contenidos y alto valor en el mercado. Observé sin decir una sola palabra.
Al salir se lo comenté a mi padre, quien me dijo quién realmente era esa anciana y me habló de su trayectoria como maestra y de la discriminación y las injusticias que había sufrido sólo porque era una mujer negra. Pero que a pesar de todo ella había triunfado porque nunca se achicó para nadie y supo enfrentar con valor e hidalguía toda la adversidad.
Al mes siguiente vuelvo a esa casa, me vuelve a atender la maestra Adelia y me dice: «Tu sos un joven inteligente porque te gustó mi biblioteca». Agregó diciendo que aquello era lo mejor que tenía su casa y que los libros estaban a mi disposición. A partir de ese día me fue prestando libros de Literatura que los fui leyendo para así enriquecer mi vocabulario.
Nunca había visto tantas anotaciones en los costados de los párrafos, no existía una página sin rayar. Muchas palabras subrayadas, con fechitas y llamadas con su significado aportado por un diccionario de la Real Academia española. Adelia en sus lecturas no descuidaba el mínimo detalle en las obras que leía, meditaba y reflexionaba.
Fue así que me di cuenta de la importancia de la literatura en la redacción de los escritos aunque parezca mentira. Ese ejercicio de enriquecer el lenguaje se hace cada vez más necesario en la redacción de los escritos. Uno de sus libros que me prestó se trataba solamente de epístolas, era una carta tras otra y eso me demostraba el poder que tienen las palabras; las palabras son capaces de cambiar el mundo.
Para mí no era tan importante el autor de la obra sino los agregados y citas que escribía Adelia en sus libros. Los manuscritos a puño y letra de Adelia ayudaban a entender el texto en el contexto y relacionarlo con la realidad de nuestra vida cotidiana. Me hacía recordar a mi profesor de Historia de las Ideas cuando decía: «El texto, sin un contexto, es un mero pretexto».
Adelia demostró ser una Institución de carne y hueso, una mujer con mucha experiencia de vida. No acumuló ninguna riqueza, la mayor herencia que dejó a sus descendientes fue su prédica, su ejemplo, sus valores, un «legado de luz» como bien dice la carátula de una publicación creada en 2011.
Ella ha viajado por muchas partes del mundo y ha disfrutado mucho en los lugares que ha visitado. Recuerdo que en la galería de fotos que tenía en la pared estaba una reliquia: Adelia junto al Papa Juan Pablo II en el Vaticano. Esa imagen vale mucho más que mil palabras.
Adelia recibió el año 2004 con problemas de salud y se fue despidiendo en silencio. En ese silencio emprende un viaje, pero esta vez sin regreso, el día 10 de julio de 2004 a los 79 años.
Luego de su muerte han aparecido varias publicaciones que hablan de su vida, su obra y su legado. En 2009 se publicó un libro titulado «Recuperando la Memoria» de Karla Chagas y Natalia Stalla. Una obra financiada por el Ministerio de Educación y Cultura que trata la vida y obra de algunos afrodescendientes uruguayos; entre ellos se encuentra Adelia. En 2011, en virtud del año internacional de los afrodescendientes, el mencionado Ministerio, conjuntamente con la Intendencia de Artigas, Mundo Afro, IMPO y otras instituciones publican:» Adelia Silva. Un legado de Luz».
Más recientemente, este año, el ex Legislador Juan Raúl Ferreira publicó un libro a través de su página web titulado: «Herencia africana en el Uruguay», el gue próximamente saldrá a la venta. Ese libro habla de afrodescendientes que han hecho sus aportes a nuestra nación. Allí habla de Ansina, del grupo «Camundá» de la Revolución de 1904 y de la maestra artiguense Adelia Silva. Lo que dice de Adelia fue extraído de una alocución de la ex legisladora Matilde Rodríguez Larreta de Gutiérrez Ruiz en un Simposio titulado «América Africana» que data de 1994. Es realmente emocionante y a los artiguenses nos debe llenar de orgullo.
No es casualidad que Adelia aparezca en esas tan importantes publicaciones y que sea admirada por tan grandes personalidades. Sin dudas Adelia ha dejado ese legado de luz que ilumina el camino de todos aquellos que aún son discriminados. Su legado es su ejemplo, su lucha, su prédica y el mensaje de que el querer es poder y de que no existen imposibles para alcanzar las metas anheladas.
Durante mi vida estudiantil, ya recibido de Procurador, tuve el honor de conocer a una anciana muy especial en mi ciudad. De piel negra, usaba el cabello trenzado, aros bien grandes en sus orejas y muchos collares de varios colores. Se vestía de forma original y en la calle siempre anduvo portando algún libro.
Lo curioso es que no la conocí por mis cosas de estudiante, la conocí a través de mi otra faceta, la de lechero. Cada vez que venía a mis pagos me ponía a colaborar con mi padre en las tareas del tambo y lo ayudaba en el reparto diario en la ciudad. Un día casualmente conocí a la maestra Adelia Silva, quien se convirtió en una buena consumidora de la leche suelta de mi tambo familiar y a la vez en una amiga del hijo del lechero.
El primer día que llegué a su casa me llamó poderosamente la atención su biblioteca y su galería de fotos y cuadros que demostraban un alto nivel cultural. Sus libros eran de alto valor en contenidos y alto valor en el mercado. Observé sin decir una sola palabra.
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Al salir se lo comenté a mi padre, quien me dijo quién realmente era esa anciana y me habló de su trayectoria como maestra y de la discriminación y las injusticias que había sufrido sólo porque era una mujer negra. Pero que a pesar de todo ella había triunfado porque nunca se achicó para nadie y supo enfrentar con valor e hidalguía toda la adversidad.
Al mes siguiente vuelvo a esa casa, me vuelve a atender la maestra Adelia y me dice: «Tu sos un joven inteligente porque te gustó mi biblioteca». Agregó diciendo que aquello era lo mejor que tenía su casa y que los libros estaban a mi disposición. A partir de ese día me fue prestando libros de Literatura que los fui leyendo para así enriquecer mi vocabulario.
Nunca había visto tantas anotaciones en los costados de los párrafos, no existía una página sin rayar. Muchas palabras subrayadas, con fechitas y llamadas con su significado aportado por un diccionario de la Real Academia española. Adelia en sus lecturas no descuidaba el mínimo detalle en las obras que leía, meditaba y reflexionaba.
Fue así que me di cuenta de la importancia de la literatura en la redacción de los escritos aunque parezca mentira. Ese ejercicio de enriquecer el lenguaje se hace cada vez más necesario en la redacción de los escritos. Uno de sus libros que me prestó se trataba solamente de epístolas, era una carta tras otra y eso me demostraba el poder que tienen las palabras; las palabras son capaces de cambiar el mundo.
Para mí no era tan importante el autor de la obra sino los agregados y citas que escribía Adelia en sus libros. Los manuscritos a puño y letra de Adelia ayudaban a entender el texto en el contexto y relacionarlo con la realidad de nuestra vida cotidiana. Me hacía recordar a mi profesor de Historia de las Ideas cuando decía: «El texto, sin un contexto, es un mero pretexto».
Adelia demostró ser una Institución de carne y hueso, una mujer con mucha experiencia de vida. No acumuló ninguna riqueza, la mayor herencia que dejó a sus descendientes fue su prédica, su ejemplo, sus valores, un «legado de luz» como bien dice la carátula de una publicación creada en 2011.
Ella ha viajado por muchas partes del mundo y ha disfrutado mucho en los lugares que ha visitado. Recuerdo que en la galería de fotos que tenía en la pared estaba una reliquia: Adelia junto al Papa Juan Pablo II en el Vaticano. Esa imagen vale mucho más que mil palabras.
Adelia recibió el año 2004 con problemas de salud y se fue despidiendo en silencio. En ese silencio emprende un viaje, pero esta vez sin regreso, el día 10 de julio de 2004 a los 79 años.
Luego de su muerte han aparecido varias publicaciones que hablan de su vida, su obra y su legado. En 2009 se publicó un libro titulado «Recuperando la Memoria» de Karla Chagas y Natalia Stalla. Una obra financiada por el Ministerio de Educación y Cultura que trata la vida y obra de algunos afrodescendientes uruguayos; entre ellos se encuentra Adelia. En 2011, en virtud del año internacional de los afrodescendientes, el mencionado Ministerio, conjuntamente con la Intendencia de Artigas, Mundo Afro, IMPO y otras instituciones publican:» Adelia Silva. Un legado de Luz».
Más recientemente, este año, el ex Legislador Juan Raúl Ferreira publicó un libro a través de su página web titulado: «Herencia africana en el Uruguay», el gue próximamente saldrá a la venta. Ese libro habla de afrodescendientes que han hecho sus aportes a nuestra nación. Allí habla de Ansina, del grupo «Camundá» de la Revolución de 1904 y de la maestra artiguense Adelia Silva. Lo que dice de Adelia fue extraído de una alocución de la ex legisladora Matilde Rodríguez Larreta de Gutiérrez Ruiz en un Simposio titulado «América Africana» que data de 1994. Es realmente emocionante y a los artiguenses nos debe llenar de orgullo.
No es casualidad que Adelia aparezca en esas tan importantes publicaciones y que sea admirada por tan grandes personalidades. Sin dudas Adelia ha dejado ese legado de luz que ilumina el camino de todos aquellos que aún son discriminados. Su legado es su ejemplo, su lucha, su prédica y el mensaje de que el querer es poder y de que no existen imposibles para alcanzar las metas anheladas.