Salto Místico

Los liceos 1 y 2 cuentan sus “historias”

Los centros de estudios son espacios dónde quienes participan de ellos sienten un arraigo muy fuerte de pertenencia, algunos hablan de una segunda casa y para otros resultan un lugar preferido.

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Será por eso que quienes abruptamente abandonan la vida y son parte de estos espacios, quedan en espíritu deambulando por estos lugares, tal vez sin darse cuenta que ya no son parte de este mundo o tal vez porque aún en otra dimensión quieren seguir repitiendo su antigua rutina, vinculándose aunque sea de lejos con aquellos que se sentían a gusto.

Lo cierto es que muchas son las historias que se cuentan, y para esta edición hemos elegido historias de los liceos 1,2,3,4,5, contadas por estudiantes, auxiliares de servicio, docentes, administrativos, sin dar detalles puntuales que puedan develar a las fuentes, por eso que algunos años o épocas resultaran imprecisos.

En este sentido el relato del Profesor José Buslón nos lleva a dos de los liceos con muchas historias.

Liceo 1

“Debe ser de las instituciones educativas del departamento, de la que más se conocen historias y que incluso a ameritado episodios de programas televisivos dedicados a los temas paranormales.

El liceo es antiguo, este año cumple 150 años, pero el edificio del cual se refieren las historias no lo es tanto, se encuentra en función desde la década del 70 del pasado SXX.

Este dato, de lo reciente del edificio, hace que algunos Interpreten que los hechos paranormales ocurridos tengan que ver, no con hechos generados en el lugar, sino con la existencia de un antiguo cementerio construido en el terreno, donde se levantó el liceo. Sobre esto último no existe verificación ya que el primer cementerio del departamento funcionó hasta 1853 ubicado entre las calles 19 de abril ,Agraciada, Soca y Asencio y el posterior y definitivo se encuentra en la zona sur dónde aún hoy sigue funcionando como Cementerio Municipal.

Lo cierto es que muchos son quienes aportan testimonios, entre ellos policías que hacían guardia de 222, y que atormentados por ruidos, canillas que se abren y cierran solas, ventanas que se golpean sin la presencia de viento existente, decidieron encender todas las luces e irse a hacer guardia afuera independientemente de que se registraran temperaturas bajo cero.

Diferentes funcionarios han relatado hechos dónde cuentan desde cajones que se abren solos, calentadoras de agua que se prenden y apagan sin la intervención humana y puertas que de repente se cierran y no alcanza forcejeo ninguno que las pueda vencer hasta que después de la nada se liberan como si nada hubiera ocurrido.

El niño en el laboratorio de química ha sido visto por alumnos y docentes, viste ropa parecida a la que utilizaban los estudiantes del Siglo XIX , y todos los que lo han visto coinciden que es por la noche cuando se hace presente.

Por la noche también ocurrió que un funcionario de limpieza que venía desde los salones últimos del pasillo apagando las luces y verificando que todo se encontrara en condiciones, se sorprende al sentir voces provenientes de un salón por el que ya había pasado, regresa motivado por su curiosidad y se encuentra con un contexto de una clase que se estaba dictando, no lo puede creer, abre y cierra los ojos pero al volver a mirar ya no se encuentra más nada y las luces se apagan repentinamente.”

Del centro educativo de calle Artigas nos vamos al Liceo n° 2.

Las historias narradas por las personas que han vivido distintas situaciones en las noches del Piloto nos dejan estos testimonios de mucho asombro e incertidumbre.

“Conocido como el Piloto o el del Cerro, liceo muy querido y forjado por los vecinos del barrio, que funcionó en la vieja casona desde 1971, no está exento de historias y leyendas.

Son varios los policías que realizan el 222 por la noche en el área exterior del centro y que consultados por un superior que tenía a su cargo la supervisión de las guardias, respondieron que preferían estar afuera ya que se sentían campanas, se percibían puertas que se abrían y cerraban y alguno escucho que le susurraban palabras inentendibles.

Algo muy significativo ocurrió en el mes de agosto hace unos cuantos años atrás. En este mes se realizaba como era costumbre la fiesta del folclore, para la cual todos los grupos con sus docentes se iban al Club Nacional, dónde realizaban las diferentes muestras y presentaciones de nuestra cultura tradicional. En el liceo solo permanecían funcionarios de limpieza y personal administrativo, que realizaban sus actividades en un contexto más distendido.

Ese día se encontraban trabajando dos funcionarias administrativas, de las cuales una había pasado al kiosco de enfrente a comprarse un refresco; no había pasado de esto ni un minuto por lo que a la otra compañera que se quedó trabajando, le llamo mucho la atención que se sintiera el ruido de teclas de la máquina de escribir, las que prácticamente estaban en desuso, utilizadas hace años, entre otras cosas, por los adscriptos que registraban en ellas el parte diario.

Grande fue la sorpresa cuando no solo siente el ruido de las teclas, sino que ve como las mismas se tipean, como si alguien estuviera ejerciendo fuerza con sus dedos sobre la vieja Olivetti, sale desesperada corriendo para contarle a alguien y después de unos minutos de permanecer en las inmediaciones se encuentra con la otra compañera, que le relata la misma experiencia “Llegue, pero como no te encontré y cuando fui a la adscripción vi que la máquina de escribir estaba tipiando sola”

Aunque transcurrió mucho tiempo esta historia aún es recordada de forma muy viva.”

“El famoso Salón 12”

“Es extraño lo que ocurre en este salón, más de una vez, terminada la limpieza de este por parte de los funcionarios de limpieza, han visto con asombro, que las luces se vuelven a prender y los bancos están corridos de lugar, después de que hayan sido cuidadosamente ordenados. Después de la limpieza el salón se cierra por lo que no cabe la posibilidad de que ningún bromista hubiese ingresado a realizar tales tareas.

La lapida

En el espacio Museo en el Liceo, se encuentra una lapida de 1874 trabajada en piedra, con diseños muy particulares, para algunos entendidos en semiótica se trata de símbolos herejes de carácter ocultista. La lapida está ahí como reflejo de una época, de una forma de trabajo manual y enmarcada en una determinada sensibilidad sobre la muerte, más allá de que la rodea una leyenda muy siniestra.

Dos estudiantes de profesorado que se encontraban realizando la práctica docente de tercer año, comentaban de la extraña sensación que les daba cuando pasaban por el lugar, algo les oprimía el pecho y las dejaban en estado de intranquilidad, un miedo que las paralizaba, y esto ocurría sin que supieran siquiera de que se trataba la piedra y de la historia oculta que rodeaba el lítico.

Podemos ser más o menos escépticos a estos relatos, pero no podemos dudar de quienes en una relación de confianza nos cuentan sobre los mismos, porque aún se les eriza la piel cuando refieren a estos hechos y el miedo parece volver con cada palabra.

En la próxima entrega les hablaremos de los liceos 3,4 y 5, que como el Ipoll y Piloto, son ya parte del Salto Místico.”

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