El debate entre radares y educación vial expone fallas estructurales en Uruguay, donde prima el control punitivo sobre la formación y la conciencia al conducir.

La seguridad vial en Uruguay atraviesa un momento de tensión entre dos enfoques: la fiscalización tecnológica (el uso de radares y cámaras) y la base cultural/educativa (el conocimiento y respeto intrínseco de la norma).
A continuación, analizamos la dicotomía entre la señalización de radares de tramo y el vacío pedagógico que parece definir la conducta del conductor uruguayo.
1. El Radar de Tramo: ¿Prevención o Coerción?
A diferencia de los radares de punto fijo, que miden la velocidad en un lugar exacto, los radares de control por tramo calculan la velocidad media de un vehículo entre dos puntos (A y B). Si el tiempo transcurrido es menor al que llevaría recorrer esa distancia a la velocidad permitida, se asume una infracción.
El rol de la señalización
Colocar carteles que advierten sobre estos radares cumple una función técnica y legal, pero también psicológica:
- Modificación inmediata de conducta: El cartel genera un «frenazo» preventivo o una estabilización del ritmo.
- Transparencia administrativa: Evita la acusación de que el Estado tiene un «afán recaudatorio», avisando al ciudadano dónde está siendo vigilado. Cuestión que está por verse, ya que sabemos muy bien que se puede tener la mejor de las intenciones, pero nuestro Estado es absolutamente recaudatorio. Parte de él vive de esa recaudación y es una suma muy importante que le genera una gran cantidad de ingresos. Estos ingresos son aportados por los contribuyentes que están a derecho, que viven y les importa no tener multas; a los que viven fuera de la norma poco les importa el radar o el elemento de señalética que exista.
- Efecto túnel de cumplimiento: Durante esos kilómetros, el conductor respeta la norma estrictamente, no por convicción, sino por temor a la sanción económica. Eso marca nuestra cultura, la cultura de la sanción, y lo peor es que no está bien delimitada. La mayoría de los conductores, al no tener claro cuándo empieza o termina el radar, siempre quedan con la sensación de que fueron multados; eso cambia su mentalidad al conducir porque les crea injusticia y, sobre todo, incertidumbre. Esta sensación no es muy sana a la hora de conducir.
2. La Falta de Educación Vial: El Problema de Raíz
En Uruguay, existe una brecha significativa entre conocer la regla y comprender el riesgo. La educación vial no es solo saber que «rojo es detenerse», sino entender la física del impacto y la responsabilidad civil.
Síntomas de la carencia educativa
- Cumplimiento reactivo: El uruguayo suele conducir «mirando hacia afuera» (buscando el inspector o la cámara) en lugar de «mirando hacia adentro» (siguiendo sus valores de seguridad y la exposición al riesgo).
- Desconocimiento técnico: Muchos conductores ignoran reglas básicas de preferencia en rotondas, el uso correcto de carriles en carreteras de doble vía o la distancia de seguridad necesaria según la velocidad. Falta de educación y desconocimiento de la ley, increíble pero cierto.
- La «Viveza Criolla»: La falta de formación ética al volante lleva a considerar la norma como un obstáculo a vencer y no como un sistema de protección mutua. El asunto está en “zafar”, en que no me vean, en hacer lo que sea para que no me multen. No por convicción de que rompí la norma o no la respeté, eso queda en segundo lugar; hacerse cargo es algo en el tránsito que no es frecuente de ver. Lo otro, lo de ganarle al sistema, habla de nuestro sistema operativo mental de no ser descubierto, aunque debería ser intrínsecamente educativo para aprender y darme cuenta; lamentablemente, eso no sucede desde hace muchos años.
3. Contraste: Control Externo vs. Control Interno
La diferencia fundamental entre llenar las rutas de carteles de radar y educar a la población radica en el origen del comportamiento.
| Característica | Control por Radar (Señalización) | Educación de la Norma |
| Naturaleza | Externa y punitiva. | Interna y ética. |
| Duración | Temporal (mientras dura el tramo). | Permanente (toda la vida del conductor). |
| Costo | Alto mantenimiento tecnológico. | Alta inversión inicial en formación. |
| Resultado | Reducción de multas y velocidad local. | Reducción global de siniestralidad. |
El «Efecto Rebote»
Cuando un conductor solo se comporta bien porque hay un cartel de radar, se produce el efecto rebote: una vez que el vehículo supera el segundo punto de control (punto B), suele aumentar la velocidad por encima de lo permitido para compensar el tiempo «perdido». Esto demuestra que la norma no ha sido interiorizada; solo se ha esquivado la multa. Es exactamente esto anterior lo que sucede: salí de la zona donde soy multado o podría serlo y automáticamente, hasta el próximo radar o la próxima señal (que repito, no está nunca muy clara), voy a acelerar, voy a compensar lo que perdí. Sumado a eso, normalmente me encuentro con una larga cola de vehículos que circulan por debajo de la velocidad permitida, o un vehículo de gran porte, y eso hace más tedioso todavía el camino, ya que la bajada brusca de la velocidad enlenteció el tránsito de tal manera que, en vez de lograr fluidez y flujo, se convierte en una suerte de cortejo hasta encontrar una zona de sobrepaso (siempre que se permita o se pueda hacer); y si no, lo que vemos siempre es a conductores que adelantan con doble línea amarilla con tal de no esperar más, maniobra diez veces más riesgosa que la bajada de velocidad provocada por el radar demarcatorio.
4. La Realidad Uruguaya: ¿Por qué fallamos?
Uruguay ha avanzado en la unificación del Permiso Único Nacional de Conducir (PUNC) y en la instalación de centros de monitoreo, pero la educación sigue siendo el pariente pobre de la política vial (todavía no entró en vigencia). Y voy a escribir una frase que no es mía, pero marca lo que puede suceder: creo que todavía no estamos educados para esta implementación que es buena, pero “están talando el árbol al cual se quieren subir”.
El vacío en la formación temprana
La educación vial debería ser una materia transversal desde la escuela primaria. En Uruguay, la mayoría de las personas aprenden a conducir de manera mecánica (cómo mover el auto) a través de academias que, en muchos casos, se enfocan exclusivamente en que el alumno salve el examen práctico, dejando de lado la percepción del riesgo y la convivencia ciudadana. No son todas las academias las que hacen esto último, pero lo escribí porque tengo la certeza de que muchísimas (no en Salto, me consta) solo enseñan mecánicamente a manejar y no a conducir; no enseñan la exposición al riesgo, solo lo mecánico y, por supuesto, a contestar las supuestas preguntas que la computadora ese día nos diga que tenemos que contestar para “salvar el examen”.
5. Hacia un Modelo Integrado
No se trata de elegir entre radares o educación, sino de entender que el radar es una herramienta de auxilio para cuando la educación falla. PERO QUE ES MÁS IMPORTANTE LA EDUCACIÓN QUE EL RADAR, SIEMPRE, NO HAY DISCUSIÓN DE ESO.
La creencia de que la letra con sangre entra, de que si multo mucho y caro el conductor va a cambiar su conducta, no es buena cosa; lo único que nos puede salvar como sociedad es la educación temprana, constante, preventiva y diaria.
Propuestas de equilibrio:
- Radares con fin pedagógico: En lugar de multar a la primera, utilizar sistemas que informen al conductor su exceso de velocidad sin sanción económica por un periodo de gracia, reforzando el aprendizaje.
- Reforma del sistema de licencias: Implementar el sistema de puntos (ya en discusión y proceso en Uruguay) para que la reincidencia afecte la posibilidad de conducir, obligando a cursos de reeducación. Esto lo vengo proponiendo hace tiempo.
- Comunicación clara: Los carteles de los radares de tramo no deberían decir solo «Control de Velocidad», sino explicar la peligrosidad de ese tramo específico (curvas peligrosas, zona de escuelas, alta siniestralidad). La comunicación debe ser clara, concisa, concreta y coherente, y no puede dar lugar a interpretaciones; esto es lo que está pasando porque no es clara. Debe ser así desde el propio inspector de tránsito, policía caminera o el cartel mismo. La prioridad es hacer entender el riesgo, no sancionarlo solamente con dinero a pagar.
Conclusión
Colocar carteles de radares de tramo es una solución táctica y de corto plazo para reducir la mortalidad en puntos negros de las rutas uruguayas. Sin embargo, la falta de educación vial es un problema estructural que hace que el conductor se sienta «perseguido» por el Estado en lugar de sentirse protegido por la ley. Debemos dejar de hacer sentir al conductor que está dentro de la norma que lo tenemos en la mira, que es una suerte de liebre en Semana de Turismo donde puede ser sancionado fuertemente y meternos en la economía de su hogar muchas veces sin poder defenderse, alterando su forma de vida y la de su familia.
Mientras el uruguayo siga frenando solo cuando ve un cartel de «Fiscalización Electrónica», seguiremos siendo una sociedad que obedece por miedo y no por conciencia. La verdadera evolución no está en la cantidad de cámaras que miren al auto, sino en la capacidad del conductor de entender que la norma de tránsito es, en última instancia, un contrato social para preservar la vida. Ya lo decía JEAN JACQUES ROUSSEAU en el libro “El contrato social”: hay normas que están escritas y otras que están establecidas como sociedad; si tenemos conciencia social, pensamos en él y en los otros, sean nuestras familias y las de los demás.
SI QUERÉS SABER CÓMO ES UNA SOCIEDAD, MIRÁ CÓMO CONDUCE.
Cuidémonos. Hagámonos cargo.
Víctor Pacin Freire, Seguridad Vial – Estudio del comportamiento de la conducción.




