El Arte es lo más elevado de la libertad de expresión, sin embargo todos bien sabemos que en Salto decir lo que uno piensa es una piedra en el zapato para mucha gente, porque la civilización es un arte y vivimos una época donde la brutalidad se considera un mérito.
Ahí aparece la/el artista como un amiga[o] indigesta[o] al que todos amamos porque nos divierte y nos hace felices, pero que nos enoja porque no se deja domesticar. Representa aquello que no podemos controlar y nos dirá su verdad en la cara, de una manera simbólica, elaborada y divertida.
La política de la ausencia
Para la gestión municipal actual, el arte es una ausencia, algo que sus ojos no ven y, por eso, sus corazones no sienten, algo que no saben cómo manejar, un objeto incomprendido cuya única función es atraer y entretener turistas.
El Arte no se curva, el Arte no se rinde, el Arte no entra en el barro del debate de barricada. Es un camino solo de inicio, mientras haya vida hay esperanza de Arte, te enseña a negar tu ego y mejora tu naturaleza, el Arte es el más refinado acto político.

Le Fils de l’Homme (El Hijo del Hombre) | 1964 | René Magritte.
La caquistocracia: el gobierno de los peores
La caquistocracia (del griego kákistos, el peor, y kratos, gobierno) es el sistema donde la ineptitud se vuelve ley. Es la gestión de los incompetentes, los inescrupulosos y los menos cualificados. En este ecosistema, el nepotismo es una herramienta de control para que el mediocre persiga y anule al competente, garantizando así el control de la máquina pública.
Este desprecio por lo técnico explica el estigma histórico hacia las y los artistas. Mientras la caquistocracia se sostiene manteniendo en el poder a los peores, el arte necesita estudio, disciplina y dedicación.
El rechazo social a las y los artistas y la intención solapada de controlar el relato no es un fenómeno de la «generación cristal» ni una novedad de Netflix; es una historia de siglos: controlar, a través de la pobreza, a toda persona que exponga la miseria moral de los poderosos.
El artista es el enemigo natural del caquistócrata, porque su oficio es buscar la excelencia y al hacerlo revela, por contraste, la profunda incapacidad de quien gobierna sin ética.
La política de los hipócritas: dejen trabajar a los actores
La palabra hipócrita proviene del griego hypokrités y significa: el que responde. Así se llamaba al actor que le respondía —detrás de una máscara que también servía para proyectar la voz— al coro, en las obras de teatro en la antigua Grecia, en su período helénico.
Con el tiempo, la palabra cambió de sentido y empezó usarse para designar personas que fingen algo que no son.
La gran diferencia aquí es que el actor finge ser quien no es arriba de un escenario, mientras que muchas personas fingen ser quienes no son en la vida real, en cargos públicos, en lugares de tomadas de decisión para toda una categoría de trabajadores.
Por eso es importante que los jerarcas se dediquen a su profesión, que los políticos se dediquen a la política y los artistas al arte.
En el fondo todo la estigmatización hacia los artistas es porque los políticos quieren ocupar su lugar, hablar para grandes plateas y ser ovacionados. De lo que se olvidan es que el oficio del actor es fingir, pero el oficio del político, debe[ría] ser decir la verdad.
La política del aburrimiento: el juego como amenaza
Otro tema es la necesidad de generar un relato en el que ser adulto significa ser triste, aburrido y amargado. Si escuchamos con atención el diálogo social podemos ver que generalmente las personas hablan de sus problemas y quien más sufre más mérito parece tener.
El relato dominante nos induce a pensar que ser un embole como persona es lo correcto.
Pero no hace falta escarbar mucho para entender: un adulto que juega es un adulto que no produce, o peor aún, un adulto que no teme. Cuando jugamos somos libres, cuando nos divertimos no sentimos miedo y, principalmente, cuando jugamos producimos calidad de vida para nosotros, pero no estamos, necesariamente, produciendo riqueza para el sistema.
La política del control del relato: inhibir la producción de arte
No hace falta censurar una obra si se puede evitar que nazca. La estrategia de la caquistocracia es la asfixia preventiva: al clausurar los espacios y retirar los apoyos, se asegura de que no existan espejos que reflejen su paupérrima condición moral.
Es una forma de limpieza simbólica que deja el escenario vacío para que, únicamente, su narrativa de viveza criolla y sus relatos complacientes ocupen el espacio público. El control del relato se ejerce mediante la ausencia forzada de voces críticas calificadas, limitando la creación a lo que es inofensivo o puramente decorativo.
Al impedir que el arte se produzca, el poder elimina de raíz la posibilidad de ser cuestionado, transformando la cultura en un desierto donde crece su propia propaganda.
La política del “lo atamo’ con alambre”: la negación del rigor técnico
Frente al «todo vale» de los improvisados, el estudio y la disciplina son una declaración de guerra. El profesionalismo representa la frontera ética que impide que el mediocre domestique el símbolo; es la base sólida que sostiene la integridad de la obra frente a la chapucería del nepotismo.
La técnica le otorga al artista la capacidad de habitar un territorio donde su voz se vuelve inspiración, esto genera una precisión conceptual que la ineptitud local política jamás podrá alcanzar.
Cultivar el rigor técnico es una forma de evolucionar y avanzar porque resistir es una necesidad pero no es un destino. Es una etapa, pero no es nuestro proyecto de ciudad. Nadie tiene como objetivo de vida vivir en una trinchera.
Nuestro objetivo es que los artistas no estemos obligados a vivir resistiendo a la pobreza, ni siendo resilientes a un poder público omiso, sino que tengamos salario digno y campo laboral. ¡Queremos trabajar!
La política del hambre como bozal
Nos quieren pobres para que seamos dóciles, nos quieren ignorantes para que no sepamos cómo garantizar nuestros derechos. Nos quieren trabajando para ellos por un sueldo bajo para que no cuestionemos su triste idiosincrasia del diletantismo.
El arte libera, amplía la mente y genera espacios, por eso es que lo odian y, en consecuencia, atacan al artista que es quien lo produce.
El salario digno constituye la garantía real de que el artista pueda ejercer su oficio sin tener que pedir permiso. La independencia financiera es la piedra angular de la autonomía creativa; es el respaldo material que permite que la libertad de expresión deje de ser una teoría y se convierta en una práctica cotidiana.
Un artista con sus necesidades cubiertas es un ciudadano que no le debe favores a ningún jerarca y que puede criticar a los poderosos con total firmeza. La lucha por la formalización y el pago justo es, en esencia, la lucha por mantener la soberanía sobre el pensamiento y la palabra y para continuar exponiendo la verdad que algunos quieren ocultar.
¡Viva el Arte! ¡Salario digno para las y los Artistas!





