Acudimos a Alberto Chiriff para hablar de una histórica Asamblea Nacional de la Cultura ocurrida en Termas del Arapey en el mes de abril 2006. Alberto habita la palabra y se nutre de reflexiones. Como filósofo y docente, ha hecho de la pregunta una herramienta cotidiana. Su pensamiento pone luz sobre un encuentro que generó muchas expectativas y trazó rumbos.
A 20 años de la Asamblea Nacional de la Cultura, las aguas se dividen entre la formación, el Estado y la tentación de “Kualquiera”
Dos décadas después de la Asamblea Nacional de la Cultura impulsada por Tabaré Vázquez en Termas del Arapey, el músico, docente y pensador Alberto “Negro” Chiriff Conti ofrece una reflexión incisiva sobre el rol del Estado, la formación en cultura y los riesgos de la improvisación en las políticas culturales. Chiriff junto a Denis Dutra y Fernando Alonso integró, por ese entonces el Equipo de Cultura del Intendente Ramón Fonticiella.La reflexión que nos dejó Alberto Chiriff es la que compartimos ahora con nuestros lectores:
KUALQUIERA Y LA KULTURA

Se cumplen 20 años de la concreción de la Asamblea Nacional de la Cultura, Termas del Arapey, Salto, 2006) impulsada por el gobierno de Tabaré Vázquez. Reunió a artistas, gestores culturales, políticos, directores de Cultura de todas las Intendencias, profesionales de la educación, especialistas de todo el país.
No era la primera vez que nos juntábamos, a nivel nacional, a discutir sobre “la Cultura”; pero era casi inédito que fuera convocada desde el Estado, con una agenda a mediano plazo y con financiación.
Pero el proceso incluyó instancias formación con especialistas nacionales e internacionales. Allí nos dimos cuenta, a pesar que la mayoría proveníamos de distintos escenarios de la Cultura y con relativas experiencias en gestión, que era necesario elevar la mirada, conocer experiencias regionales e internacionales, manejar varios marcos teóricos para realizar un diagnostico, discusión y proyección, sólido, robusto. Que ya no se trataba de opinar (opinar, opina Kualquiera).
Había cierto consenso que el Estado tendría que jugar un rol fundamental en las Políticas Culturales. Lo que teníamos que discutir era, precisamente, cuál era ese rol. Y allí estaban las diferencias.
Desde que recuperamos la Democracia, he sido testigo y partícipe de distintos ámbitos y colectivos sui generis, donde la gente de la Cultura nos convocamos para diagnosticar y proponer acciones. A veces se creaban documentos y, generalmente, todo se diluía en pocas reuniones intrascendentes. Las discusiones no terminaban de contemplar una mirada compleja y a largo plazo, generábamos una catarsis colectiva; terminábamos peleando por nuestras pequeñas parcelas de sabiduría y poder. Ni qué hablar cuando aparecía alguien que te consumía todo el tiempo tirando su currículum. Cómo si no nos conociéramos!!! No hay un traspaso generacional de saberes y experiencias, por lo que cada generación sigue repitiendo, inexorablemente, el mismo ritual.
Los gobiernos departamentales perpetúan esta lógica. Siempre es un volver a empezar, un eterno retorno. Todos quieren ser fundacionales. No hay Historia. La Kultura es un peso, un lastre, un adorno que no se sabe dónde colocarlo.
Entonces se coloca allí a Kualquiera para que haga lo que pueda, algún advenedizo, o alguien que viene a saldar un favor político. Y la Kultura va por voluntarismos, sin diagnósticos serios, sin proyección, sin participación.
Es como si no hubiera saberes acumulados, aprendizajes institucionales, como si no hubiera experiencias, fracasos y aciertos, como “si la resaca de lo sufrido se empozara en el alma”. En ese panorama hay lugar para Kualquiera
El viejo Sócrates sabía que en las democracias Kualquiera puede ser gobernante. Y ese es el problema; por eso, recorría las calles de Atenas invitando al ciudadano y sobre todo a los jóvenes, futuros gobernantes, a cultivarse, a educarse, a ejercitar el pensamiento crítico, para que, llegado el momento, el gobernante no sea Kualquiera.
La Asamblea Nacional de la Cultura, y todo su proceso, está allí para recordarnos que nadie tiene interés en proyectar Políticas Culturales a mediano y largo plazo; también, o quizás mejor, para recordarnos que para discutir, proyectar, aportar y trabajar en Políticas Culturales hace falta formación, formación en Cultura general y formación especifica, para que no sea ese el lugar de cualquiera. Y en eso, Kualquiera no ha cesado de vencer.
EL FUTURO ENTRE NOSOTROS
La mirada de Chiriff no es nostálgica, sino incómodamente vigente. Su advertencia atraviesa el tiempo: sin formación, sin memoria institucional y sin planificación, la cultura queda librada al azar de voluntades dispersas. Como ya intuía Sócrates, la democracia exige ciudadanos preparados para no caer en la trampa del “kualquiera”. A veinte años de aquella Asamblea que prometía horizonte, la pregunta sigue abierta: ¿la cultura es un proyecto colectivo con visión de futuro o un espacio donde, una vez más, termina ganando el improvisado?





