Joven salteño estudia doctorado en Praga e investiga sobre nueva biotecnología innovadora en el mundo

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    César Adolfo Rodríguez Emmenegger

    Espera poder regresar y trasladar a su país todos
    los conocimientos que está adquiriendo en el exterior

    Es ingeniero químico y con tan solo 27 años de edad se encuentra estudiando un doctorado en biofísica, química y física macromolecular en Praga (República Checa). César Adolfo Rodríguez Emmenegger es salteño y ha hecho un alto en sus estudios y en su avanzado trabajo de investigación científica para reencontrarse con su familia en estas fechas tan especiales. Se trata de un joven que con humildad y orgullo contó a EL PUEBLO en qué anda su vida y los planes de futuro que tiene, donde su país se encuentra siempre en su horizonte.

    Liliana Castro Automóviles

    – ¿Hace cuánto que no volvía a su tierra?.
    – Estoy muy arraigado a Salto, mucho más que tal vez a Montevideo, donde he estudiado, pasé tres años afuera del país, aunque en este 2009 vine dos veces, en junio por dos semanas y ahora en diciembre.

    – ¿Dónde está radicado?
    – Vivo en República Checa, en Praga, donde desarrollo mi trabajo doctoral en el Instituto de Química Macromolecular.

    – ¿En qué idioma habla allí?
    – República Checa es uno de los países con lenguas eslavas, tiene su propio idioma checo, el cual es bastante diferente al español o a otras lenguas indoeuropeas, y desafortunadamente es muy complicado de aprender para aquellos que tenemos idiomas de origen latino.

    – ¿Y en qué idioma se hace entender?
    – El idioma en el cual me comunico es el inglés para todas las cuestiones de trabajo porque necesito ser muy preciso en algunas discusiones que a veces se plantean, prácticamente hablo todo el día en inglés y para algunas cosas menores utilizo el poco checo o ruso que he aprendido en este tiempo.

    – ¿El checo se trata de un lenguaje cargado de consonantes, no?
    – Ese es uno de los inconvenientes, la pronunciación sería algo complicado, tiene demasiadas consonantes juntas, muy pocas vocales, incluso algunas palabras absolutamente carente de vocales y ese es uno de los problemas, pero yo diría que no es el más grave porque si pronuncio mal, siempre me puedo hacer entender, el mayor problema es el tipo de idioma en sí. Los idiomas eslavos son analíticos por el cual el orden de las palabras es libre, por ejemplo, si lo comparamos con el español o el inglés, el orden de las palabras es fijo y la posición de cada palabra en la oración indica cuál es la función de cada palabra, si es objetivo directo, si es sujeto, si es verbo, etcétera. En cambio en checo, el orden de las palabras es totalmente libre; entonces, para poder comunicarse con una oración tan simple, se requiere modificar la palabra agregándole sufijo, prefijo, etcétera, lo cual vuelve todo eso mucho más complicado. Son siete tipos de sufijos multiplicados por tres por los géneros, etcétera, y eso conlleva una enorme complicación a la hora de tratar de transmitir un mensaje en su idioma.

    – ¿O sea que para poder comunicarse debe cambiar hasta la forma de pensar?. Me imagino las complicaciones que ha de tener en ese sentido cuando sale de Praga y llega a otro país.
    – Siempre el retorno es complicado, más la ida que la vuelta porque ya hace mucho tiempo que vivo allí, o sea, el ritmo de vida es muy diferente, bastante más acelerado que Salto, aunque me fue peor en mi anterior pasaje por Salto que vine de Cambridge (Inglaterra), donde mi ritmo de vida fue extremadamente acelerado. Entonces, volver a bajar a una vida más tranquila es bastante complicado. Yo al menos soy bastante hiperactivo, lo cual complica aún más las cosas y a su vez, muchas veces me cuesta elegir las palabras adecuadas, como por ejemplo con esta entrevista, porque ya hace mucho tiempo que no uso el idioma español, solamente con mis padres o con mi jefe de Uruguay con quienes me comunico pero es muchísimo menos al uso que le doy al inglés.

    – ¿Cómo logra desenvolverse cuando regresa a su casa después de estar tanto tiempo en el exterior?.
    – He tratado de dejar un poco mi trabajo de lado si bien he traído libros para estudiar, aunque no lo he hecho, de manera de poder aprovechar este corto tiempo que tengo para visitar especialmente a mis padres y a mi abuela, y a algún otro familiar…

    – Y al hermano…
    – Claro (risas), a mi pequeño hermano, pasa que con él mantenemos contacto más fácil porque es más joven y nos manejamos con Internet. En este viaje traté de mantener mi trabajo un poco de lado, que es difícil porque soy muy apegado a mi trabajo de investigación, lo que es una deformación profesional, no es fácil mi manera de pensar, es muy analítica, en eso también me cuesta adaptarme.

    – Hablando con su madre me dio la impresión que es una persona hogareña, que sale poco pese a su juventud. ¿En Praga es igual, una persona concentrada en su trabajo, introvertida quizás?.
    – No, introvertido absolutamente no, soy extremadamente extrovertido, tengo muchos amigos en Praga de diferentes países que nos juntamos a tomar algo, a discutir o a charlar, o salimos para ir al teatro o a bailar, cosas normales de mi edad. Pero cuando vengo aquí, mucho tiempo no me queda, mi grupo de amigos se ha reducido bastante. La vida siempre va por caminos diferentes, mantener contacto estando ya casi cuatro años afuera es complicado, en realidad, no me quedan demasiados amigos en Salto, amigos de verdad. Entonces, he preferido este tiempo que llegué para  dedicarme más a visitar a mi familia, después tendré tiempo para salir luego en Europa, por eso quizás tengan esa impresión que me he vuelto más hogareño, quedarme más en casa y reencontrarme un poco con la bicicleta, que ha sido siempre una de mis pasiones y salir a pedalear un poco y ver las rutas salteñas.

    – ¿Cuándo descubrió su vocación por la química?.
    – He estado pensando con lo que quería hacer con mi vida por mucho tiempo, cuando era niño quería ser médico y hasta último momento estuve en duda de si quería ser médico o químico. Un poco en tercer año de liceo empecé más o menos a tener una vocación más hacia la química, con mi preparación para las olimpíadas de química me dí cuenta que me gustaba, en eso tuvo bastante que ver el Prof. José Caiazzo, me ayudó mucho en esa preparación. Luego, mudarme a Montevideo y estudiar, arranqué en la parte de investigación, pero realmente noté que me gustaba en Praga…

    – ¿Hace poco entonces?.
    – Sí, por supuesto que sabía que mi vocación estaba en la química, pero nunca pensé que me podía atraer el campo en el cual estoy trabajando ahora, porque de hecho ni siquiera lo conocía. Yo quería ir a Praga, donde supuestamente iba a hacer una parada de diez meses ya que mi doctorado lo iba a hacer en Lyon (Francia). Visité Lyon, el tema de investigación no me pareció demasiado bueno y mi jefe en Praga me ofreció que me quedara para continuar el doctorado allí y decidí quedarme.

    – ¿Hay lugar en Uruguay para que pueda desarrollar su trabajo?.
    – Mi trabajo en este momento trata de toda una línea nueva, incluso en República Checa soy el único que la está haciendo. Al finalizar mi doctorado, mi idea es retornar a Montevideo para seguir trabajando en la Facultad de Ingeniería, mi objetivo es lograr un grupo de trabajo con una línea de investigación nueva, además de dar clases y formar gente en Uruguay. Ahora, para lograr eso se requiere una infraestructura mínima. Yo formo parte del Departamento de Ingeniería de Materiales y hemos estado trabajando mucho en la parte de cerámica, etcétera, pero en la parte de polímeros no está desarrollado. Entonces para ello, nuestra idea es empezar a crear proyectos en los cuales vamos a traer parte de la tecnología que he aprendido como parte de mi doctorado para hacerlo funcionar en condiciones más precarias para lograr de a poco crear una infraestructura mínima para que yo pueda retornar en un período razonable de años.

    – Cuando está en Praga concentrado en su trabajo y estudios, ¿le queda tiempo para extrañar?.
    – Jamás extrañé. Puedo trabajar en cualquier lugar del mundo, no extraño. Por supuesto que se nota un cambio respecto a la idiosincrasia de la gente porque la idiosincrasia salteña es muy fuerte, prácticamente somos una república los salteños y eso lo llevo muy adentro. Nunca cambié mi idiosincrasia, jamás, eso no quiere decir que no pueda trabajar, puedo trabajar pero hago las cosas a mi manera. Por supuesto, después se viene todo un tema de costumbres, tipo de comida, cómo comportarse en un grupo de personas de varios países, o en un grupo de personas que son solamente eslavas o que son solamente checas, eso se aprende con el tiempo.

    – ¿Se adapta fácil?.
    – Me adapto fácil pero no pierdo mi manera de ser, por eso no me lleva demasiado tiempo readaptarme a Salto, excepto en la parte de trabajo, siempre he mantenido mis raíces. Pero por supuesto que para poder relacionarse en un grupo de personas que son de muchísimos lugares del mundo hay que ser capaz de ser tolerante, eso se aprende con el tiempo, lograr ser mucho más tolerante, aprender de otras culturas que puedan ser extremadamente diferentes o similares. He aprendido que tenemos muchos prejuicios, que creemos muchas cosas, que gente de tal país es fría y no es tan así, y pensamos que otros a veces son mucho más similares a nosotros y no lo son. Por lo que he aprendido a ser mucho más abierto, pero ese es un proceso que lleva tiempo…

    – ¿De maduración?.
    – De maduración. El estar afuera, en un instituto que sea multinacional en cuanto a gente, conlleva a una maduración muchísimo más acelerada que los que la hacen en su propio país, creo que es extremadamente positivo, es algo que cualquier persona que vaya a trabajar en ciencias tendría que tener al menos una pasantía de un par de años afuera, cuanto más diferente el lugar mejor, y creo que Europa es un lugar ideal, en especial Europa Central y Europa del Este es una mezcla de todos lados, entonces eso te lleva a ser tolerante, en especial en los equipos de trabajo de ciencias como la nuestra tenés que aprender a ser tolerante, saber hasta cuándo se puede aceptar y hasta qué punto debe imponerse su punto de vista para tratar de lograr un balance en el cual haya armonía.

    – Me dijo que de niño pensaba mucho en la medicina hasta que llegaron las olimpíadas de química y ahí comenzó a cambiar su historia…
    – En realidad me di cuenta que mi vocación siempre pasó por las ciencias, siempre quise hacer ciencias, ahora, en este momento de mi carrera me estoy un poco reencontrando con mi parte vocacional de la medicina, si bien mi doctorado refiere a la preparación de biosensores para detección de diferentes analitos (compuestos) en sangre. Por ejemplo, marcadores de un cáncer, es decir, de algo que indique la presencia del cáncer. La idea de este biosensor es que sea universal, que se pueda modificar algo y sirva para detectar tanto una cosa como la otra, solo estoy dando un pantallazo de las cosas que se podrían medir. Entonces para eso, la tecnología con la que se está trabajando requiere la creación de una capa sobre el sensor que sea repelente a las proteínas, porque si querés medir algo en la sangre y la sangre está en contacto con tu sensor, inmediatamente se absorben compuestos, proteínas que están en la sangre y terminan en el sensor. Hemos logrado crear una capa que hace que el sensor sea invisible, nada se puede pegar al sensor. Sobre esa capa pegamos un receptor, una molécula inteligente que es capaz de captar y atrapar lo que queremos medir, logramos tener una señal, entonces podemos medir cosas que tienen una connotación bajísima en sangre, como marcadores de ataque cardíacos, hormonas, cáncer, toxinas, etcétera.

    – ¿Eso es totalmente innovador?.
    – Esto es super innovador, es tecnología para la formación de estas capas antifouling (traducido al español sería que no permite ensuciamiento, muy usado en ingeniería), somos dos laboratorios que estamos compitiendo.

    – Voy a hacer una pregunta que quizás aún no pasó por su cabeza, pero si esta investigación prospera y funciona, ¿no lo estaría acercando al premio Nobel de química?.
    – No, con esto estamos extremadamente lejos del premio Nobel de química. Pero sí hay posibilidades de lograr una aplicación real que se pueda usar en Uruguay. En este momento con mi edad sería un objetivo más a corto plazo y tal vez más importante para Uruguay que un premio, sobre todo en este momento que el país apunta a un desarrollo tecnológico y traer científicos nuevamente al Uruguay. Se está apostando mucho a la parte de ciencias, esto podría ser una temática muy interesante, de hecho y como decía, estamos planeando introducir proyectos a corto plazo. Yo soy parte de la Facultad de Ingeniería en Montevideo, entonces, usar un poco lo que hemos aprendido y desarrollar cosas nuevas aquí en Uruguay, y de hecho seríamos los únicos en Sudamérica utilizando estos biosensores, lo que sería extremadamente innovador, creo que podríamos lograr un campo de trabajo muy importante en la industria agroalimenticia con aplicación directa así como también en la biomedicina.

    – ¿Cuándo tiene pensado terminar su doctorado en Praga?
    – Estaría terminando en un año y medio y tal vez me gustaría hacer un posdoctorado de dos años más en Estados Unidos, Inglaterra o Praga, eso no lo tengo decidido aún. Hay mucho por hacer en Praga que sería fácilmente aplicable en Uruguay.

    PERFIL DE CESAR ADOLFO RODRIGUEZ
    Es del signo de Sagitario en el horóscopo, es hincha de Peñarol. Al preguntársele por alguna asignatura pendiente, dice estar muy conforme de cómo ha llevado su vida. “Ciclismo sigue siendo mi hobby, pero con nieve es complicado” (risas). “Un buen asado uruguayo” es su comida preferida.
    La honestidad, ser directo diciendo lo que realmente piensa, tratar de ser abierto aceptando a los demás y tener valores es lo que más aprecia de la gente, “no quiero ser profesor y científico si no puedo formar una familia”, reflexiona.

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